viernes, 23 de julio de 2010

Estados Unidos Costa Este: Boston, Niagara y Washington.

2005
El viaje de mis sueños: Estados Unidos
Un largo año de preparación y planificación.
Fecha de comienzo de la expedición: 8 de Octubre.
Duración de la expedición: 15 días. 7 en ruta, 7 en Nueva York.
Miembros expedicionarios: 3 ( Miriam, Joaquín y Rosi)
Itinerario: 7 días recorriendo en coche tres estados.

Sábado día 8 de Octubre. Salimos de Madrid con Iberia rumbo JFK. Llegamos al aeropuerto a las 7 p.m. hora local, que entre recogida de maletas, y etc se nos hicieron... las tantas. Y además el JFK es una locuuuuura. Menos mal que la primera noche la habíamos reservado en un hotel del aeropuerto, el Ramada Plaza, pero aún así llegar hasta el hotel con las maletas, lloviendo y sin enterarnos de nada fue toda una odisea. Me ahorraré las penurias del tren aéreo y etcéteras... solo aclarar, para quien lo necesite, que el tren del aeropuerto es gratuito, no hay que sacar tikets. Nos costó veinte minutos de subir y bajar escaleras descubrirlo.
Llegamos al Ramada casi a las 9, descubrimos que el hotel estaba fenomenal y empezamos a entusiasmarnos con la idea... estábamos en Estados Unidos!!!! Era un sueño hecho realidad. Tiramos las maletas en el suelo de la habitación y salimos disparados a la planta baja, que tenía mucha animación. Había un bar gigante lleno de gente tomando cervezas y cantando karaoke. En medio había una barra con taburetes altos y allí nos pusimos. Mientras mirábamos la carta vimos que el hotel tenía salones de boda y que de ellos salía gente de lo más pintoresca. Parecía la boda de la familia Wislow!!! Todos gigantes, llenos de cadenas de oro y joyas y ropas estrafalarias... las mujeres con guantes de tul y sombreros... y nosotros comiéndonos en la barra del bar una pedazo de hamburguer gigante con los ojos como platos, dándonos codazos y sin poder parar la risita nerviosa.

Cuando llegamos a la habitación caímos en la cama como si nos hubiesen disparado.

Domingo día 9. El Jet Lag hizo aparición y a las cinco de la mañana estábamos de pie, entre los nervios y el cambio de hora... Remoloneamos por la habitación haciendo tiempo, organizamos las maletas, y bajamos a desayunar un súper buffet de frutas en el hotel. Hubo un poco de confusión porque cuando reservamos el hotel se suponía que tenía el desayuno incluido y luego resultó que no. Pero un camarero hispano muy amable nos recomendó cómo hacerlo para que saliera más barato. De nuevo de vuelta en el aeropuerto recogimos el coche de alquiler en Hertz. Un poco de follón para salir del aeropuerto, un poco más de follón para orientarnos por las carreteras, pero finalmente y gracias a mi súper habilidad como copiloto, tomamos la carretera rumbo a New England.

!Qué emocionante conducir por esas carreteras! Cuando vimos el primer MC Donals en la carretera paramos a hacerle unas fotos... luego, a lo largo del viaje, habremos visto unos doce millones de MC Donals. Pero era el primero y claro... lo rodeamos, hicimos fotos de los dispensadores de periódicos, de los camiones aparcados…

Continuamos el viaje y comenzamos a atravesar unos paisajes preciosos... íbamos con la boca abierta por una autopista bordeada de bosques de colores impresionantes y pequeños lagos. En el margen de la carretera comienzan a aparecer animales dispares: mapaches, tejones, ardillas, ciervos, perritos de las praderas…asombroso.
Nuestra primera parada en Southborough, al oeste de Boston, teníamos reservado el hotel Reed Roof Inn (http://www.redroof.com/reservations/property-detail.aspx?pid=00075#tab). Un hotel de carretera muy bonito, rodeado de bosque. La habitación da directamente a la calle, como habíamos visto tantas veces en el cine, y aparcamos el coche en la puerta. Nuestra habitación tiene dos grandes camas, baño completo, un escritorio y cuatro caballetes para poner las maletas, lo cual nos viene de maravilla.
Nos entretenemos haciendo fotos en el aparcamiento del hotel, que parece que se pierde en el bosque. La verdad es que el paisaje en Massachusets es una pasada, precioso, espectacular, sobre todo en otoño. Árboles de todos los colores imaginables, lagos rodeados de casitas de madera, bosque hasta donde alcanza la vista…

Comimos en un Wendys junto al hotel y luego nos desplazamos hasta SALEM. Nos gustó muchísimo y echamos la tarde de paseo, con cara de embobaos, fotografiándolo todo. Es un pueblo pequeñito, con casas coloniales, puestos callejeros y un puerto muy bonito. Como era domingo y estábamos en el mes de Halloween había espectáculos callejeros de gente disfrazada, tragafuegos y un mercadillo. Cenamos en el puerto, en el Vistoria Station (http://victoriastationsalem.com) un restaurante muy romántico iluminado con cientos de lucecitas y una gran cristalera, con los barcos frente a nosotros. Sopa casera, pan de cereales con mantequilla y pescado con patatas. De vuelta al hotel a descansar.

Lunes 10. Llegamos a Boston tras desayunar en un Dunkin Donuts junto al hotel y seguimos alucinando. Aparcamos bajo el Boston Common y resultó que por ser día festivo tenían tarifas especiales. Pagamos unos 12 $ el día completo. Vimos en el parque un festival de deportistas y unas carreras... muy americano, globos, banderines...
y a flipar con las ardillas. Hay miles! Nos sentamos unos minutos a hacerles fotos y darles de comer.
Después de una parada en la oficina de turismo para coger unos mapas, recorrimos el Freedom Trail (una línea amarilla pintada en el suelo) viendo todos los monumentos del centro. Nos encantó el Quincy Market y nos planteamos comer allí, pero era pronto y aun teníamos los donuts del desayuno a medio camino así que seguimos. Caminamos hasta la casa de Paul Revere y luego cogimos el metro y cruzamos a Harvard para ver el recinto de la universidad. Esperábamos verlo en todo su apogeo por que era lunes, pero no sabíamos que era festivo, así que al final lo vimos vacío. Aun así, nos gustó mucho. Comimos cerca y paseamos por el río, donde había decenas de piragüistas entrenando y barquitos de vela. Nos quedamos un rato por la orilla del río por que estaba muy bonito, rodeado de patos y con los barcos. Después callejeamos un poco por las bonitas calles de edificios de madera y volvimos a coger el metro para acercarnos hasta el Longfellow Bridge. Queríamos cruzarlo a pie para disfrutar las vistas desde arriba, y la verdad es que nos gustó mucho. Había niebla alta y los rascacielos se perdían en ella, así que teníamos una bonita vista del río, los primeros edificios y los rascacielos de fondo, perdiéndose en el cielo. Nos entretuvimos bastante en el puente y después recorrimos Beacon Hill, un bonito barrio de ladrillos rojos. Hago un inciso para explicar que durante el día habíamos descubierto algunos carteles que, para un español, son como mínimo cómicos. En Beacon Hill había un anticuario con un gran cartel que anunciaba Anticuario Del Marika. Y por la mañana vimos una tienda que se llamaba Pedos Express. No sé que venderían, pero vamos. Bueno, sigo contando, a última hora y cuando ya no podíamos ni con el alma de cansancio nos tomamos una cervecita en el mítico CHEERS y de vuelta al hotel, parando antes en las afueras para hacer unas fotos del skyline iluminado. Por cierto, en el camino de regreso nos perdimos y tardamos más del doble en llegar al hotel. Encima con los nervios de no saber por donde te metes. Finalmente llegamos al Red Roof, aparcamos y cenamos en el Weltys, tan ricamente.

Nos encantó Boston. Es una ciudad para quedarse a vivir.

Martes 11. Madrugamos, y partimos dirección Niagara. Paramos en la autopista en un Dunkin Donuts y nos zampamos dos por barba y un súper café. Tres horas después, y aún con los ojos como platos por los impresionantes paisajes, nos salimos de la carretera y buscamos algún sitio pintoresco para comer.
Y lo encontramos. Llegamos a un pueblito llamado Seneca Falls. De película. Una sola calle principal, un río con fabricas antiguas, casitas de madera, una mini escuela con cortinitas en las ventanas, un par de comercios... !qué bonito! Comimos en un Deli (Plaza Deli) que parecía sacado de Grease, y nos transportamos a los años 60. Parecía que en cualquier momento iban a entrar por la puerta Danny y Sandy. Todo el mundo nos miraba, fuimos la atracción del día, se ve que no paran muchos turistas. Nos hubiera gustado quedarnos allí el resto de la tarde, pero teníamos mucho camino por deltante.
Dos horas y pico despues llegamos a Niagara, cruzamos la frontera, enseñamos pasaportes, buscamos el hotel... qué hotelazo!!!! Nos sorprendió por que había salido super barato y era un hotel genial. El Clarion By the Falls, tiene habitaciones enormes con sillones frente a las ventanas, baño completo y piscina climatizada. Nos instalamos y salimos a pasear. Casi nos desmayamos cuando nos las encontramos de frente. Anochecía y ya las habían iluminado, es un recuerdo imborrable.
SIN PALABRAS.
Cenamos en Coco´s (http://www.holidayinnniagarafalls.com/dining.php) un restaurante muy bonito junto a la torre Skylon, unas pizzas riquísimas en horno de leña y un super helado y a descansar al hotel, que estábamos muertos de agotamiento.

Miércoles 12. Nos pasamos todo el día con la sensación de no estar allí de verdad, de estar soñándolo o viéndolo en la tele. Cogimos el Maid of the Mist, nos empapamos, hicimos mil fotos, subimos y bajamos mil veces el camino para verlas desde todos los ángulos... también subimos al observatorio del Skylon, la torre panorámica, para verlas desde otra perspectiva más. Y por la tarde, agotados y después de comer muy bien en una hamburguesería chulísima, descansamos un poco en el hotel. Aún no nos habíamos repuesto ni del viaje y no habíamos parado ni un minuto. Piscinita cubierta, siesta, Dawson Creek en inglés... y a cenar y ver de nuevo las cataratas de noche.
ooooooh... son impresionantes. Nunca te cansas de verlas.
De lo único que te cansas es de estar todo el día empapado, por que levantan tanta agua pulverizada que te pasas todo el tiempo con el pelo chorreando.
Nos despedimos de las cataratas y caminamos hasta la calle principal, que es sorprendente por que parece un mini Las Vegas, lleno de casinos, de luces de neón, de restaurantes, tiendas de souvenirs, atracciones turísticas… un poco friki, pero curioso. Finalmente cenamos en un restaurante italiano muy coqueto, una selección de pastas con salsas caseras muy rica. Y de vuelta al hotel.

Jueves 13. Con las fuerzas recobradas nos pegamos un buen madrugón y partimos dirección Washington por carreteras secundarias. Nos pasa algo sorprendente nada más salir del hotel: paramos para hacer una foto al cartel de Niagara, sin darnos cuenta de que justo al lado del cartel hay una policía. La mujer viene al coche y nos dice, muy enfadada, que le enseñemos la cámara para ver la foto. Un poco alucinada le paso mi cámara y tras ver esa foto y la anterior, me devuelve la cámara y más calmada me pide disculpas y me explica que está prohibido hacer fotos a los agentes sin su consentimiento. Pues vale, me lo apunto para la próxima. Comenzamos la ruta encantados con los paisajes. Atravesamos una preciosa zona de montaña y paramos en Ellicotville, un pueblo que nos encanta nada más llegar. Damos un pequeño paseo por la coqueta calle principal y desayunamos unos muffins de arándanos gigantescos y un café. Seguimos nuestro camino. Pueblos alucinantes, más bosques, reservas naturales, ciervos, mapaches... ZARIGÜELLAS... ¿alguien ha visto alguna vez una? Yo sí.
Comimos en un sitio por ahí perdido, y ese sí que era de película... pero de las de miedo. Camioneros con pintas raras, la camarera con las tetas casi al aire, el cocinero paseándose por allí con el delantal lleno de mierda... a Rosi casi le da un infarto, pero Joaquín y yo tenemos un corazón aventurero y decidimos que LA AVENTURA ES LA AVENTURA. Y gracias a eso comimos las mejores costillas que habíamos probado en nuestra vida. Jo, se me hace la boca agua de acordarme. Y ni hablar de la tarta de manzana casera... uff, qué recuerdos. Cruzamos los Apalaches y llegamos al condado de Lancaster al atardecer. En la oficina de turismo nos atendió un señor mayor super amable que parecía un actor de cine y nos indicó los caminos más interesantes. Vimos las tiendas de artesanía AMISH y compramos una casita para pájaros a mi papi. Recorrimos las granjas, hicimos un par de foto de estranjis (por que no les hace ni gota de gracia que los fotografíen) y tomamos café y tarta en un sitio encantador, que tenía un gran mostrador de tartas y pastelería casera. Estaba anocheciendo y tuvimos que irnos por que aun nos quedaban dos horas de coche hasta Washington. Empezó a llover muchísimo y había tormenta, así que tardamos más de la cuenta en llegar.
Nos costó muchísimo encontrar el hotel!!!!!! Estaba al oeste de Wahington, en un pueblecito llamado Herdon, y sí, el pueblo lo encontramos enseguida, pero el hotel... yo no sé las vueltas que dimos. Paramos por lo menos a 10 personas para preguntar, afortunadamente TODAS hablaban español, desafortunadamente NINGUNA tenía ni puñetera idea de donde estaba el hotel. Teníamos un mapa, pero parecía no coincidir con lo que veíamos allí, por que parecía como si estuviera todo al revés. Avanzamos y retrocedimos varias veces. Y al final resultó que la calle era circular, y que nosotros estábamos en la mitad del círculo yendo y viniendo.
Menos mal que cuando llegamos al hotel, y vimos el pedazo de hotel que era, la súper pedazo de habitación en suite que teníamos y lo barato que nos había salido, se nos pasaron todos los males. El hotel es el Herdon Springhill Suites, de la cadena Marriot (http://www.marriott.com/hotels/travel/iadsh-springhill-suites-herndon-reston/). Era tardísimo y no sabíamos donde meternos a cenar. Así que al final fuimos a una gasolinera cercana y compramos unos perritos calientes. El empleado, que parecía Apu el de los Simpson, tenía unas ganas de conversación tremendas y no paraba de preguntarnos cosas de España.
Nos fuimos a dormir rendidos, como cada día.

Viernes 14. Desayunamos en el hotel, que lo teníamos incluido. Encantados con una maquina donde te hacías tus propios gofres. Y nos preparamos para visitar Washington D.C. En la recepción del hotel nos explicaron que es muy caro aparcar en la ciudad, así que nos indicaron para que aparcáramos el coche en un Park & Ride de las afueras y cogiéramos el metro. Llegamos genial con las indicaciones de la recepcionista. Aparcamos muy bien en la puerta de la estación y pagamos unos 5 dólares por todo el día, lo que nos pareció muy barato. Pero una vez dentro del metro… !!!QUE FOLLON!!! Después de estar 5 minutos intentando descifrar el sistema, un trabajador del metro que ya no podía más de la risa salió de la caseta para sacarnos él los tickets. Muy agradecidos. Para futuros visitantes a Washington el metro funciona de la siguiente manera: tienes que especificar en una maquina en qué parada te vas a subir y en qué parada te vas a bajar, y pagas el importe exacto. Y no te pases ni una parada, que luego el ticket no te vale.
Salimos frente al monolito, caminamos hasta el capitolio haciendo mil fotos. Para visitar el capitolio tienes que esperar cola, llegar a la caseta y pedir hora, es gratis, pero solo puedes entrar a la hora que estás citado, ni un minuto más. Nos dieron hora para las 2.00 p.m. Así que caminamos por la milla de los museos, paseamos entre los jardines, tomamos café en el Pavilion Café, un sitio chulísimo en medio del Sculpture Garden. Después fuimos hasta la casa blanca, vimos una manifestación contra la guerra de Irak y nos quedamos un rato viendo la cantidad de grupos pintorescos que acampaban por allí. De vuelta al capitolio comimos un perrito en un puesto de la calle y corrimos hasta el capitolio para que no se nos pasara la hora. Lo vimos por dentro haciendo mil fotos más, entre otras cosas por que como no nos enterábamos de las explicaciones en inglés, por lo menos nos entreteníamos con las fotos. Nos gustó mucho la visita. Salimos y cogimos el metro al cementerio de Arlington, lo recorrimos de arriba a abajo y fotografiamos todo. Esperamos un ratillo sentados frente a la tumba del soldado desconocido para ver el espectacular cambio de guardia. Luego cruzamos el Potomac hasta el monumento a Lincon. Desde arriba de la escalera, bajo la estatua de Lincon y con todo el parque en frente, te dan ganas de cantar el himno americano a todo pulmón. Pero no nos quedaban fuerzas ni para tenernos de pie, como para ponernos a cantar... lo que sí hicimos fue evocar a Forest Gum corriendo hacia su chica por el agua del estanque. Nos reímos un buen rato allí, sentados en las escaleras, acordándonos de en cuantas películas habíamos visto lo que ahora teníamos frente a nuestros ojos. Estábamos rotos de cansancio, así que nos dimos la última caminata hasta el monolito y desde allí regresamos en metro hasta nuestro coche.
Regresamos al hotel, nos pegamos un bañito en la piscina cubierta y en el jacuzzi, y compramos comida china para llevar en un restaurante que estaba justo en frente del hotel, muy barato y muy rico. Cenamos en la habitación, tirados en los sofás, con los pies en alto y recordando todo lo que habíamos visto a lo largo del día.

Sabado 15. Último día de nuestra aventura americana. Nos levantamos con toda la parsimonia del mundo, desayunamos como campeones y salimos dirección New York. Hicimos fotos del skyline de Baltimore y el de Philadelphia. Nos pusimos a pegar saltos y gritos de alegría cuando vimos Nueva york desde lejos, y seguimos saltando y gritando mientras cruzábamos el puente Ferragamo y nos adentrábamos en Brooklyn, eso sí, dejamos de saltar en cuanto nos dimos cuenta de que nos habíamos perdido por Brooklym... je,je, la culpa no fue del copiloto, que conste en acta.
De vuelta en el JFK nos despedimos de nuestro cochecito con lágrimas en los ojos y llamamos un taxi.

Estábamos muy tristes, pero también locos de contento por que nos quedaba por delante otra aventura igual de emocionante... 8 días en la gran manzana.

Continua el diario de Nueva York aquí:

viernes, 16 de julio de 2010

SOS Padres Novatos

Sobre los consejos de los demás.

¿Por qué todo el mundo piensa que necesitas que te den su opinión y consejo cuando eres padre novato? Me saca de mis casillas.
Y es que a los cansinos e inevitables consejos de tus padres, suegros, tíos, amigos, etc, hay que sumarle la opinión de vecinos y hasta de desconocidos de la calle que "amablemente" te ofrecen su consejo. ¿Cómo es posible ir por la calle y que te pare una señora que no te conoce de nada para decirte lo preciosa que es tu niña y que tienes que ponerle unos calcetinitos? Oiga, señora, soy su madre. Yo me encargo de vestirla cada mañana. Y hantes de ponerle nada, ya me he asomado a la ventana para ver qué tiempo hace y ya me he planteado si hará frío o aire o calor o humedad o si caerá fuego del cielo.

Sí, ya sé que puedo parecer borde y que todo el mundo lo hace con su mejor intención. Pero es que realmente llega a ser agotador explicar diez veces los diferentes motivos por los que has decidido ponerle tal vestido. Para ilustrarlo pondré un ejemplo: cuando mi niña tenía 3 meses asistimos a una boda. Era Octubre pero hacía un día de mucho calor, unos 30 grados, así que le puse su vestidito rojo de manga corta, una chaqueta, calcetines y los zapatos. Siempre llevo una toquilla fina para echarle por encima por si acaso (aires acondicionados, etc). Bueno, estabamos sentados junto al carro y comenzaron a llegar señoras para ver a la niña. La primera, un familiar, dice: "Uy, aquí hace mucho frío para un bebé tan pequeño, deberías haberle puesto algo de manga larga debajo. Toma, echale por encima mi chal." Y la siguiente dice: "¿Cómo tienes a la niña tapada con el calor que hace? Si le va a dar el sarampión!!" Y le quita el chal. Y llega otra, una completa desconocida, y se asoma al carro. "Qué niña tan preciosa? Pero la llevas muy fresca. El proximo día ponle unos leotardos o algo que le tape las piernecitas". Y así sucesivamente, todo el resto de la boda. Y tu con cara de subnormal pensando a ver qué narices hago con la niña.

Esto es solo un ejemplo de un día concreto, pero en realidad esto me sucede casi a diario. Por lo menos a mi. Así que me veo en situaciones en las que no sé ni cómo reaccionar. Dando de merendar un yogurt a mi niña en un parque se me acerca una señora que estaba con su nieto y me dice que no le dé yogures de sabores, que se los dé naturales, que son mucho más sanos. Y yo le explico que su pediatra me ha dicho que puede comer yogures de sabores, y que los naturales no le gustan, que le dan arcadas. Y luego me cabreo conmigo misma por darle explicaciones a una señora que no conozco de nada. Y se me acerca en el mercadillo una señora para decirle cositas a ella y luego me mira a mi y me suelta : ¿Le habrás puesto protector solar no? Por que con el sol que hace es muy peligroso para los niños. Y yo le explico que sí, que le he puesto un protector solar de la farmacia que me ha costado un ojo de la cara y que además, como puede ver, le he puesto un gorrito para que no le de el sol en la cabeza. Y luego me voy murmurando como un viejo por que he vuelto a dar explicaciones a una desconocida.

Es que es como si te dijeran directamente: a ver, mala madre, ¿es que no ves que llevas a tu niña mal vestida, mal alimentada y mal cuidada, y tengo que venir yo, sin conocerte siquiera, para salvarle la vida?

Y eso con los extraños. Con la familia ya ni te cuento.
Mi madre me llama para recordarme que van a venir unos familiares a ver a la niña. Yo le digo que ya lo sé. Y se pone a recordarme que tengo que bañarla y perfumarla bien para cuando llegue la visita. "Ya mamá, ya le he bañado, peinado y puesto colonia". Y ella insiste en que le ponga un buen vestido, de los que tiene más bonitos, que me asegure de que está bien planchado y limpio. Y entonces, como es mi madre y hay confianza, la mando directamente a la mierda y le digo que pienso tenerla en bragas cuando llegue la visita.
Pero ahora llega mi suegra, que cuando cambio el pañal a mi hija delante suyo me da instrucciones de cómo hacerlo. !Que la niña tiene un año!¿Pero tu sabes cuantos pañales he cambiado ya? Y me ve de charla con unas amigas en el parque y se acerca a jugar con la niña. Me pregunta si le he dado de merendar, si le he dado agua, si le he limpiado los mocos. Le respondo que sí, que ha merendado media hora antes, ha bebido agua, le he limpiado los mocos con una toallita. Y luego la coje y veo que la observa como si la estubiera sometiendo a inspección, y me dice: "Oye, ¿le has cambiado el pañal?" Y ya al borde del cabreo y consciente de que a ella no la puedo mandar a la mierda como hago con mi madre, le respondo: "¿Y tú qué crees? ¿Huele mal o algo?". Ella se da cuenta de mi mal humor y a la pobre le da apuro. "No, hija, si no huele mal. Si era por si querías que se lo cambiara yo".

Ya, ya. Sí ya estamos como siempre. Si todo es con buena intención, pero entre unos y otros te hacen sentir una madre terrible. Y cuando lo comento con mis amigas, todas madres novatas como yo, se parten de risa, por que a ellas tambien les pasa y tambien les saca de quicio.
Por que no es solo que anden dandote opiniones y consejos que tu no has pedido, es que además cada uno te dice una cosa distinta!!! Que terminas por pensar que le gente está loca!! Que es malísimo dejarlos llorar, que les traumatiza y les crea problemas de personalidad. Que no pasa nada por que lloren, que si no se malacostumbran y luego verás. Que no le tengas en brazos, que luego no quieren otra cosa y no te dejan vivir. Que los tengas en brazos todo el tiempo que puedas, que crea unos fuertes lazos afectivos... sobre todo al principio, que es cuando aún no tienes decididas algunas cosas, las opiniones tan dstintas te hacen dudar un montón. Luego vas aprendiendo, y decides qué estas dispuesta a hacer y qué no, y te das cuenta de que cada padre y cada hijo, es un mundo aparte y que cada familia toma decisiones distintas al respecto. ¿Y quien se atreve a decir que uno lo ha hecho bien y el otro mal?

Así que esto me ha servido para aprender una gran lección: No des consejos a NADIE que no te los pida!!!!!!! Especialmente si no le conoces de nada.

Nota: yo, que tengo la suerte de tener la mejor madre y la mejor suegra del mundo, dejo estas notas desde el cariño.

martes, 13 de julio de 2010

Normandía, Francia

Normandía, Francia.

Mayo 2005

Joaquin y Miriam
David y Beli

DIA 1 Entramos a la región de Normandía desde Bélgica por el norte, por el departamento (provincia) de Sena-Maritimo. Nuestra primera parada fue en el pueblecito Dampierre en Bray, donde habíamos llamado para reservar dos habitaciones en una casa rural, Le Pont de Dampierre (http://www.bedandbreakfastineurope.com/lepontdedampierre/english5.htm).  La casa nos encantó, las habitaciones grandes, camas grandes y, lo mejor de todo, al abrir la ventana hasta donde alcanzaba la vista eran praderías con ganado pastando y casitas salpicadas.
Dedicamos el día a hacer toma de contacto, paseamos por el pueblo y comimos un kebab en la plaza para no entretenernos demasiado. Luego visitamos un pueblo cercano que nos recomendaron, Gerberoy, donde nos recibió un enorme cartel con el reconocimiento de “pueblo más bello de Francia”. Y no sé si es el más bello, pero desde luego es precioso. Continuamos con el coche a través de verdes praderas infinitas y entramos en el departamento de Eure, donde visitamos Lyons la Foret, otro bonito pueblo donde está la casa de Maurice Ravel y un importante mercado cubierto. Pasamos por la Abadía de Mortemer y la última visita del día fue al Castillo de Vascoeuil. Regresamos a dormir a Dampierre.
DIA 2 Tras el riquísimo desayuno casero y en una hora de coche llegamos a Les Andelys, donde el Sena hace un curioso codo bordeado de jardines. El castillo, desde abajo parece precioso y entusiasmados buscamos la carretera de subida, pero ese día había una carrera de aficionados al ciclismo y no dejaban pasar a nadie. Así que resignados y tras un paseo por el borde del río, continuamos el viaje hasta Vernon, pueblo donde hay un precioso molino junto al río y algunos edificios destacados. También hay un castillo con unos jardines muy famosos, pero nos pareció caro y, por otro lado, el siguiente destino nos apetecía más, así que continuamos a Giverny, a visitar la fundación Claude Monet. No nos equivocamos. Pasamos el resto de la mañana entre curiosos jardines repletos de amapolas gigantes, lirios, rosas, girasoles y como no, nenúfares. Totalmente recomendable. La anécdota curiosa fue cuando pasé al cuarto de baño y, mientras esperaba la cola para entrar, una señora me pregunta algo en francés, con lo poco que chapurreo le explico que no hablo su idioma y que no la entiendo, y ella insiste de nuevo en su pregunta. Yo me encojo de hombros y le digo en español, señora, que no la entiendo, que no hablo francés, y entonces ella sale del baño muy enfadada y dando voces. Cuando salgo, les cuento a los demás lo que me ha pasado y Beli se echa a reir y dice que ella había visto a una señora salir del baño gritando en frances: pero qué maleducada, qué maleducada!! Pues parece que la maleducada era yo.
Desandamos el camino hasta Rouen, y dedicamos un par de horas a recorrer la ciudad: la catedral, la plaza, la puerta del reloj, el casco antiguo… Opiniones distintas: a mi me pareció preciosa, David dijo que era una perdida de tiempo. En fin, comimos una crepe para recobrar fuerzas y seguimos con la ruta.
El paisaje cambió y nos metimos dentro de un curioso cañón, bordeado por Las Rocas de Orival, esculpidas por el Sena. Vimos el castillo de Robert le Diable desde abajo y, en vista de que se ponía el día feo y amenazaba tormenta, aceleramos para llegar a las ruinas de la Abadia de Jumiegès. Las ruinas te dejan sin habla; las impresionantes torres, los arcos, el entorno… y justo cuando parecía que nos iba a caer el diluvio universal, el cielo se abrió por arte de magia y sacamos unas fotos espectaculares: los rayos de sol entrando a través de las ruinas, con el cielo negro de fondo.
De nuevo en el coche, y tras una breve discusión sobre donde alojarnos, continuamos a Fecam y vimos una impresionante puesta de sol en la playa. Cenamos junto a la playa en un romántico restaurante donde los platos tenían una decoración muy elaborada y donde nos sucedió la siguiente anécdota con el tema de los franceses y su idioma: junto a nuestra mesa había dos parejas de franceses, muy elegantes, de nuestra misma edad (entre 28 y 30 años), y cuando nos vieron hacer fotos a los platos decorados comenzaron a reírse de nosotros en francés, pensando que como entre nosotros hablábamos en español, no les íbamos a entender. David y Beli son belgas, y hablan francés, así que cuando escucharon lo que decían, les preguntaron en francés que si tenían algún problema. Ellos, muy avergonzados, pidieron disculpas y dijeron que había sido un malentendido y que en realidad se reían de otra cosa. Sí, sí, mucho vestido elegante pero educación, cero. Luego buscamos alojamiento en Fecam y alrededores, y tras varios intentos fallidos, encontramos una casa rural en Ecrainville, una bonita cabaña de madera en medio del bosque. 40€ con desayuno incluido.
DIA 3 Continuamos en Fecam donde lo habíamos dejado el día anterior. Visitamos el faro y los acantilado… ¡qué fotos! Y luego nos dirigimos al Palacio Benedictino. El museo muestra la vida monacal, un poco de historia y, lo que más nos gustó, la fabrica de licor Benedictine. Hay una sala enorme, con miles de especias y esencias traídas de todo el mundo, que se utilizan para dar aroma al licor, y puedes tocarlas, olerlas… y por ultimo una degustación de licor.
Nos trasladamos a Etretat, comimos a la hora francesa en una terraza del paseo y comenzamos la subida a los acantilados. Aunque en realidad no se tarda mucho, echamos casi dos horas por que cada tres pasos parábamos a mirar, a asomarnos al borde, a hacer fotos… cuanto más subíamos, más sensación daba, así que terminamos por tumbarnos en el suelo y asomar la cabeza. Después nos tiramos en la playa a beber unas cervezas rodeados de gaviotas.
Cruzamos el puente de Normandia con la misma ilusión que si estuviéramos en una montaña rusa y llegamos a Equemauville, donde nos alojamos en Ferme Chevalier (http://www.lafermechevalier.com/ ) , una preciosa granja. 45€ con desayuno. Nuestra habitación era enorme, con baño, y daba directamente al jardín por una gran puerta de madera. La de David y Beli tenía hasta cocina. Aunque teníamos muchas ganas de ver Honfleur, pudo con nosotros la animación de la granja, y nos dedicamos a fotografiar ocas, ovejas, caballos, conejos, patos, cabras… así que llegamos a Honfleur de noche. Nos pareció precioso. Cenamos en una terraza acristalada junto al puerto, con velas y unas vistas espectaculares. Donde nos atendió un simpático camarero que había trabajado en Benidorm varios años y tenía muchas ganas de conversación en español.
Pasear por el muelle, de noche, con todas las luces reflejadas en el agua, es todo un lujo. Así que nos entretuvimos un rato por allí, hasta que fuimos a dormir a nuestra granja.
DIA 4
Para empezar el día con risas, nada mejor que dejar la puerta de la habitación abierta mientras cerrábamos la maleta: se nos coló una cabra curiosa dentro de la habitación. Nos hizo perseguirla durante un buen rato hasta que la echamos fuera entre carcajadas. Desayunamos con ganas y, tras un paseo matinal por la granja, comenzamos el recorrido del día.
Primera parada Trouville sur Mer. Llovía a cantaros, así que tras un breve paseito, seguimos hasta Deuville, donde la lluvia ya había amainado un poco. Paseamos por el paseo marítimo, hecho de tablas de madera, y nos fotografiamos haciendo posturitas entre las coloridas sombrillas. En el interior del pueblo había mercado, y recorrimos los puestos mientras la gente compraba quesos, verduras y embutidos de todo tipo. Tenían jamón iberico ( a 200 eurazos el kilo) y aceitunas de Jaén.
Seguimos el camino haciendo una parada en la carretera para fotografiar el letrero de entrada de un pueblo que se llamaba Penedepie… ¿?????? Lógicamente, había que inmortalizarlo.
Paramos en Pont L´evêque, famoso por sus quesos pero que solo tiene un par de calles pintorescas que ves en diez minutos.
Lisieux es un pueblo grande, moderno, en el que no pararías si no fuera por su gran santuario de Teresa de Jesús. El edificio es precioso tanto por fuera como por dentro. Comimos en una panadería que preparaba pizzas para tomar allí en una terracita.
Continuamos hasta St Germain de Livet, donde está uno de los castillos más bonitos que visto en mi vida, en medio de un jardín lleno de pavos reales y aves del paraíso y bordeado por un riachuelo en el que nadan los cisnes… de cuento. Las fotos son asombrosas, a pesar de que por ser lunes el castillo estaba cerrado y tuvimos que saltarnos el muro para poder verlo.
Igualmente bonita es la iglesia que hay enfrente, y el pequeño cementerio ajardinado.
A partir de aquí comenzábamos la famosa Ruta de la Sidra del País de Auge, así que comenzamos a cruzar caminos rurales, a través de campos de manzanos, parando en las granjas para degustar y comprar sidra local. Sobra decir que cargamos el coche.
En Cambremer está la Manoir la Brière del Fontaines ( http://www.esprit-calvados.com/en/domaine-pierre-huet-2/ ), una bonita granja donde está el museo de la sidra y te explican todo el procedimiento tanto de la sidra como del calvados, el famoso licor, que también es originario de esta zona. Luego también nos ofrecieron degustación, como no. La sidra de esta zona es dulce, intensa y riquísima. El calvados es solo para valientes. Y el gran descubrimiento del día: la sidra de pera, de sabor suave y muy dulce.
Beuvron en Auge es el último pueblo de la ruta, es un lugar encantado donde el paseo es obligado. Compramos en una tienda de la plaza un famoso pan hecho de sidra con trozos de manzana, un queso de la zona y un tarro de paté casero.
Encontramos alojamiento en Argences, en casa de Annick y Gérard Jautee (gites de france nº5012) una preciosa casa de madera presidida de un cuidado jardín repleto de flores. Nos alquilaron un ático con dos habitaciones y un baño y nos dejaron cenar nuestras provisiones en una mesa de madera con bancos en el jardín. Aunque tenían anunciado que el precio era 40 € la doble con desayuno, después de charlas un rato, dijeron que les pagáramos 30 € por que les caíamos muy bien.
Después de cenar, como aún había claridad y hacía una temperatura estupenda salimos a pasear por el pueblo para buscar algún sitio y tomar un café. Lo encontramos completamente vacío. Ni un alma por las calles. Y lo de encontrar una cafetería ya ni te cuento… así que a dormir prontito.
DIA 5
Era nuestro día histórico, dedicaríamos toda la jornada a la ruta del desembarco, empezando por Caen. El museo Memorial de la Paz es digno de mención, nos pareció muy interesante, así que le dedicamos casi toda la mañana.
Siguiente parada: Arromanches. Cuando baja la marea se ven los puertos artificiales que construyeron los americanos para bajar los tanques. Puedes pasear por la arena y tocar los restos que hay dispersos por toda la playa. Coincidimos con un grupo de militares ingleses jubilados y nos llamó la atención la cantidad de condecoraciones que llevaban, así que les preguntamos. Algunos habían luchado allí aquel día, otros habían perdido allí a sus hermanos, o habían ayudado a liberar los pueblos cercanos. Fue emotivo y a la vez interesante escucharles.
En Longues sur mer quedan intactas algunas de las baterías alemanas, puedes verlas y entrar en ellas.
Pointe du Hoc es un sitio clave para imaginar la barbarie, está intacto, ves no solo los restos de alambradas de espinos y de armamento, si no además los agujeros de las bombas, de un tamaño impresionante. Resulta imponente por que el paisaje es precioso, con los acantilados sobre el mar, pero a la vez ves los restos de la guerra y la mezcla te pone los pelos de punta.
Omaha Beach sobrecoge, sin querer evocas las imágenes de Salvar al Soldado Ryan o El Día D. El cementerio americano estaba cerrado cuando llegamos, nos hubiera gustado mucho visitarlo.
Entrando ya en el departamento de La Mancha la siguiente parada obligada es Utah Beach, llamada playa roja por la gente de allí, por que dicen que el color de la sangre tardó semanas en desaparecer. Paseas por la playa, es amplia, preciosa, tranquila, y no te haces una idea de cómo pudo ser. Aun quedan algunos restos oxidados de hierros sobresaliendo de la arena.
Llegados a St Mere Eglise buscamos alojamiento, encontramos La Ferme de Beauvais, una enorme mansión que en otros tiempos fue una granja, por 40 € nos dieron una habitación más grande que toda mi casa, con muebles antiguos y una cama digna de un rey. El desayuno estaba incluido.
Cenamos una pizza en un carrito de la plaza, por que no nos daban de cenar en ningún sitio, y nos fuimos a dormir.
DIA 6
Barfleur es un pintoresco pueblo pesquero del norte de la península, era un día plomizo y húmedo, y las fotos de los pescadores con los chubasqueros descargando los centollos y los pescados han quedado impresionantes. Dimos un paseo por la zona y continuamos camino parando en el Chateau de Tocqueville.
En Portbail nos costó situarnos, pues el pueblo está dividido en dos por una gran ensenada de un par de kilómetros que se llena con la marea. Fue nuestro primer encuentro con las famosas mareas de Normandía, las más grandes de Europa. Comimos en un bonito sitio de pescadores una espectacular sopa de pescado y el jamón a la sidra.
Pasamos por la Abadia de Lessay e hicimos una parada en el precioso Chateau de Gratot, donde hay una romántica leyenda de un hada que se convirtió en humana para casarse con un rey. La verdad es que todo el lugar tiene un halo romántico que te estremece. Un dato curioso: en este, como en otros tantos monumentos de la zona, la entrada cuesta unos 4 o 5 euros, pero no hay nadie cobrando en la puerta, solo hay una especie de hucha colgada en la entrada, y tú echas “voluntariamente” el dinero al pasar. Imagino que se forrarán con los españoles que pasen por allí… ironías aparte, el sitio merece que le dediquemos una parada.
Muchos kilómetros antes de llegar, ya divisas el Monte Saint Michel en el horizonte, y te entra la impaciencia. Primero paramos en Huisnes sur mer, donde encontramos habitación en Le Moulin de la Butte. 40 € con desayuno incluido una habitación cómoda, limpia y con vistas al Monte Saint Michel.
Primera sorpresa: es impresionantemente grande, según te vas acercando por el camino, te quedas sin respiración.
Segunda sorpresa: aparcamos el coche cerca de la entrada y nos dan un papelito para avisarnos que antes de las ocho hay que mover el coche por que se inunda el aparcamiento.
Tercera sorpresa: después de subir corriendo hasta la puerta del santuario, nos cerraron la puerta en las narices, cerraban a las seis y eran las seis menos diez. Casi nos da algo, y después de la carrera.
Sin dejar de sorprendernos por lo que veíamos recorrimos todas las callejuelas y disfrutamos de las vistas. Tomamos unas cervezas junto a las murallas y al acercarse la hora, fuimos a retirar el coche, aprovechando para ir a cenar a la zona de hoteles y restaurantes que hay justo antes de entrar en el camino que lleva al monte. Nos comimos una entremeses de mar riquísimos: ostras, mejillones, gambas… y un montón de bichos varios que no conocíamos.
Regresamos al monte para ver la puesta de sol y la subida de la marea. Creo que es uno de los momentos que mejor recuerdo del viaje. Simplemente: inolvidable. Cientos de personas alrededor nuestro se posicionaban para el espectáculo, todos con la misma cara de asombro, el agua avanzando al galope y el sol tiñendo de ocres, rosas, malvas y rojos el horizonte.
Nos costó, pero tuvimos que decir adiós al Monte Saint Michel y dejarlo allí, en la oscuridad, para ir a dormir.
DIA 7
Cerca de la casa visitamos un cementerio alemán, nos sorprendió que la mayoría de las tumbas que vimos, fueran de jóvenes soldados de entre 16 y 18 años. Te hace preguntarte el por qué de las guerras.
Llegamos a Dinard por la mañana, donde Beli y David tenían una boda. Ya teníamos reservado alojamiento es una especie de bungalow, así que soltamos las maletas y nos dedicamos a recorrer la ciudad. Muy bonita, la verdad. Como el día nos hizo tan bueno, por la tarde el sol quemaba y nos pusimos los bañadores para pasar una tarde playera. La locura del día: nos bañamos. Eso sí, durante un minuto y treinta y dos segundos, que es lo que tardamos en salir escopetados a por las toallas. El agua estaba completamente helada. El resto de la tarde nos dedicamos a encontrarnos con amigos de David y Beli que estaban por allí para la boda.
DIA 8 Como era el día de la boda, Joaquin y yo nos quedamos solos. Desayunamos crepes con chocolate en el puerto enfrente de una concentración preciosa de coches de época. Después cogimos un barco para cruzar hasta St Maló. Tambien es una ciudad impresionante. Echamos la mañana recorriendo las estrechas calles y las murallas, comimos mejillones con patatas y, tras una siesta junto a la playa, regresamos a terminar de ver Dinard, antes de cenar en el puerto y regresar al alojamiento.
DIA 9 Abandonamos Normandía por donde habíamos entrado, por el norte, y prometimos volver a aquel lugar que nos había tratado tan bien, y que nos promocionó unas fotos tan maravillosas y tan buenos recuerdos.