martes, 13 de julio de 2010

Normandía, Francia

Normandía, Francia.

Mayo 2005

Joaquin y Miriam
David y Beli

DIA 1 Entramos a la región de Normandía desde Bélgica por el norte, por el departamento (provincia) de Sena-Maritimo. Nuestra primera parada fue en el pueblecito Dampierre en Bray, donde habíamos llamado para reservar dos habitaciones en una casa rural, Le Pont de Dampierre (http://www.bedandbreakfastineurope.com/lepontdedampierre/english5.htm).  La casa nos encantó, las habitaciones grandes, camas grandes y, lo mejor de todo, al abrir la ventana hasta donde alcanzaba la vista eran praderías con ganado pastando y casitas salpicadas.
Dedicamos el día a hacer toma de contacto, paseamos por el pueblo y comimos un kebab en la plaza para no entretenernos demasiado. Luego visitamos un pueblo cercano que nos recomendaron, Gerberoy, donde nos recibió un enorme cartel con el reconocimiento de “pueblo más bello de Francia”. Y no sé si es el más bello, pero desde luego es precioso. Continuamos con el coche a través de verdes praderas infinitas y entramos en el departamento de Eure, donde visitamos Lyons la Foret, otro bonito pueblo donde está la casa de Maurice Ravel y un importante mercado cubierto. Pasamos por la Abadía de Mortemer y la última visita del día fue al Castillo de Vascoeuil. Regresamos a dormir a Dampierre.
DIA 2 Tras el riquísimo desayuno casero y en una hora de coche llegamos a Les Andelys, donde el Sena hace un curioso codo bordeado de jardines. El castillo, desde abajo parece precioso y entusiasmados buscamos la carretera de subida, pero ese día había una carrera de aficionados al ciclismo y no dejaban pasar a nadie. Así que resignados y tras un paseo por el borde del río, continuamos el viaje hasta Vernon, pueblo donde hay un precioso molino junto al río y algunos edificios destacados. También hay un castillo con unos jardines muy famosos, pero nos pareció caro y, por otro lado, el siguiente destino nos apetecía más, así que continuamos a Giverny, a visitar la fundación Claude Monet. No nos equivocamos. Pasamos el resto de la mañana entre curiosos jardines repletos de amapolas gigantes, lirios, rosas, girasoles y como no, nenúfares. Totalmente recomendable. La anécdota curiosa fue cuando pasé al cuarto de baño y, mientras esperaba la cola para entrar, una señora me pregunta algo en francés, con lo poco que chapurreo le explico que no hablo su idioma y que no la entiendo, y ella insiste de nuevo en su pregunta. Yo me encojo de hombros y le digo en español, señora, que no la entiendo, que no hablo francés, y entonces ella sale del baño muy enfadada y dando voces. Cuando salgo, les cuento a los demás lo que me ha pasado y Beli se echa a reir y dice que ella había visto a una señora salir del baño gritando en frances: pero qué maleducada, qué maleducada!! Pues parece que la maleducada era yo.
Desandamos el camino hasta Rouen, y dedicamos un par de horas a recorrer la ciudad: la catedral, la plaza, la puerta del reloj, el casco antiguo… Opiniones distintas: a mi me pareció preciosa, David dijo que era una perdida de tiempo. En fin, comimos una crepe para recobrar fuerzas y seguimos con la ruta.
El paisaje cambió y nos metimos dentro de un curioso cañón, bordeado por Las Rocas de Orival, esculpidas por el Sena. Vimos el castillo de Robert le Diable desde abajo y, en vista de que se ponía el día feo y amenazaba tormenta, aceleramos para llegar a las ruinas de la Abadia de Jumiegès. Las ruinas te dejan sin habla; las impresionantes torres, los arcos, el entorno… y justo cuando parecía que nos iba a caer el diluvio universal, el cielo se abrió por arte de magia y sacamos unas fotos espectaculares: los rayos de sol entrando a través de las ruinas, con el cielo negro de fondo.
De nuevo en el coche, y tras una breve discusión sobre donde alojarnos, continuamos a Fecam y vimos una impresionante puesta de sol en la playa. Cenamos junto a la playa en un romántico restaurante donde los platos tenían una decoración muy elaborada y donde nos sucedió la siguiente anécdota con el tema de los franceses y su idioma: junto a nuestra mesa había dos parejas de franceses, muy elegantes, de nuestra misma edad (entre 28 y 30 años), y cuando nos vieron hacer fotos a los platos decorados comenzaron a reírse de nosotros en francés, pensando que como entre nosotros hablábamos en español, no les íbamos a entender. David y Beli son belgas, y hablan francés, así que cuando escucharon lo que decían, les preguntaron en francés que si tenían algún problema. Ellos, muy avergonzados, pidieron disculpas y dijeron que había sido un malentendido y que en realidad se reían de otra cosa. Sí, sí, mucho vestido elegante pero educación, cero. Luego buscamos alojamiento en Fecam y alrededores, y tras varios intentos fallidos, encontramos una casa rural en Ecrainville, una bonita cabaña de madera en medio del bosque. 40€ con desayuno incluido.
DIA 3 Continuamos en Fecam donde lo habíamos dejado el día anterior. Visitamos el faro y los acantilado… ¡qué fotos! Y luego nos dirigimos al Palacio Benedictino. El museo muestra la vida monacal, un poco de historia y, lo que más nos gustó, la fabrica de licor Benedictine. Hay una sala enorme, con miles de especias y esencias traídas de todo el mundo, que se utilizan para dar aroma al licor, y puedes tocarlas, olerlas… y por ultimo una degustación de licor.
Nos trasladamos a Etretat, comimos a la hora francesa en una terraza del paseo y comenzamos la subida a los acantilados. Aunque en realidad no se tarda mucho, echamos casi dos horas por que cada tres pasos parábamos a mirar, a asomarnos al borde, a hacer fotos… cuanto más subíamos, más sensación daba, así que terminamos por tumbarnos en el suelo y asomar la cabeza. Después nos tiramos en la playa a beber unas cervezas rodeados de gaviotas.
Cruzamos el puente de Normandia con la misma ilusión que si estuviéramos en una montaña rusa y llegamos a Equemauville, donde nos alojamos en Ferme Chevalier (http://www.lafermechevalier.com/ ) , una preciosa granja. 45€ con desayuno. Nuestra habitación era enorme, con baño, y daba directamente al jardín por una gran puerta de madera. La de David y Beli tenía hasta cocina. Aunque teníamos muchas ganas de ver Honfleur, pudo con nosotros la animación de la granja, y nos dedicamos a fotografiar ocas, ovejas, caballos, conejos, patos, cabras… así que llegamos a Honfleur de noche. Nos pareció precioso. Cenamos en una terraza acristalada junto al puerto, con velas y unas vistas espectaculares. Donde nos atendió un simpático camarero que había trabajado en Benidorm varios años y tenía muchas ganas de conversación en español.
Pasear por el muelle, de noche, con todas las luces reflejadas en el agua, es todo un lujo. Así que nos entretuvimos un rato por allí, hasta que fuimos a dormir a nuestra granja.
DIA 4
Para empezar el día con risas, nada mejor que dejar la puerta de la habitación abierta mientras cerrábamos la maleta: se nos coló una cabra curiosa dentro de la habitación. Nos hizo perseguirla durante un buen rato hasta que la echamos fuera entre carcajadas. Desayunamos con ganas y, tras un paseo matinal por la granja, comenzamos el recorrido del día.
Primera parada Trouville sur Mer. Llovía a cantaros, así que tras un breve paseito, seguimos hasta Deuville, donde la lluvia ya había amainado un poco. Paseamos por el paseo marítimo, hecho de tablas de madera, y nos fotografiamos haciendo posturitas entre las coloridas sombrillas. En el interior del pueblo había mercado, y recorrimos los puestos mientras la gente compraba quesos, verduras y embutidos de todo tipo. Tenían jamón iberico ( a 200 eurazos el kilo) y aceitunas de Jaén.
Seguimos el camino haciendo una parada en la carretera para fotografiar el letrero de entrada de un pueblo que se llamaba Penedepie… ¿?????? Lógicamente, había que inmortalizarlo.
Paramos en Pont L´evêque, famoso por sus quesos pero que solo tiene un par de calles pintorescas que ves en diez minutos.
Lisieux es un pueblo grande, moderno, en el que no pararías si no fuera por su gran santuario de Teresa de Jesús. El edificio es precioso tanto por fuera como por dentro. Comimos en una panadería que preparaba pizzas para tomar allí en una terracita.
Continuamos hasta St Germain de Livet, donde está uno de los castillos más bonitos que visto en mi vida, en medio de un jardín lleno de pavos reales y aves del paraíso y bordeado por un riachuelo en el que nadan los cisnes… de cuento. Las fotos son asombrosas, a pesar de que por ser lunes el castillo estaba cerrado y tuvimos que saltarnos el muro para poder verlo.
Igualmente bonita es la iglesia que hay enfrente, y el pequeño cementerio ajardinado.
A partir de aquí comenzábamos la famosa Ruta de la Sidra del País de Auge, así que comenzamos a cruzar caminos rurales, a través de campos de manzanos, parando en las granjas para degustar y comprar sidra local. Sobra decir que cargamos el coche.
En Cambremer está la Manoir la Brière del Fontaines ( http://www.esprit-calvados.com/en/domaine-pierre-huet-2/ ), una bonita granja donde está el museo de la sidra y te explican todo el procedimiento tanto de la sidra como del calvados, el famoso licor, que también es originario de esta zona. Luego también nos ofrecieron degustación, como no. La sidra de esta zona es dulce, intensa y riquísima. El calvados es solo para valientes. Y el gran descubrimiento del día: la sidra de pera, de sabor suave y muy dulce.
Beuvron en Auge es el último pueblo de la ruta, es un lugar encantado donde el paseo es obligado. Compramos en una tienda de la plaza un famoso pan hecho de sidra con trozos de manzana, un queso de la zona y un tarro de paté casero.
Encontramos alojamiento en Argences, en casa de Annick y Gérard Jautee (gites de france nº5012) una preciosa casa de madera presidida de un cuidado jardín repleto de flores. Nos alquilaron un ático con dos habitaciones y un baño y nos dejaron cenar nuestras provisiones en una mesa de madera con bancos en el jardín. Aunque tenían anunciado que el precio era 40 € la doble con desayuno, después de charlas un rato, dijeron que les pagáramos 30 € por que les caíamos muy bien.
Después de cenar, como aún había claridad y hacía una temperatura estupenda salimos a pasear por el pueblo para buscar algún sitio y tomar un café. Lo encontramos completamente vacío. Ni un alma por las calles. Y lo de encontrar una cafetería ya ni te cuento… así que a dormir prontito.
DIA 5
Era nuestro día histórico, dedicaríamos toda la jornada a la ruta del desembarco, empezando por Caen. El museo Memorial de la Paz es digno de mención, nos pareció muy interesante, así que le dedicamos casi toda la mañana.
Siguiente parada: Arromanches. Cuando baja la marea se ven los puertos artificiales que construyeron los americanos para bajar los tanques. Puedes pasear por la arena y tocar los restos que hay dispersos por toda la playa. Coincidimos con un grupo de militares ingleses jubilados y nos llamó la atención la cantidad de condecoraciones que llevaban, así que les preguntamos. Algunos habían luchado allí aquel día, otros habían perdido allí a sus hermanos, o habían ayudado a liberar los pueblos cercanos. Fue emotivo y a la vez interesante escucharles.
En Longues sur mer quedan intactas algunas de las baterías alemanas, puedes verlas y entrar en ellas.
Pointe du Hoc es un sitio clave para imaginar la barbarie, está intacto, ves no solo los restos de alambradas de espinos y de armamento, si no además los agujeros de las bombas, de un tamaño impresionante. Resulta imponente por que el paisaje es precioso, con los acantilados sobre el mar, pero a la vez ves los restos de la guerra y la mezcla te pone los pelos de punta.
Omaha Beach sobrecoge, sin querer evocas las imágenes de Salvar al Soldado Ryan o El Día D. El cementerio americano estaba cerrado cuando llegamos, nos hubiera gustado mucho visitarlo.
Entrando ya en el departamento de La Mancha la siguiente parada obligada es Utah Beach, llamada playa roja por la gente de allí, por que dicen que el color de la sangre tardó semanas en desaparecer. Paseas por la playa, es amplia, preciosa, tranquila, y no te haces una idea de cómo pudo ser. Aun quedan algunos restos oxidados de hierros sobresaliendo de la arena.
Llegados a St Mere Eglise buscamos alojamiento, encontramos La Ferme de Beauvais, una enorme mansión que en otros tiempos fue una granja, por 40 € nos dieron una habitación más grande que toda mi casa, con muebles antiguos y una cama digna de un rey. El desayuno estaba incluido.
Cenamos una pizza en un carrito de la plaza, por que no nos daban de cenar en ningún sitio, y nos fuimos a dormir.
DIA 6
Barfleur es un pintoresco pueblo pesquero del norte de la península, era un día plomizo y húmedo, y las fotos de los pescadores con los chubasqueros descargando los centollos y los pescados han quedado impresionantes. Dimos un paseo por la zona y continuamos camino parando en el Chateau de Tocqueville.
En Portbail nos costó situarnos, pues el pueblo está dividido en dos por una gran ensenada de un par de kilómetros que se llena con la marea. Fue nuestro primer encuentro con las famosas mareas de Normandía, las más grandes de Europa. Comimos en un bonito sitio de pescadores una espectacular sopa de pescado y el jamón a la sidra.
Pasamos por la Abadia de Lessay e hicimos una parada en el precioso Chateau de Gratot, donde hay una romántica leyenda de un hada que se convirtió en humana para casarse con un rey. La verdad es que todo el lugar tiene un halo romántico que te estremece. Un dato curioso: en este, como en otros tantos monumentos de la zona, la entrada cuesta unos 4 o 5 euros, pero no hay nadie cobrando en la puerta, solo hay una especie de hucha colgada en la entrada, y tú echas “voluntariamente” el dinero al pasar. Imagino que se forrarán con los españoles que pasen por allí… ironías aparte, el sitio merece que le dediquemos una parada.
Muchos kilómetros antes de llegar, ya divisas el Monte Saint Michel en el horizonte, y te entra la impaciencia. Primero paramos en Huisnes sur mer, donde encontramos habitación en Le Moulin de la Butte. 40 € con desayuno incluido una habitación cómoda, limpia y con vistas al Monte Saint Michel.
Primera sorpresa: es impresionantemente grande, según te vas acercando por el camino, te quedas sin respiración.
Segunda sorpresa: aparcamos el coche cerca de la entrada y nos dan un papelito para avisarnos que antes de las ocho hay que mover el coche por que se inunda el aparcamiento.
Tercera sorpresa: después de subir corriendo hasta la puerta del santuario, nos cerraron la puerta en las narices, cerraban a las seis y eran las seis menos diez. Casi nos da algo, y después de la carrera.
Sin dejar de sorprendernos por lo que veíamos recorrimos todas las callejuelas y disfrutamos de las vistas. Tomamos unas cervezas junto a las murallas y al acercarse la hora, fuimos a retirar el coche, aprovechando para ir a cenar a la zona de hoteles y restaurantes que hay justo antes de entrar en el camino que lleva al monte. Nos comimos una entremeses de mar riquísimos: ostras, mejillones, gambas… y un montón de bichos varios que no conocíamos.
Regresamos al monte para ver la puesta de sol y la subida de la marea. Creo que es uno de los momentos que mejor recuerdo del viaje. Simplemente: inolvidable. Cientos de personas alrededor nuestro se posicionaban para el espectáculo, todos con la misma cara de asombro, el agua avanzando al galope y el sol tiñendo de ocres, rosas, malvas y rojos el horizonte.
Nos costó, pero tuvimos que decir adiós al Monte Saint Michel y dejarlo allí, en la oscuridad, para ir a dormir.
DIA 7
Cerca de la casa visitamos un cementerio alemán, nos sorprendió que la mayoría de las tumbas que vimos, fueran de jóvenes soldados de entre 16 y 18 años. Te hace preguntarte el por qué de las guerras.
Llegamos a Dinard por la mañana, donde Beli y David tenían una boda. Ya teníamos reservado alojamiento es una especie de bungalow, así que soltamos las maletas y nos dedicamos a recorrer la ciudad. Muy bonita, la verdad. Como el día nos hizo tan bueno, por la tarde el sol quemaba y nos pusimos los bañadores para pasar una tarde playera. La locura del día: nos bañamos. Eso sí, durante un minuto y treinta y dos segundos, que es lo que tardamos en salir escopetados a por las toallas. El agua estaba completamente helada. El resto de la tarde nos dedicamos a encontrarnos con amigos de David y Beli que estaban por allí para la boda.
DIA 8 Como era el día de la boda, Joaquin y yo nos quedamos solos. Desayunamos crepes con chocolate en el puerto enfrente de una concentración preciosa de coches de época. Después cogimos un barco para cruzar hasta St Maló. Tambien es una ciudad impresionante. Echamos la mañana recorriendo las estrechas calles y las murallas, comimos mejillones con patatas y, tras una siesta junto a la playa, regresamos a terminar de ver Dinard, antes de cenar en el puerto y regresar al alojamiento.
DIA 9 Abandonamos Normandía por donde habíamos entrado, por el norte, y prometimos volver a aquel lugar que nos había tratado tan bien, y que nos promocionó unas fotos tan maravillosas y tan buenos recuerdos.

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