Las Ardenas, Belgica.

Escapada de tres días a las Ardenas del Este (Cantones del Este), Walonia, Bélgica.
Septiembre 2018
Viajamos juntos: David, Beli, Joaquin, Miriam y Eire.

Ya se que me repito mucho, pero es que Bélgica nos encanta. Y como hemos estado tantas veces y lo tenemos tan trillado, siempre andamos buscando nuevas zonas que descubrir en profundidad.

En esta ocasión teníamos ganas de visitar las Ardenas, y tras una investigación inicial, vimos que hay muchas cosas interesantes para ver y que es una zona muy amplia que da para mucho más que tres días, así que había que decidir por donde tirábamos. También tenemos la dificultad añadida de que esta ruta hay que hacerla adaptada a nuestra peque, Eire, que ya tiene 9 años y quiere sentirse parte de la preparación del viaje... entonces nos encontramos con el alojamiento perfecto, y eso fue el punto determinante en esta escapada.

Le Val d´Arimont es un pequeño paraíso escondido en un estrecho valle en Malmedy, muy cerca de la región natural protegida de Hautes Fagnes.
https://www.val-arimont.be/en/#.W6kgD9czbcs

La primera vez que vas, te piensas que te has perdido... la carretera serpentea por una zona rural de un verde impresionante,  mientras sigues las indicaciones y atraviesas pequeños bosques bajando hasta el fondo del valle. Ni siquiera sabes donde te estás metiendo hasta que estás en medio del complejo y la hilera de chalets de madera te da la bienvenida.



Tienen habitaciones de hotel, chalets de diferentes tamaños y una villa para familias grandes. Es el paraíso de los niños: zona de juegos, mini golf, pin pon, piscina exterior, piscina interior, jacuzzi, hamman... completamente rodeado de bosque y atravesado por varios riachuelos. El restaurante es super acogedor, con una zona más informal de cafetería y otra más formal de restaurante, y la comida buenísima.


VIERNES:

Llegamos a nuestro chalet a las siete y media de la tarde, tras poco más de hora y media de coche desde Namur. Repartimos las habitaciones, soltamos maletas y nos vamos a dar un bañito rápido a la piscina climatizada, antes de que cierren. Relajados tras nadar un rato y la ducha posterior en los vestuarios, nos vamos al restaurante con el pelo chorreando... antes de que cierren... vamos siempre con los horarios al limite.

Tomamos una cena espectacular compuesta de platos típicos: 2 Bouchée à la reine ( un guiso de pollo con bechamel suave, patatas y verdura cubierta de hojaldre con patatas fritas), 2 Carbonnades de bœuf à la bière ( un estofado de ternera con una espesa salsa de cerveza, zanahorias y patatas, con patatas fritas y ensalada) y unos nugget de pescado con patatas y ensalada  para Eire.
Con cervezas y cafés 95 € los cinco.

El personal del restaurante super amable y el ambiente inmejorable.




Nos vamos pronto a nuestro chalet a descansar y organizarnos la jornada para día siguiente.

Nivel de Entretenimiento Para Niños (EPN): Elevado, el alojamiento la entusiasmó.


SABADO:

Nos levantamos a las nueve, muy descansados y animados ante el día que tenemos por delante.
El chalet tiene una cocina pequeña pero bien equipada y un salón comedor muy acogedor con un gran ventanal al jardín. El día anterior habíamos comprado en un Carrefour muy cercano todo lo necesario para desayunar en la casa, así que hacemos café, y cogemos fuerzas con un surtido de croissants, mini bollitos y pan con mantequilla.

Aviso: el alojamiento tiene un servicio de panadería estupendo, el día anterior encargamos una baguette y varias piezas de bollería y croissants. Lo recoges en recepción y te lo llevas a tu casita. Todo recién hecho y de gran calidad, el precio es casi el normal de panadería.

Tras el desayuno nos preparamos para comenzar nuestra ruta del día, con un itinerario perfectamente calculado y muy completo, ponemos dirección Signal de Bofrange, que está a cuarenta minutos... y este fue uno de esos días en los que nada sale como tu planeas y fuimos como pollos sin cabeza hasta el medio día...

 Nada más salir del alojamiento paramos a preguntar a un grupo de personas junto a la carretera... ¿sois de aquí? ¿españoles? ¿venís de Namur?  Nos liamos en una animada conversación, allí en medio de la nada, casi una hora.

Bien, nos ponemos en dirección Signal de Bofrange, pasamos junto al lago Robertville y hacemos una parada... qué bonito!! Paseamos por una orilla, cruzamos el puente...




EPN: Alto. El lago le gustó mucho y hay caminos y playas para disfrutar del entorno.

Nos ponemos en dirección Signal de Bofrange... anda mira, una Brasserie... qué buena pinta, hacemos una parada? Y si luego no pasamos por aquí? Paramos en la Cervecería... no pensamos perdérnoslo...

La Brasserie Peak Beer  ( http://peak-beer.com/fr/accueil/#fr/intro) es un lugar genial, super bonito, de estilo rustico industrial, con un gran salón de degustación con preciosas vistas, y una agradable terraza de madera... Las vistas son impresionantes y justo al lado, una enorme zona de juegos para niños, con cabañas de madera de formas curiosas.

 Probamos la tabla degustación de cuatro cervezas, encantados de la vida, sentados al sol, con las maravillosas vistas frente a nosotros. Qué suerte estamos teniendo con el tiempo!! Veinticinco grados, cielo azul y sol.





EPN: A tope. El sitio es ideal para ir en familia. Tendréis que arrastrarlos para llevároslo de aquí... y a los mayores también...





Nos ponemos en dirección Signal de Bofrange, cargados de cervezas. Uy, qué tarde se nos ha hecho, es la una... deberíamos parar a comer ya, que luego es tarde... Anda, pues un pueblo por detrás de la cervecería había una Friterie con una pinta... retrocedemos diez kilómetros hasta la Friterie Au P'tit Creux, en la carretera de la Bofrange, en  Sourbrodt.





El sitio es agradable y la comida típica de friterie (salchichas, piezas de pollo, hamburguesas, tiras mexican...), pero hay que decir que las patatas fritas estaban espectaculares. Es una buena forma de comer rápido y barato. Nos sentamos en la terraza, junto a los columpios y comemos tan ricamente al solecito.

EPN: A tope. La comida más a gusto de los niños imposible. Igual que la terraza con columpios.

Nos ponemos en dirección Signal de Bofrange... Sí señor, a las tres de la tarde, conseguimos llegar!!!





La Signal de Bofrange es el punto más elevado de Belgica, exactamente a 694 metros sobre el nivel del mar, donde han construido un monumento con forma de escalera llamado La Torre de Baltia, de 6 metros de altura, para subir y llegar simbólicamente a los 700 metros de altitud.

Estamos ya dentro del Parque Nacional de Hautes Fagnes, uno de los paisajes más originales del país. Su suelo se compone principalmente de turberas, las más grandes de Europa, ricas en agua y reconocidas como reserva natural por su variedad de flora y fauna.  


Un sitio bonito y curioso. Además hay un albergue con cafetería y una oficina de turismo. Este es un buen punto desde el que iniciar una ruta de senderismo por el parque Hautes Fagnes o esquiar en invierno. Al otro lado de la carretera hay un mirador con bonitas vistas del parque y de la diáfana extensión de parque natural. 




Queremos hacer la ruta de La Poleûr, que es de 3 kilometros, dificultad baja y especialmente indicada para hacer con niños, así que avanzamos el coche un poco más hasta el cruce entre la N68 y la N676 donde hay un aparcamiento frente a las ruinas de un hotel y comienza la ruta.

La Fagne de la Poleûr es una meseta alta de páramos, turberas y zonas pantanosas, con varios riachuelos atravesándolo. Tiene un camino educativo con paneles informativos que describen el entorno, y que discurre por pasarelas de madera.



El recorrido es bonito y muy agradable, mientras desciendes hasta el puente sobre el riachuelo, más de la mitad del camino. Luego hay una zona con algo más de desnivel que asciende entre pinares y te lleva de vuelta hasta el aparcamiento.

EPN: Elevado. La ruta es fácil y agradable. Lo de andar por pasarelas tiene su punto. Y además vas viendo bichos por el camino.

Llegamos al coche acalorados y cansados. Nuestra siguiente parada está a dos minutos en coche, el Baraque Michel, una posada de 1811 que se convirtió en refugio de viajeros extraviados. Se dice que hacía sonar una sirena en los días de niebla y nieve, lo que permitió el rescate de más de cien viajeros perdidos a lo largo del siglo 19. Hoy en día es hotel, restaurante y punto de partida para esquiadores y excursionistas. El edificio tiene bastante encanto.




Ponemos rumbo a Monschau, a media hora de camino, y al otro lado de la frontera con Alemania. Queremos ir al Monschau Kermes Feria Histórica Folclórica, que comienza por la tarde.


Aparcamos en el Parkplatz de la entrada y vamos andando.

Monschau es uno de esos lugares detenido en el tiempo que te deja con la boca abierta, un paisaje urbano medieval con idílicas casas de entramado de madera y estrechas calles adoquinadas, atravesada por el pintoresco río Rur.



Los eventos comienzan con el desfile de la asociación de Tiradores Burgueses de Montjoie, registrada desde principios del siglo diecinueve (Bürgerschützen). Y algo que llaman algo así como "el disparo del martín pescador" y la "entronización del rey de la cerveza".  Un espectáculo digno de ver... aunque no es que nos enterásemos de mucho en alemán... Pero la estética del evento, los hombre engalanados con cintas y medallas, la música... nos encantó.




Y en este escenario de ensueño la feria promete un placentero viaje hasta el siglo diecinueve: traga-fuegos, malabaristas, carruseles, adivinos, puestos ambulantes, magos, payasos, vendedores de pócimas, circo de pulgas, artesanos... Precioso.





Recorremos cada calle y callejón, subimos cada cuesta, cada puente... no queremos perdernos nada. Vamos haciendo paradas para ver los espectáculos, asomándonos a los puestos ambulantes y disfrutando de la música en la calle. El pueblo no puede ser más bonito, y el ambiente festivo acrecienta la sensación de haber retrocedido en el tiempo.



Terminamos en la plaza, degustando un típico y espectacularmente bueno Apfelstrudel (hojaldre relleno de manzana asada con azúcar moreno, pasas y frutos secos, servida son helado de vainilla) en la agradable terraza del Zimmermanns Café, con todo el espectáculo frente a nosotros.




Terminamos de recorrer las calles comerciales, llenas de preciosas tiendas de decoración, regalos y cafeterías, decoradas con pendones medievales, estandartes y parterres de flores. El pueblo es tan bonito que cuesta no recorrer cada callejón que encuentras a tu paso. 


Por la noche había una procesión de antorchas por el centro del pueblo que debía ser todo un espectáculo... pero no podíamos más... Nos arrastramos hasta el coche totalmente agotados y pusimos dirección a nuestro alojamiento.

EPN: Elevado. El festival es una pasada para niños y adultos. El pueblo también tiene mucho encanto para un niño pues está lleno de fuentes, puentecitos... 

En media hora estamos en el chalet, haciendo primero una parada en un Carrefour cercano para comprar la cena,  nos ponemos el bañador y nos damos una relajante sesión de piscina climatizada,  jacuzzi y hamman.

Más descansados cenamos en el salón de nuestra casita con el fuego encendido y rematamos  la noche con unas cervezas de abadía en los sillones de nuestro maravilloso alojamiento. Queremos quedarnos a vivir aquí.


DOMINGO:

Se reúnen con nosotros mis tíos, que vienen a pasar el día.

Todos juntos nos vamos hasta el lago Butgenbacher, porque mi prima pasaba allí los veranos de niña y le apetecía verlo. Aparcamos junto al camping y nos tiramos casi una hora dando vueltas por allí intentando acceder al lago, pero casi todo es privado y no tiene acceso si no estás alojado allí. No obstante conseguimos acceder a una terraza privada que estaba abierta para echar por lo menos un vistazo. 





 Finalmente vamos en coche hasta la presa, donde podemos dar un paseo y disfrutar de las vistas.



EPN: Medio. El lago es super chulo, pero si no estás alojado en el camping no tienes mucho que hacer. 

La siguiente parada es en Baugnez, un diminuto pueblo donde hay un Memorial americano y un Historical Center de la segunda guerra mundial. Una bandera americana y un gran muro con los nombres de las victimas recuerdan la masacre ocurrida el 17 de diciembre de 1944.



EPN: Nulo. A ella esto le dio igual.
Vamos hasta Malmedy una pequeña y turística ciudad llena de encanto y rodeada de naturaleza. 

La llamada "ciudad de las flores"  destaca sobre todo por sus bellos edificios, sus calles y plazas floridas, la impresionante catedral y el antiguo monasterio reconvertido en centro cultural  y turístico (Malmundarium).   

Tras dar un breve paseo por el centro nos da la hora de comer y como teníamos ganas de una comida especial, elegimos A Vi Mam ´di, un restaurante muy bonito y con terraza en la plaza Albert Ler 41. Como hace un día estupendo nos sentamos en la terraza al sol. 

Los platos de los otros comensales tienen tan buen aspecto que nos cuesta decidir qué elegir. Finalmente probamos los mejillones con patatas, el codillo en costra de mostaza, el cordero y una generosa guarnición de patatas gratinadas... todo espectacularmente bueno y con cantidades generosas. Con cervezas belgas, claro. Por unos 30 euros por persona.  




Con el estomago lleno y muy felices por la comida que acabamos de disfrutar retomamos el paseo por la ciudad.  Recorremos la plaza Albert Ler, la Rue du Commerce, regresamos hacia atrás para ver la catedral, la Place du chatelet y el Malmundarium, donde nos encontramos con un entretenido festival de la cerveza de la región.



Todo el recinto lleno de puestos donde las Braseries de la zona venden sus cervezas, mientras en un escenario central va sucediendo música en directo de distintos estilos. Hay tanto ambiente que nos apalancamos allí, y entre la música, la cerveza y el solecito... no hay quien nos mueva. Así que renunciamos a la planificación del resto del día. 



EPN: Alto. El festival estaba entretenido para ella también. Y el hecho de que el pueblo esté lleno de jardines, flores y parques ayudó a que el pueblo le gustara a ella también. 

Aunque al  festival le queda ambiente para rato, nos gustaría llegar a la Braserie tradicional Bellevaux, por que nos han hablado muy bien de ella y nos han dicho que está en un entorno muy bonito. Así que no sin recelo dejamos Malmedy para tomar la N68 en dirección sur. Enseguida nos conducimos por carreteras rurales con unas vistas preciosas de la ciudad y de los valles de alrededor. 




El paisaje nos encanta y vamos parando en cada recodo de la carretera. Pasamos por la bonita Iglesia de St Albin. 




Cuando llegamos a la Brasserie Bellevaux, ya han cerrado... Sólo tienen abierta la terraza del bar para probar las cervezas... Más cervezas...  Hablamos con la gente del local y muy amablemente nos dicen que las instalaciones no tienen echada la llave, que entremos y echemos un vistazo.  Después, nos sentamos en la terraza que resulta ser super agradable, a tomar algo mientras Eire juega al sol con un grupo de niños.  



EPN: Elevado. Como el sitio es tranquilo y pudo jugar libremente estuvo encantada.

Aunque aún nos queda una hora de sol, decidimos volver al alojamiento a disfrutar de las instalaciones. La niña lleva ya un rato preguntando si vamos a llegar a tiempo de usar la piscina y en mini golf, así que eso hacemos. 
Mientras hay sol, aprovechamos la piscina exterior, y cuando empieza a hacer fresco, nos metemos en la calentita... 



Como broche final, otra estupenda cena en el restaurante del hotel, donde esta vez comimos un delicioso cammenbert gratinado con ensalada y jamón braseado y unas hamburguesas buenísimas con aros de cebolla, patatas y ensalada. 



Nos da pena irnos a dormir hoy... es nuestra ultima noche en el chalet... 

Lunes: 

Nos levantamos pronto, recogemos nuestro encargo de panadería y desayunamos en la terraza del chalet. Remoloneamos un poco porque no tenemos ganas de irnos, así que hacemos maletas, limpiamos y nos vamos a pasear por el recinto, a jugar al mini golf y al ping pong hasta que  nos da la hora de entregar las llaves del chalet.



Dejamos Arimont con mucha tristeza y tomamos de nuevo la N68 hacia el norte, dirección Eupen. Nos salimos unos kilómetros antes de la ciudad dirección Artboretum de Mefferscheid por la N620, que es poco más que un camino asfaltado.

Seguimos por la N620 hasta un cruce donde hay un aparcamiento y unos paneles informativos. Desde aquí salen varias rutas señalizadas con flechas de colores diferentes. Decidimos hacer la ruta marcada con una cruz verde, una ruta circular que baja hasta el lago atravesando el bosque de unos 5 kilómetros, cogemos las mochilas y empezamos el camino. 




El bosque de Hertogenwald, el bosque nacional más grande de Bélgica, es sorprendentemente bonito. Los arboles son viejos, con gruesos troncos vestidos de musgo, de todos los tonos de verde imaginable. Y a los pies, una alfombra de hojas secas que tapan por completo el suelo.  Con la luz del sol colándose entre la cúpula formada por las copas, parece un bosque encantado. 



  La caminata es muy agradable, en completo silencio y acompañados de los sonidos de la naturaleza: aves piando, las hojas meciéndose, el crujido de una rama... de vez en cuando nos acompaña también un riachuelo, que se acerca y se aleja del camino en diferentes sitios. 



Hay bancos de madera junto al camino y vamos tranquilos disfrutando del paisaje.

Llegados a un punto, comenzamos a ver el agua del pantano La Gileppe entre las hojas de los arboles y el camino comienza a descender.

Vamos bordeando el lago, disfrutando de las vistas y del bonito día.



Disfrutamos de los diferentes miradores con bancos de madera, bajamos varias veces hasta la orilla, dejamos a la niña que construya una cabaña de palos... 




Tan ensimismados y tan felices vamos, que nos pasamos de largo la señalización del camino con la cruz verde... y dos kilómetros después, cuando llegamos casi a la presa,  nos dimos cuenta de que no podíamos ir bien, así que tuvimos que dar la vuelta (otros dos kilómetros)  hasta que encontramos la desviación... 


Así que ya bastante cansados y con bastantes kilómetros más en el cuerpo comenzamos el ascenso a través del bosque, igual de mágico que antes pero ya con menos ganas por nuestra parte... y encima vamos cuesta arriba... 


Llegamos al coche agotados y hambrientos. Ya son casi las dos, ya vamos tarde para comer... 

EPN: Elevado. Aunque acabó agotada, le encantó.

Desandamos el camino hasta el arboretum, que teníamos ganas de ver, pero como vamos cansados y es tarde, solo hicimos una parada rápida a ver el dragón y nos marchamos. Quizá en otra ocasión.

* El Arboretum tiene una ruta para niños, con paneles explicativos sobre los diferentes árboles, que discurre por pasarelas de madera, y donde se pueden ver algunos arboles gigantes.  



De vuelta en la N68 ponemos dirección Eupen buscando algún sitio para comer.  Atravesamos la ciudad y tomamos la N61. No queremos perder mucho tiempo en comer, así que esperamos encontrar algo que se vea desde la carretera y no nos desvíe... pero no nos cuadra nada... 

Vamos dirección Limburg, una villa medieval entre los pueblo más bonitos de Wallonie ( http://www.beauxvillages.be/ ). Nos quedan pocos pueblos con este distintivo por visitar!!

Llegamos hasta Limburg sin encontrar un sitio que nos guste a todos, hambrientos y a las dos y media del medio día... muy mala hora para comer el Belgica.  Nos sorprende que Limburg no es bonito... un pueblecito a ambos lados de la carretera... y el distintivo de pueblo más bonito de Belgica a qué viene?? Entonces vemos una señal que indica zona medieval, subimos una gran cuesta con el coche y ¡¡¡Oh, Sorpresa!!!  Es muy, muy bonito.



Aparcamos en la Place St Georges y aunque estamos entusiasmados con el pueblo, necesitamos urgentemente un lugar donde comer. 


Nos sentamos al sol en la agradable terraza del Aux Ambassadeurs, una creperie. El sitio nos gusta, la carta tiene muy buena pinta y hace un día esplendido para disfrutar de la terraza. 

Pedimos cervezas y creps salados. Los dueños, un matrimonio mayor muy agradable, se ocupan ellos solos de todo y tardan bastante en servirnos los creps. Pero merecieron la pena, estaban espectaculares. 


Después, la niña juega en un jardín privado que pertenece al restaurante y nosotros disfrutamos de un delicioso capuccino. 


Tras el éxito de la comida recorremos el pueblo. Nos encanta. 


Limburg fue un ducado establecido en el año 959 sobre  una colina rodeada por el río Vesdre.  Su centro histórico está catalogado como Patrimonio Cultural Excepcional de Valonia y realmente merece la pena perderse por sus callejones adoquinados y admirar sus edificios. 


En la creperie nos han dado un plano de la villa, así que vamos recorriendo el pueblo mapa en mano, parando en cada rincón. 
Como dicen en su Web: un pueblo para poner entero en un museo.


El Chateau Poswick, La table de Pierre, las casas 45, 43, 42, 36,33,  26 y 22 de la plaza (edificios históricos con cientos de años y grandes historias que contar), El Arvo y su pasadizo (actualmente hay una oficina de turismo), La fontaine de la Vierge, la espectacular iglesia de St Georges... no nos dejamos ni un rincón ni un callejón por descubrir. 


Nos encanta el pequeño pueblo, sus cuidadas fachadas de piedra y flores por todas partes. 


En muchas de las casas hay gatos descansando en las escaleras y la niña juega encantada con unos y con otros. 

Limburg ha sido todo un acierto, pero toca seguir el camino. No estamos tristes, abandonamos las Ardenas del este pero aún nos quedan unos días por delante para disfrutar de Namur y el resto de Valonia. 








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