lunes, 23 de mayo de 2011

Valonia, Bélgica

Bélgica es un país precioso lleno de cosas interesante para visitar, pero casi todo el mundo que va a Bélgica se limita a recorrer el norte del país, Flandes, donde ciudades como Gante, Brujas o Amberes acaparan merecidamente la atención.

 Yo propongo un recorrido precioso por el sur del país, por Valonia, donde podréis disfrutar de campos de un verde infinito, ciudades encantadoras, pueblos típicos y miles de actividades.


Esta es la octava vez que voy a Bélgica, país que conozco por completo, y en esta ocasión nos hemos centrado en Valonia, desde Bruselas al sur.



Nos alojamos, cómo siempre,  en Namur, capital de Valonia, una ciudad grande presidida por una ciudadela y rodeada por el río Mosa y el Sambre.

 Este es un punto estratégico para recorrer toda la región, ya que cualquier punto está como máximo a una hora de esta ciudad. 


Namur ya es en sí misma una bonita ciudad para comenzar a explorar, llena de rincones encantadores y paseos peatonales





 Todo el centro está lleno de cafés y restaurantes encantadores. Y no podéis dejar de visitar alguna de sus muchas pastelerías y bombonerías, son auténticas obras de arte. 





A visitar: la catedral, la ciudadela y las numerosas plazas y callejas.






 El sábado por la mañana un mercado tradicional inunda las calles del centro, donde podréis comprar cucuruchos de patatas fritas o de caracoles, dos de los productos más típicos. Además de un sin fin de puestos de productos artesanos como quesos, embutidos, vinos, mermeladas, flores, pan…






 Los habitantes de Namur son gente amable, con fama (no sé si merecida o no) de lentos, de hecho, el emblema de la ciudad es el caracol, en una de las plazas podéis haceros una foto con la simpática estatua de dos cazadores de caracoles.


Uno de mis sitios favoritos de Namur: Hotel les Tanneurs. Estuvimos un aniversario en este hotel y nos encantó. Tiene muchísimo encanto y es perfecto para una noche especial. En el mismo hotel hay dos restaurantes estupendos, Le Grill des Tanneurs, un restaurante de carnes donde todo está riquísimo, de precio medio. Y L´Esplièglerie, un restaurante muy lujoso donde por unos 45/55 euros por persona tienen unos menús degustación inolvidables. Lo dicho, para una noche especial. http://www.tanneurs.com

Muy cerca de aquí están los jardines de Annevoie, los únicos jardines acuáticos del país. www.jardins.dannevoie.be


Desde Namur, recomiendo algunas distintas jornadas para conocer esta parte del país.

1ª Jornada:
   Salir de Namur por la 92 en dirección a Dinant ya es un espectáculo en sí mismo, la carretera sigue el río entre dos cañones, siempre rodeados de hierba verde, flores y casitas de campo.
 No podréis evitar hacer alguna parada en Wépion, para admirar las vistas y pasear por el borde del río. Este pueblo es famoso por sus heladerías y por sus fresas, las más nombradas del país, que a pesar de su color (es un rojo claro, a simple vista parece que aún no estuvieran maduras) son las más dulces y jugosas que he probado en mi vida.

 Primera parada en Bouvignes, para ver el pueblito, la casa del mercado y la torre de Crèvecoeur. Al otro lado del río está Leffe, con su abadía Notre Dame de Leffe (se puede visitar), conocida de sobra por los amantes de la cerveza.
Si Dinant ya es bonito desde lejos, según te acercas te impacta aún más. En el pasado, a Dinant sólo se podía acceder en barco, ya que por un lado de la ciudad, el famoso peñón Bayard se abalanzaba sobre el agua y bloqueaba completamente la orilla, y por el otro lado había una leprosería. Los valles que la rodean ofrecen majestuosos castillos y abadías, museos, fábricas de cervezas artesanales y varias cuevas en medio de una naturaleza impactante. Desde el teleférico que lleva hasta la ciudadela, colgada a 100 m por encima de la ciudad, la vista sobre el Mosa es vertiginosa. Pero es mejor bajar andando por unas interminables escaleras que dan las mejores vistas. Muy cerquita de allí está Falaën, que se caracteriza por las casas de piedra y las torres del castillo-granja. Hay que recorrer las callejuelas del centro y luego acercarse al castillo de Montaigle, dando un bonito paseo. Allí se puede visitar el museo de las cofradías ( www.molignee.be) y también se puede pedalear en vagonetas por el valle. Por el mismo valle se llega a Maredret, un pueblo artesanal donde visitar el molino, la abadía, los museos de la madera y de la vida rural y la galería de artesanos. Un poco más al oeste, pero cerca, está el Castillo de Walzin, el parque de Furgooz, el Castillo Noisy o el castillo Vêves. Regresemos a Namur.



2ª Jornada:
Durbuy está situada en el valle del río Ourthe y presume del título de ciudad más pequeña del mundo.



 Callejuelas de piedra gris, casas cubiertas de hiedra, jardines floridos,  un castillo bordeado por el río… el paseo por Durbuy está lleno de encanto, y se puede aprovechar para visitar sus numerosas tiendas de decoración y regalos, tan originales que no sabréis qué comprar.





Aunque hay muchos restaurantes recomendados, con una cuidada decoración y una carta sorprendente, nosotros elegimos la Micro-Brasserie La Ferme au Chêne, una micro fabrica del cerveza donde se puede degustar embutidos de la zona, patés caseros, salchichas curadas y quesos. Se come estupendamente en un ambiente hogareño y con un trato muy familiar. Por supuesto la cerveza es excelente. Después de la comida, se puede visitar la fábrica gratuitamente y ver un vídeo con la explicación del proceso y los ingredientes.
A nosotros nos encantó.

Durbuy es un sitio especialmente romántico y muy recomendable para aniversarios y momentos especiales, la mayoría de los hoteles tienen ofertas específicas para estos casos y ofrecen paquetes de alojamiento, desayuno y cena en torno a los 100 o 150 euros. Y te decoran la habitación con velas, flores…
 Pero las opciones no acaban ahí, hay muchas empresas de multiaventuras que proponen bajar el río en canoas, cruzar el bosque en tirolina o hacer rutas a caballo, en bici… Y para los niños una idea estupenda: el laberinto de maíz ( www.lelabyrinthe.be ), donde personajes medievales te esperan para perseguirte y divertirte.



 Dejemos la ciudad más pequeña del mundo para acercarnos a Wéris, un pequeño pueblo donde pasear entre casitas de piedra en medio de un paisaje de llanuras y bosques. La promenade des légendes (el paseo de las leyendas) te lleva por un circuito de dólmenes y menhires. Se puede visitar el antiguo horno de pan, que los domingos aun funciona, el castillo granja (aunque es privado, se puede ver por fuera) y el museo de los megalitos.

La carretera por esta zona está rodeada de praderas verdes y campos sembrados de flores.







 Un poco más adelante, en Ny, encontraremos un pueblo lleno de fuentes y capillas.

 Muy bonito es también el castillo granja, aunque es privado y no se puede entrar, se puede ver por fuera la estructura y los puentes levadizos.

 No hay que perderse el molino Faber y las grutas de las mil y una noches.



Solo hay que conducir media hora para llegar a Rochefort, un pueblo con encanto y fabricas de cerveza (Rochefort Trappist) desde el que se accede a las Grutas de Hans (en el pueblo vecino Han-sur-Lesse) , unas impresionantes cuevas que te harán bajar a las mismísimas entrañas de la tierra por un entramado de pasillos y escaleras, para salir después al otro lado de la montaña en barco por el río. Son las cuevas más impresionantes que he visto, pero hay que llevar algo de abrigo, según vas descendiendo baja la temperatura considerablemente.

Junto a las grutas, un safari hace las delicias de los niños al llevarles en trenecito por un circuito donde verán animales de todo tipo.

Muy cerca de aquí, el pueblo de Nassogne domina un precioso conjunto de colinas, valles y bosques, y ofrece muchas opciones para excursiones y paseos. Se puede visitar la colegiata de Saint-Monon, la fuente La Pépinette, el castillo de agua, el pabellón Bonaparte y la ganadería Bergerie Mulders. También está cerca el castillo de Hargimont.

Ya de regreso a Namur, haremos una última parada en Crupet, un pequeño pueblo en la ladera de un estrecho valle, con un torreón del siglo XII, numerosas granjas, molinos y capillas. Así como el castillo de los Carondelet. Aunque para mí, lo más curioso de este pueblo, son las grutas artificiales dedicadas a San Antonio de Padua, donde el aspecto grotesco de las estatuas se acentúa con el cementerio que lo rodea. Un sitio realmente pintoresco, que casi da miedo.

3ª Jornada.
Vamos a tomar la autovía en dirección Lieja, pero pronto haremos la primera parada en Mozet, donde la Granja de Royer acapara toda la atención. Caminando por la rue du Tronquoy se llega a lo alto del pueblo, dominado por el castillo de Mozet.
 Continuamos un poco hasta Thon-Samson, el corazón del pueblo ha conservado su encanto de antaño y la iglesia y el castillo – granja presiden el pueblo. Los peñascos de más de 100 metro que lo rodea están declarados de interés natural y ofrecen una vista preciosa. Se puede ver el castillo fortaleza de Samson y la reserva natural de Samson-Demoiselles.

Antes de llegar a Lieja, nos desviaremos para ver el precioso Castillo de Jehay.







 El simple hecho de verlo por fuera ya merece la pena, pero sin duda lo mejor son sus jardines, el puente que atraviesa los fosos, los senderos, cenadores, fuentes, pequeñas cascadas y ninfas.









 Acomodadas a lo largo de los jardines, las estatuas de Van Den Steen parecen a punto de cobrar vida.

El castillo abre al público a partir del medio día y por la tarde, así que todo el que quiera visitar los jardines, que lo tome en cuenta. Por la mañana, solo puede verse por fuera. ( www.prov-liege.be/culture/jehay.htm)





Lieja es una gran ciudad industrial, aunque cuenta con un casco histórico interesante, testigo de la época en que fue capital episcopal milenaria. La verdad es que nunca le he dedicado mucho tiempo a esta ciudad. A destacar el palacio de los príncipes- obispos, el edificio gótico civil más amplio del mundo, con su patio rodeado de galerías. La Ciudad Ardiente conserva vestigios de su pasado como principado independiente.
En la Abadía du Val-Dieu, a media hora de Lieja, se puede degustar cerveza casera, queso y salchichas. ( www.val-dieu.com )

Desviarse hasta Spa es un placer, ya que dejamos la autovía para meternos en carreteras bordeadas de bosques y praderas. Esta ciudad balneario debe su reputación a las virtudes curativas de los manantiales de agua mineral. La plaza tiene mucho encanto y la principal atracción son las fuentes y manantiales, repartidas por toda la ciudad, donde se puede beber el agua caliente y curativa de Spa. Las Termas, que tienen preciosas vistas a las Fagnes, os embarcarán en un viaje acuático sorprendente. Hay que aprovechar y mirar las ofertas para tomar algún tratamiento y pasar una tarde relajada. Nosotros sobrevolamos el pueblo en la avioneta de un amigo, y nos encantó.

Hacia el sur, en Petit Coo, encontramos las cascadas de Coo y el Plopsa Coo, un parque de atracciones que encantará a los niños. La entrada es gratuita y luego pagas las atracciones a las que quieras subir. Hay grandes toboganes que bajan por la montaña, teleféricos y todo tipo de atracciones, restaurantes, etc. No es un típico parque de atracciones pues muchas de estas están integradas con la naturaleza.

 Otros sitios interesantes en los alrededores: el viaducto rojo de Vennes, el castillo Froidcourt, y el bonito parque de Ninglinspo (en Noncéveux).

Como a media hora de Lieja, aunque nos salimos de Bélgica, podemos hacer una visita a Maastrich, ya en Holanda, ya que es una ciudad realmente bonita.


 


4ª Jornada.
Hacia el oeste, visitamos la bonita ciudad de Mons , visible desde el campo el campanario de la atalaya, con cúpulas bulbosas, anuncia desde lejos una de las ciudades más bonitas de Valonia. La torre se funde en el corazón histórico de la ciudad que a la sombra de sus murallas no vió pasar la revolución industrial de la región. Posee interesantes museos, y sus alrededores gozan de un patrimonio industrial importante. El casco antiguo, dominado por su Plaza Mayor, la atalaya y la colegiata de Sainte Waudru ha conservado una unidad arquitectónica notable que se descubre paseando por sus callejuelas peatonales. En cuanto a fiestas populares, la ciudad se anima despues del Pentecostés con la procesión del Car D´Or y el Lumeçon, combate entre San Jorge y el dragón. Mons será capital Europea de la cultura para el 2015.

Visita:
http://www.belgica-turismo.es