miércoles, 30 de agosto de 2017

Holanda:ruta de 4 días con niños

Octubre 2015

Siempre buscando destinos a los que viajar con nuestra peque, este año nos decidimos por Holanda, país que ya hemos visitado unas cuantas veces pero que no deja de tener cosas que ver y descubrir.
Además ahora nuestra hija, que a lo tonto ya ha cumplido seis años, participa en la organización de las visitas y el itinerario, dando su opinión sobre las cosas que vamos a ver.

Organizamos el viaje siguiendo las siguientes pautas:
- Tenemos sólo tres días, y además como es octubre anochece muy temprano, con lo que de antemano decidimos empezar los recorridos a primera hora de la mañana para aprovechar bien el viaje.
- Ya conocíamos algunos puntos imprescindibles de Holanda (Amsterdam, Maastricht, Keukenhof...) que no queríamos incluir en este viaje.
- Viajamos juntos cuatro adultos y una niña de seis años, así que debíamos encontrar cosas que nos gustasen a todos.

Sobre la marcha surgió un último condicionante del viaje: el alojamiento. Por casualidad dimos con Europark De Rijp, un complejo especial para familias al norte de Amsterdam, y nos entusiasmamos... alquilamos una casita completa de seis plazas, con tres habitaciones, salón, cocina y baño completo por 70 euros la noche... los cinco.  Además el complejo cuenta con piscina exterior e interior climatizada, mini granja, varios parques y áreas infantiles, canales con barcas, un parque infantil de bolas interior, supermercado, restaurante...  Así que la ruta no debía estar muy alejada de aquí.
https://en.europarcs.nl/holiday-resorts/resort-de-rijp/accommodations
http://www.resortderijpverkoop.nl/


DIA 1

Entramos a Holanda desde Bélgica por la A16. Primera parada: los molinos de Kinderdijk.

La primera imagen de los molinos impresiona, por  la belleza del paisaje y la sensación de haber viajado en el tiempo. Sensación que nos acompañó en muchas ocasiones a lo largo de este viaje. Pero este lugar no solo impacta por lo que ves, si no que impacta por lo que descubres, y es que a lo largo del recorrido aprendes cómo llevan controlando el agua los holandeses desde hace más de mil años y el estilo de  vida rural  que  llevaban los últimos siglos. Además los 19 molinos, construidos alrededor de 1740,  son Patrimonio de la Humanidad de la Unesco y el lugar más fotografiado del país.

La visita comienza en el centro de visitantes con una película, tras pagar 7,50 € por persona y tomarte un café (incluido en la entrada). A continuación comenzamos el recorrido a pie entre los molinos, contagiándonos de la extraña fiebre colectiva que se respira en el lugar:  la locura fotográfica... y es que no te cansas de hacer fotografías a cada dos metros recorridos: este ángulo es mejor; ah no, mucho mejor desde aquí; ni comparación con esta última, con las aspas levantadas; pues desde aquí se ven tres seguidos; ¿y los de enfrente? ¿habéis visto los de enfrente?... total que pensábamos estar allí una hora y nos tiramos tres.


 El recorrido incluye una visita a un museo en el interior de uno de los molinos, donde se puede ver cómo vivía la familia del molinero en el siglo 19, sus muebles, ropas, juguetes... y el tipo de trabajo que allí se realizaba, así como el funcionamiento interior del molino.


Al final de la ruta hay otro molino que se puede visitar por dentro y una zona de granja para que los niños vean cómo eran las granjas hace doscientos años y jueguen con los animales.




Como el camino discurre entre pastos verdes y canales, el paseo es muy agradable.

Terminando la ruta nos comienza a llover, y tenemos que pegarnos una última carrerita hasta el coche.



Nivel de Entretenimiento Para Niños (EPN): Elevado, le encantó y disfrutó un montón, sobre todo de la zona de granja y del interior de los molinos, aunque a última hora se quejó de que estaba cansada de andar.


La ruta nos lleva hacia el norte del país, en dirección Amsterdam, aunque en esta ocasión vamos a pasar de largo la capital. A lo largo de una hora y media en la que no paró de llover, pasamos por amplios campos de cultivo, un par de ferrys para cruzar los canales y largos puentes.  


Se nos ha hecho un poco tarde por que nos hemos entretenido más de lo previsto en Kinderdijk y como en los países bajos la hora de la comida llega sin que te des cuenta, decidimos buscar un sitio para comer en Haarlem, una ciudad que nos pillaba más o menos de paso.
Nuestra parada en Haarlem era técnica, sólo para comer algo rápido, pero la ciudad resultó ser bonita y con bastante encanto.


Aunque la lluvia nos dejó solo una pequeña tregua y enseguida tuvimos que refugiarnos en un restaurante que nos recomendaron, el Anne Max en  el número 68 de Zijlstraat, un sitio agradable y moderno con una curiosa carta de sandwiches saludables, cervezas caseras, helados, tartas , cafés ecológicos... y hasta coca cola casera!! No muy barato, pero todo muy rico.


Media hora de lluvia y  carretera después llegábamos a nuestro alojamiento en De Rijp

La verdad es que  por la página web todo pintaba de maravilla, el precio había sido increíble y todo habían sido facilidades, así que llevábamos las expectativas tan altas que nos daba miedo pegarnos el patinazo al llegar... pero para nada, el sitio era tal y como se veía en la página web: el complejo está ambientado y decorado como un pueblo típico holandés, con las casitas rodeadas de canales y jardines, las instalaciones muy nuevas y cuidadas y la casa que nos tocó a nosotros super limpia y con aspecto de nueva.

 Tres habitaciones, baño completo y salón con cocina. Como detalle de cortesía nos dejaron en la cocina un paquete con lo que podíamos necesitar para nuestra estancia: varios filtros de café, dos monodosis de jabón lavavajillas, un estropajo pequeño, papel higiénico... 



Aunque son las seis de la tarde, estamos cansados y el sitio nos ha entusiasmado, así que decidimos que ya no nos movemos de allí. David y Beli salen a pasear y luego descansan en casa, y nosotros mientras nos vamos a la piscina climatizada.

Nos tocó esperar algo más de una hora por que estaban haciendo el mantenimiento y no dejaban pasar, así que ese rato dejamos que Eire jugara en una sala de juegos que hay sobre el restaurante, con parque de bolas y todo, mientras nosotros nos tomamos una cerveza y entablamos conversación con otros padres que también están allí de vacaciones con sus niños.

Finalmente nos avisan de que podemos usar la piscina, que resulta ser grande, calentita y muy agradable. El mejor final para un día de turismo.

Nivel de EPN: a tope, la niña encantada.

Nos duchamos en las instalaciones de la piscina, y nos reunimos en el restaurante con David y Beli. El restaurante tiene una pinta estupenda y lo que está cenando la gente en las mesas también, así que decidimos no movernos de allí y terminamos el día cenando un riquísimo estofado casero de carne con puré de patatas, verduras y ensalada. Y unas cuantas cervezas holandesas, claro, que hoy nos lo hemos ganado. 




DIA 2

Nos levantamos pronto y muy descansados. Las camas han resultado muy cómodas y hemos dormido como lirones. Eso sí, a las siete de la mañana nos despierta el ruido de una excavadora que estaba trabajando justo junto a nuestra casa. Llamamos a recepción y la máquina se fue, pero nosotros ya estábamos despiertos, así que nos hacemos un café con unas galletas y ya estamos listos para empezar el día. 

Mientras el resto se prepara, damos una vuelta por el recinto con la niña, vemos los animales de granja, jugamos en el parque de columpios y paseamos entre canales... este sitio es ideal.


Por la N244, atravesando los pólders (nombre de las tierras ganadas al mar) rodeados durante todo el trayecto por campos y canales repletos de bandadas de patos, tardamos 20 minutos en llegar a Edam, nuestra primera parada del día. Aparcamos en un aparcamiento público y gratuito a las afueras del conjunto del pueblo y entramos caminando por un puente de hierro blanco.

Debo decir que durante todo este viaje, fuimos sorprendiéndonos para bien a cada paso. Habíamos visto fotos de la zona al organizar el viaje, pero los pueblos holandeses son preciosos, pintorescos, muy limpios y cuidados. Así que según íbamos descubriendo calles y plazas, nos íbamos quedando más encantados con el lugar.

La bonita ciudad de Edam, fue fundada en el siglo doce, y aún conserva importantes edificios de los siglo dieciséis y diecisiete que han sido declarados monumento nacional. 

Caminando por las viejas calles empedradas, entre canales y plazas, uno puede imaginarse con facilidad cómo era la vida en esta ciudad hace siglos. Además de eso, algo que embellece la ciudad es lo cuidadosamente decoradas que están todas las casas, que exhiben su interior con grandes ventanales sin cortinas.



Pero sin duda por lo que es mundialmente conocida esta ciudad es por su queso, con su famosa corteza de cera roja o amarilla. 

En el centro de la ciudad se encuentra el mercado del queso, con una balanza pública que lleva aquí desde 1778. Durante el verano, todos los miércoles hay un popular mercado de quesos, pero en octubre ya no llegamos a tiempo.
Nivel de EPN: medio. El pueblo le gustó mucho, pero la visita se le hizo un poco larga.

Tras la pequeña decepción al ver que el mercado del queso de Edam no abre en estas fechas, tomamos dirección Volendam y antes de llegar, tomamos la calle Zeddeweg hasta la fabrica de quesos  Alida Hoeve.

Esta granja, fabrica quesos tipo gouda siguiendo la receta tradicional con la leche de sus propias vacas. Invita de primera mano a contemplar esta artesanía única y a apreciar el proceso de fabricación del queso en varios idiomas.

De hecho, el señor que nos hizo la visita, se tomó mucho esfuerzo en darnos todas las explicaciones en español.  Después de la visita se puede degustar la amplia variedad de queso, y por supuesto comprar... No podrás evitar caer en la tentación...


Nivel de EPN: alto. Le resultó entretenido y cuando se cansó, como el sitio es muy tranquilo pudo salir a la calle a jugar con patos y gallinas que había sueltos por allí.

Ya en el pueblo de Volendam, tras aparcar el coche en un aparcamiento gratuito junto a la estación de autobuses, comenzamos nuestro paseo por el dique hacia el puerto. Según nos vamos acercando, vamos quedando más alucinados con lo que vemos: realmente parece un lugar detenido en el tiempo, con razón es el pueblo más visitado de Holanda.

Originalmente, Volendam nació como puerto de Edam a primeros del siglo catorce, pero creció hasta convertirse en localidad portuaria gracias al creciente número de pescadores que se instalaron allí.

Realmente resulta difícil decir qué es lo que tiene de especial, por que lo que merece la pena realmente es pasear por sus calles y su paseo marítimo hasta el puerto lleno de barcos antiguos, entrar en sus tiendas tradicionales, picar algo en los puestos callejeros de pescados y mariscos... Durante nuestro paseo por el puerto además, vimos cantidad de aves marinas diferente y  garzas.


Por el camino conocimos a un guía español que nos recomendó comer en los puestos del mercado, así que allí fuimos a probar el arenque, el salmón ahumado, las gambas fritas y el bacalao rebozado. Pedimos un poco de todo y nos lo comimos sentados en un banco del puerto. Todo muy fresco y muy rico.


Para rematar la faena nos relajamos un rato en una terraza probando diferentes cervezas de la zona, incluida una que se toma con hielo.

Habíamos leído que hay un postre típico en el puerto que se llaman Poffertjes, así que como buenos golosos buscamos un puesto donde los vendían. O más bien el puesto nos buscó a nosotros, por que el delicioso olor nos llegó mucho antes de verlo.

Los Poffertjes son unas pequeñas tortitas hechas con la misma masa que los gofres. Son crujientes y caramelizadas por fuera y muy tiernas por dentro, y las hacen en unas planchas especiales. Merece la pena ver al chico hacer una tanda de tortitas visto y no visto ensartándolas en un pincho metálico.
 Las sirven espolvoreadas de azúcar glas, o con frutas troceadas y chocolate. Como nosotros queríamos saber a qué sabían, las pedimos sólo con azúcar glas, y la verdad es que estaban realmente deliciosas.

Todo es tan bonito que hasta las calles traseras de los edificio nos llamaban la atención.



Aparte de la zona del puerto, nos encantó perdernos por "el laberinto", que lejos de ser un laberinto de verdad, es como se conoce a la zona interior del pueblo, donde se puede pasear por estrechas calles detrás de los diques principales, cruzar sus puentes y curiosear por los rincones que hacen que cualquiera desee mudarse a vivir aquí.


Terminamos el paseo por el pueblo y volvemos hacia el puerto. Queremos coger el ferry para visitar el pueblo de Marken.

Nivel EPN en Volendam: medio. Le gustó mucho ver los barcos, correr detrás de las aves marinas, y durante un rato el pueblo le pareció original. Pero la visita, para variar, se lo hizo un poco larga. Menos mal que la sobornamos con que si se portaba bien lo que quedaba de paseo, montaríamos en barco.

Así que de vuelta en el puerto, nos subimos a uno de los ferrys que te llevan a Marken. El billete cuesta 6,75 € por persona ida y vuelta. Nosotros teníamos unos tikets que nos dieron por la mañana en el alojamiento y que en teoría eran para un descuento, pero finalmente resultó que no había descuento, si no que teníamos café gratis en el barco. Así que nos instalamos a disfrutar de las vistas con nuestro café calentito.




Durante los treinta minutos de trayecto disfrutamos del precioso puerto de Volendam alejándose, de las vistas de la costa, de la compañía de las gaviotas y de la brisa marina. Y según nos acercábamos a la isla de Marken, volvimos a sorprendernos del maravilloso pueblo que teníamos delante.



Marken es un pueblo detenido en el tiempo, formada por dos pequeños núcleos de casas de madera pintada, la mayoría del siglo XV y declaradas monumento nacional, varios molinos, una iglesia y un pequeño puerto de ambiente marinero. 



Marken fue una isla  hasta 1957, cuando se construyó el dique que lo une por carretera con el continente, convirtiéndolo en península. Seguramente por este aislamiento el pueblo parece detenido en el tiempo, manteniendo un folclore único basado en una vida sencilla dedicada a la pesca. 


Tenemos una hora y cuarto para recorrer el pueblo, pues los horarios de los ferrys en esta época son muy limitados, y sabemos que debemos hacer la visita un poco rápida, pero no podemos evitar ensimismarnos recorriendo el puerto. 


 La mayor parte del pueblo se encuentra levantado sobre diques artificiales del siglo XV, cuando la mayor parte del terreno fue ocupado por viviendas, se inició la construcción sobre vigas de madera o palafitos, que permitían pasar el agua por debajo de las viviendas sin causar problemas y les permitía estar a salvo de las frecuentes inundaciones. 

El pueblo es tan idílico que dudareis si es real o es un decorado. 


Aunque es octubre, la temperatura es suave  y no hace frío, con nubes y claros que nos regalan algunos ratos de sol. Pasear por el pueblo se convierte en un agradable paseo en el que todos disfrutamos, incluida la niña, que está encantada de encontrarse en cada prado con animales de granja como ovejas, cabras, conejos...
El pueblo tiene un famoso museo con todo tipo de artesanía y una representación de una casa de pescadores del siglo pasado, pero estaba cerrado. Así que nos dirigimos a la fábrica de zuecos de madera Wooden  Shoe Factory Holzschufabrik, donde se puede ver cómo se fabrica este producto tan característico.

La visita es curiosa y muy entretenida.   A la niña le encantó ver cómo el hombre convertía un trozo de madera en un zueco.



Nos tocó correr para no perder el ferry de vuelta a Volendam. Una hora y cuarto es poco tiempo para ver el pueblo, nos hubiera gustado caminar hasta el bonito faro, o ver alguna de las playas de la isla, pero fue imposible.


Ya en el barco disfrutamos de una impresionante puesta de sol, con lo que  el puerto de Volendam nos recibe bañado en la luz del atardecer.

Nivel de EPN: Alto. A la niña el barco y la fabrica de zuecos le encantaron y el pueblo le resultó interesante por que hay muchos animales en los prados entre las casas.  

De vuelta en nuestro alojamiento, toca dedicarle tiempo a ella: baño en la piscina cubierta y juego en el parque de bolas. Terminamos la noche con otra estupenda cena en el acogedor restaurante del hotel, donde tomamos escalopes empanados con verduras, patatas y ensalada. Todo muy rico. 


Un final perfecto para un día perfecto.

DIA 3

Iniciamos el día paseando por el recinto de nuestro alojamiento. Nos encanta.  Visitamos a los animales, perseguimos conejos por los jardines, damos de comer a los ponys, a los terneros, a los ciervos y a los patos,  jugamos en los parques de columpios... en todos, que como son diferentes hubo que probarlos todos. Recorrimos los canales y hasta saltamos en colchonetas.



El alojamiento ha sido el mayor acierto del viaje, y la niña lo ha disfrutado muchísimo. Nos da mucha pena tener que recoger nuestras cosas para marcharnos de allí y nos vamos con la idea clara de que a este sitio hay que volver.

Nuestro siguiente destino es Zaanse Schans, a veinticinco minutos en coche.

Zaanse Schans es otro de esos sitios donde  el tiempo se ha congelado. Diría que es un museo al aire libre... pero el conjunto no se considera museo como tal... aunque hay varios museos durante el recorrido... me estoy explicando como un libro abierto, ¿verdad?

 A ver si soy más concreta: Zaanse Schans es un barrio residencial-industrial de 1850 que se conserva en perfecto estado y en funcionamiento, de casitas de madera pintada y molinos de viento. Trabaja y vive gente, y tu puedes pasear libremente por sus calles, sus molinos y sus puentes. Hay tiendas, talleres, restaurantes y cafés donde hacer un alto en el camino, puedes tomar un barco o alquilar una bici.
Además, hay numerosos museos y varios molinos que se pueden visitar.


 Puedes sacar una tarjeta de 15 Euros que te incluye la visita al museo principal, y a algunos  otros como  la casa de tejedores, el museo de los toneles, el molino del aceite, el molino de los tintes, el museo Tijd y que incluye descuentos para aparcamiento, restaurantes y tiendas. Las entradas a cada museo, las puedes coger de forma individual y cuestan entre 5 y 3 €. También puedes entrar gratis en el museo del chocolate, en la fabrica de queso, la de zuecos, la destilería, en el museo de las especias... de verdad que el sitio es enorme y tiene muchísimo que ver.
Dejamos el coche en el parking (de pago) y entramos al recinto emocionados por las bonitas vistas de los molinos. Tenemos un par de horas para dedicarle, así que pasamos de largo el museo principal y empezamos el recorrido por el bonito pueblo.

La primera parada la hacemos en la Casa Museo del Queso, donde te dan una breve explicación sobre la fabricación tradicional del queso y una degustación gratuita. Nosotros ya habíamos estado el día anterior en Alida Hoeve, que es más grande y más completa, así que esto lo pasamos rápido, tenemos ganas de hacer la ruta.

Hacemos el recorrido junto a los seis  molinos, hasta el último, el Bonte Hen o molino del aceite. Decidimos no entrar a ninguno de los museos del interior de los molinos, pues quedaban muchas cosas por ver y el paseo por el exterior estaba siendo precioso y super agradable.


 El camino avanza entre canales de agua y extensiones de hierva verde. Nos da envidia la gente que pasa junto a nosotros en bicicleta pues es un lugar ideal para alquilar una y hacer un recorrido.



Dedicamos media mañana  a visitar todo lo visitable de forma gratuita:

 El museo del cacao y la pastelería, donde se ven objetos antiguos, curiosos moldes de latón... y donde vimos una demostración del proceso para convertir los granos de cacao en chocolate. El molino de las especias, donde puedes ver el mecanismo del molino por dentro y puedes tocar y oler especias traídas de todas las partes del mundo, con juegos sensitivos incluidos: aspiras por un agujerito para intentar adivinar de qué especia se trata...

La primera tienda museo Albert Heijn: la gran cadena de supermercados de holanda comenzó en este local donde se puede ver una exposición de aparatos y productos antiguos, tomar un café y comprar dulces artesanales. Nosotros compramos una bolsa de caramelos que parecían pequeñas joyas hechas a mano, con curiosos sabores a jengibre picante, pipermint, vainilla y canela, frutas asadas, miel ... Estaban buenísimos.

Paseamos entre las casas recorriendo cada rincón de este lugar de ensueño, asomándonos al impecable interior de algunas casas de alquiler, cruzando puentes y disfrutando del paseo. Mirases donde mirases, todo era precioso.


Estábamos tan ensimismados que se nos hizo tarde, para variar, y tuvimos que dejar Zaanse Schans  con bastante pena, pues teníamos que dirigirnos al sur, hacia La Haya.

Pensábamos comer ya allí, pero como se nos había hecho tan tarde para los horarios holandeses, decidimos desviarnos en el primer pueblo que vimos, Kalf , para buscar un sitio para comer.
 Nada más tomar el desvío encontramos un sitio perfecto, el Café Braserie Het Heerenhuis (http://heerenhuis.nl/ ). Un sitio agradable y bonito, donde nos acoplamos en unas mesas de madera en el porche exterior y disfrutamos de la comida y la buena temperatura. Tomamos hamburguesas con patatas, bocadillos de albóndigas y huevos fritos para la niña, con cervezas, por aproximadamente 12 euros por persona, y todo muy rico.

Anécdota del día: le pregunto a la camarera en inglés por el cuarto de baño, la chica con un inglés aún peor que el mío me da una serie de complicadas instrucciones acompañadas de mogollón de señas... total, que intentando seguir sus indicaciones, salgo del restaurante, bajo por una rampa, y entro por la segunda puerta que me encuentro pegada a la fachada del local... que resultó ser una casa particular, y donde una amable señora me indicó que NO podía pasar al baño en su casa...  volví al restaurante  y finalmente encontré el servicio en el interior, tras bajar una rampita... dentro del local, claro...

La Haya:

En una hora llegamos a La Haya, una ciudad muy grande y que nada más llegar y como estaba siendo costumbre desde que entramos en Holanda, nos sorprendió gratamente.

 Llegamos hasta el centro y tuvimos la suerte de aparcar en la calle Noordeinde, muy cerca de las atracciones principales. Pusimos un tiket de dos horas para el aparcamiento y nos vamos a recorrer la ciudad.

Como todas las ciudades holandesas, las calles son limpias, agradables, con mucho espacio para pasear y para las bicis, jardines y parterres de flores por todas partes y tiendas de aspecto cuidado.

 Pasamos junto a la estatua de William de Orange a caballo y el Palacio Noordeinde y damos un paseo por las animadas calles comerciales, hasta llegar al estanque Hofvijver y el Binnenhoff, sede del  Parlamento holandes.

 El sitio nos dejó con la boca abierta por que es realmente precioso. Binnenhof fue el castillo de los Condes de Holanda y actualmente agrupa diversos edificios históricos y constitucionales.


Damos un paseo por los alrededores, una zona muy comercial con calles llenas de tiendas, grandes almacenas y muchas, muchas bicicletas.

Decidimos hacer una parada en Van Stockum, en la calle Spui número 40(http://www.vanstockum.nl/ ),una  librería con cafetería dentro, donde nos relajamos un rato sentados en los sillones, tomando cafés y muffins, mientras hojeábamos libros y guías de viaje, y mientras Eire disfruta de la sección infantil.


Seguimos la ruta por Lange Poten hasta la plaza Plein, una plaza muy animada, con edificios históricos bastante bonitos, como el palacio de justicia, otra estatua de William de Orange, muchas  terrazas de verano y las instalaciones montadas para un festival que empezaba esa misma noche.  Además desde algunos angulos de la plaza se pueden apreciar los rascacielos de la ciudad.


Nos encanta el edificio de Mauritshuis, la Galeria Real de pinturas de La Haya,  construido en 1640 y con una gran colección de pintura holandesa, incluida la famosa "la joven de la perla".
 David y yo somos muy aficionados a la pintura y nos planteamos entrar aunque sea para hacer una visita rápida, pero hay cola para entrar y lo descartamos para no perder mucho tiempo.



Nueva parada frente al estanque para disfrutar de las vistas y hacer más fotos... es inevitable, es uno de esos lugares que te dan la sensación de no haber hecho suficientes...


Cruzamos por una arboleda hasta la avenida Lange Voorhout, una bonita calle arbolada donde se encuentran la mayoría de edificios gubernamentales de La Haya, incluida la embajada de España.
Callejeamos por este barrio lleno de encanto:  restaurantes, floristerías, tiendas de decoración, canales ajardinados...


Toda la zona que va desde el canal Prinsessegracht y la avenida de Mauritskade.

Igual de agradable es el paseo por la zona del  Plein 1813, lleno de edificios oficiales, embajadas y palacetes.

Queremos ir a ver el palacio de la paz, pero se nos acaba el tiempo que hemos puesto en el parquimetro y nos toca volver hasta el coche, haciendo una breve parada en los diez minutos que nos quedan en el parque Paleistuin.

De vuelta en el coche nos acercamos hasta el palacio de la paz, y como no somos capaces de aparcar en los alrededores, hacemos turnos para que mientras unos dan una vuelta, otros vigilan el coche aparcado en una zona restringida.

El palacio de la paz se inauguró en 1913 y es la sede de la corte internacional de justicia. El edificio es muy bonito, al igual que los alrededores, donde se encuentran la llama de la paz eterna, que arde desde 1999, y un jardín con piedras traídas de todos los países del mundo.



Otro lugar que no te cansas de fotografiar.


Está anocheciendo y aún nos queda un largo camino hasta casa, así que dejamos la ciudad en dirección a Bruselas, donde tenemos intención de cenar para terminar este bonito viaje por tierras holandesas, donde seguro que regresaremos.