miércoles, 18 de agosto de 2010

Costa Oeste 2008

La aventura por la Costa Oeste.
Aventureros: Miriam y Joaquin, Marta y Leo.
Duración: 19 a 30 de septiembre de 2008.
Estados recorridos: California, Arizona, Utah y Nevada.
Viernes 19 de Septiembre
Salimos de Madrid a las 9 a.m. con Delta Airlines rumbo a Atlanta. 803 € por los cuatro vuelos que cogeríamos en total. El vuelo sin problemas, puntual y en un avión genial, con asientos cómodos y un monitor de pantalla táctil para cada uno. Podías ver películas, escuchar música o jugar con videojuegos. La comida en el avión sorprendentemente buena. Las nueve horas se pasaron volando.
 En Atlanta pasamos los controles rápidamente y sin incidentes, dimos con gente muy amable. Recogemos maletas, las volvemos a embarcar, nuevo check in, y tras dos horas de espera en las tiendecitas de la terminal (sin parar de alucinar por que ya estábamos en Estados Unidos) despegamos de nuevo con dirección San Diego. Seis horas más en un avión menos cómodo, con peli solo en inglés y solo bebidas incluidas. Pero todo bien. En total 16 horas de viaje.
 Aterrizamos a las 6:00 p.m. hora local. ¡Qué bien funciona este aeropuerto! En menos de media hora hemos recogido las maletas salido del aeropuerto, tomado el shuttle y llegado a la oficina de alquiler de coches, que en esta ocasión es Dollar. Lo alquilamos a trabes de www.ealquilerdecoches.com , un Dodge Caliber bastante grande, 12 días, con seguro a todo riesgo, tres conductores, 230 €. Primer problema: el coche es muuuy grande, pero nuestras cuatro maletas también, así que toca jugar al tetris un ratito hasta que las acoplamos. Arrancamos, preparados, listos… ya! Salimos de la oficina de alquiler mapa en mano, el hotel se supone que está muy, muy cerca. Encontramos la calle… no se puede girar en ningún sitio, intentamos un cambio de sentido… mierda, por aquí no… ¿es que esta gente no sabe lo que son las rotondas? Quince minutos después volvemos a aparecer en la puerta de la oficina de Dollar, y ¡sorpresa! Nuestro hotel está a continuación, justo el siguiente edificio. Si ya decía yo que estaba cerca.
 El Motel 6 Airport Harbord (48€ imp. incluidos) (http://www.motel6.com/reservations/motel_detail.aspx?num=4280) tiene parking, así que sin problema, la chica de la recepción habla español, nos hace el check in, nos da la llave y nos indica donde podemos cenar. La habitación es genial, enorme, cómoda, limpia, con una pedazo de cama king size y terraza (con vista al aparcamiento). Tiramos las maletas en el suelo y corriendo nos dimos un baño en la piscina, que era lo que más apetecía en el mundo. El hotel tenía una pega, esta junto al aeropuerto, los aviones que van a aterrizar pasan justo por encima, y un tren pasa por detrás dando bocinazos cada media hora. La escandalera es considerable. Nos preocupamos y le preguntamos a la chica de recepción, quien nos tranquiliza diciendo que a las once restringen los vuelos y los trenes hasta las seis de la mañana. Paseamos por los alrededores, encontramos el restaurante recomendado por la recepcionista y nos encanta. Se llama Fat City SteakHouse (http://www.fatcitysteakhouse.com/), y es una especie de Burguer de lujo, decorado como si fuera un restaurante caro con lámparas tiffany y cristaleras de colores. Nos comimos la mejor hamburguesa del mundo, que nos supo a gloria bendita. Casi arrastrándonos del agotamiento regresamos al hotel, y no sé si restringieron de verdad los aviones y los trenes, pero el caso es que caímos en la cama rendidos y nos dormimos (¿o tal vez nos desmayamos de agotamiento?) sin oír nada. Eran las 10:30 p.m. hora local en San Diego, pero para nosotros con las nueve horas de diferencia, eran las 7:30 a.m. Llevábamos despiertos más de 24 horas. Dormimos como angelitos.
Sabado 20 de Septiembre
A las 5:00 a.m. los ojos como platos, jet lag a la vista. Ya no había forma de dormir, así que reorganizamos las maletas, planeamos el día, bajamos a recepción a tomarnos un café, y con la primera luz del amanecer bajamos las maletas al coche. Joaquín tenía una nueva teoría sobre cómo podrían colocarse mejor las maletas, así que lo intentamos… pero no, al final las colocamos como el día anterior y salimos del hotel dirección al puerto. No dejábamos de alucinar, gritábamos todo el tiempo señalando con el dedo por la ventanilla, qué calles, qué coches, qué edificios… sí, de verdad, ya estábamos en Usa, y parecía que no iba a llegar nunca!!!
En el puerto aparcamos sin pagar por que eran las 6 y la zona azul comenzaba a las 8. Vimos por fuera los barcos del museo marítimo: un par de veleros, un submarino… nos gustó bastante. Acababa de amanecer y el paseo del puerto se llenó de joggers y paseantes. De ahí hacia el Seaport Village, visitando el portaviones, la estatua del beso entre el marine y la enfermera, y los edificios de madera donde están los restaurantes. Realmente muy pintoresco. Nos entró hambre y entramos en un restaurante que tenía una terraza con vistas a la bahía, el Edgewater grill (http://www.edgewatergrill.com). Nos metimos un pedazo de desayuno americanos con huevos, bacon, muffins, pancakes, zumo, café… es que teníamos ganas de probarlo todo! Mientras desayunamos, vimos alucinados unas focas nadando en la bahía. Tras una vueltecita más por el Seaport, cogimos el coche y atravesamos el puente a Coronado Island. Las vistas desde el puente son impresionantes, parece que estas subido en una atracción de feria. Queríamos ver solo el Hotel del Coronado, pero al salir del puente nos encontramos con unas enormes explanadas de hierba donde un montón de equipos infantiles jugaban al fútbol. Nos encantó el ambiente, los niños con sus equipaciones, los padres sentados en mantas en el suelo animándoles… estuvimos un buen rato por allí, animando y haciendo fotos. Aparcamos el coche junto a la playa del hotel, una playa tan larguíiiiiisima, que llegas a la orilla con un dolor de gemelos que te mueres. Paseamos por la orilla y nos mojamos los pies en el Pacífico (pero solo los pies, que el agua estaba que cortaba la circulación). Hace un día de sol y calor estupendo y la playa está llena de gente. Visitamos el hotel por dentro, nos encantaron las preciosas tiendas de regalos, tienen cosas que aquí no encontrarías en ningún sitio. Era muy emocionante estar allí. Recuerdo una vez, cuando yo tenía unos quince años, que vi una película sobre un fantasma en un hotel que estaba rodada allí, y recuerdo perfectamente pensar cómo me gustaría estar en un hotel tan bonito. Y allí estábamos, paseando por su piscina, emulando a Marilyn Monroe, Tony Curtis y Jack Lemmon en con faldas y a lo loco, muertos de risa.
 Atravesamos de nuevo el puente y aparcamos en el Gaslamp Quarter. Dimos una vuelta por el barrio, que tiene un ambiente muy chulo y un millón de restaurantes, pero no vimos nada especial para visitar. Nos tomamos unas cervezas en un bar y nos planteamos si comer por allí, pero el desayuno aún nos tenía llenos, así que tras una última vuelta por el Horton Plaza, un centro comercial de diseño, salimos de la ciudad dirección norte. Paramos en La Joya. Vimos los Coves, que son unas calas llenas de cuevas, las focas, los pelícanos, un montón de gente haciendo Kayak, snorkel… si hubiéramos tenido un día más en San Diego, nos hubiera encantado hacerlo, por que tenía pinta de ser precioso. Junto a la playa, nos sentamos un rato en una gran explanada verde llena de gente de picnic, jugando a la pelota o lanzando el frisbi. Como hay tan buen ambiente, nos toca hacer un gran esfuerzo por levantarnos e ir al coche.
 Tomamos la autopista dirección Los Ángeles. Paramos a comer en un área de servicio a mitad de camino, otra vez hamburguesas muy ricas y enormes y una gran fuente de nachos con queso fundido, y llegamos a la calle del hotel sin problemas aproximadamente en 2 horas y media desde San Diego y sin contar la comida.
 Nos costó un poco encontrar el hotel, por que el letrero estaba parcialmente tapado por la vegetación, pero finalmente aparcamos en la puerta, hicimos el check in sin problemas, vemos la habitación y todo genial. Íbamos con un poco de miedo, por que después de reservar el hotel vimos algunas críticas malísimas en internet, pero la verdad es que a nosotros nos pareció muy bien. Es el Hotel Los Angeles Adventurer (52 € imp. incl)(http://www.laadventurerhotel.com/Pictures.html), Century Blvd, en el barrio de Inglewood. Las habitaciones están rodeadas de una especie de selva tropical, tiene piscina exterior climatizada, y un montón de cosas de cortesía (lo que viene a ser gratis) como desayuno, meriendas, café todo el día, galletas, palomitas, copas de champán… La habitación enorme, con cama king de nuevo, y tontos de nosotros, no sabíamos que las habitaciones eran suites dobles, vamos, que cada habitación son dos habitaciones separadas con una puerta y con un baño… así que como habíamos reservado dos, resultó que para dos parejas teníamos cuatro habitaciones con cuatro camas king size.
 Se nos echa el tiempo encima viendo el hotel y salimos pitando a Santa Mónica. Nos hacemos un lío y tardamos un montón en llegar, y encima vemos que  allí  anochece súper pronto!! Esto nos desbarata un poco los planes. El sol se pone a las 6:50 p.m. lo cual chafa nuestros planes de pasar un rato agradable en la playa, ya que llegamos a las 6:30, pensando que aún pillaríamos mínimo una hora de sol, y de eso nada, llegamos justito para pegarnos el caminatón por la playa (madre mía, qué playas tan largas) y sentarnos a la orilla a ver la puesta de sol, junto a los vigilantes de la playa, que están ya montados en sus coches amarillos preparados para marcharse. Había una boda en la playa, junto a nosotros, y estaban todos los invitados viendo la puesta de sol. Subimos a las casetas de los vigilantes, hacemos un poco el tonto y mil fotos, muertos de risa.
 Movemos el coche dos kilometros y vamos derechitos al Pier. Qué emocionante!! Paseamos entre las atracciones y aunque hace un frío que pela (por Dios, allí cuando se pone el sol te teletransportas al polo norte), valientes de nosotros subimos a la noria. ¿Cómo íbamos a perdernos la experiencia? Cenamos Fish and chips, lo que viene a ser filetes de pescado rebozados y fritos con patatas, en uno de los restaurantes del pier, el Rusty´s Surf Ranch (http://www.rustyssurfranch.com) y nos vamos a dormir, reventados y deseosos de continuar por la mañana con nuestra aventura. En la piscina del hotel había una fiesta tremenda montada y aunque nos apetecía un montón quedarnos, no podíamos más. Nuevamente no sabemos bien si el ruido de la fiesta en la piscina se oía o no desde la habitación, pues perdimos el conocimiento nada más caer en la cama. Mañana será otro día.
Domingo 21 de Septiembre
De pie a las 7:00 a.m. Aprovechamos el desayuno gratis del hotel, un café y un muffin gigante con arándanos muy rico, y cogemos carretera al Downtown: rascacielos, Walt Disney Hall, Civic Center, Catedral de nuestra señora de Los Ángeles (muy fea para mi gusto, ni siquiera parece una catedral, vamos que si vieran la Catedral de Toledo alucinarían)… caminamos hasta Olvera Street y vemos El Pueblo de Los Ángeles, con mucha animación ya que era domingo, muchos puestos mejicanos, muchos hispanos con ganas de conversación. Visitamos Casa Ávila, que se supone que es la casa más antigua de LA, y la colonial Union Station. Charlamos con la gente, hacemos amigos, intercambiamos emails... Tras una buena caminata movemos el coche y aparcamos en Hollywood Blvd., empezamos a ver estrellas en el suelo: Walt Disney, Cary Grant, Jackie Chan, Kevin Spacey , Sharon Stone, Mickey Mouse!! Nos hartamos de hacer fotos a las estrellas y a los luminosos de todos los teatros de la calle.
 Marta y yo entramos a una tienda muy chula y comenzamos a mirar cositas. La ropa y los complementos muy baratitos gracias al cambio de euro a dóla, así que nosotras como locas. En esto que entran los chicos  y nos dicen que están fueran esperando tranquilamente  y que nos tomemos todo el tiempo que necesitemos con las compras… uy, raro, raro… pagamos nuestras compras y salimos a buscarlos. Los encontramos muuuuy entretenidos viendo una sesión fotográfica de Miss Reina Latina. Diez chicas guapísimas posando en el teatro Kodak. Tras la entretenida sesión con las Reinas y las Princesas Latinas, y tras dar una vueltecita por el centro comercial Kodak y ver por primera vez el letrero de Hollywood, llegamos al teatro chino y nos emocionamos un montón. Cada uno fuimos buscando nuestros actores favoritos para ver sus huellas, hay muchísimos… y mucha gente caminando por encima, era casi imposible sacar una foto sin gente pasando o sin sombras por encima. La calle estaba llena de gente disfrazada, cobran por hacerles fotos, pero nosotros hicimos un montón al despiste y solo dimos unas monedas a los que nos gustaron más. Estaba Jack Sparrow, Optimus Prime, Jason, Spiderman, Charlot, Blancanieves, Marilyn, Batman… el que nos pareció más original fue uno que iba disfrazado del arlequín de Saw, con triciclo y todo… daba un miedo!!! Comimos unos burritos en un mexicano de Holliwood Blvd. y cogimos el coche para subir al observatorio Griffith. Estaba lleno de gente, así que tuvimos que aparcar el coche bastante lejitos y subir la cuesta andando. Llegamos con temblequera de piernas, pero nos gustaron mucho las vistas de la ciudad y de las letras de Hollywood. Lo de dentro no nos emocionó demasiado, pero justo cuando salíamos entraron dos chicos con ropa de deporte, venían de correr e iban todo sudados, pero cuando nos cruzamos yo reconocí a uno de ellos, era uno de los protas de la peli 21 Blackjack, que casualmente habíamos visto un par de días antes del viaje. Tampoco es que fuera demasiado famoso, pero le hicimos una fotillo, que para uno que vemos!!
De ahí a La Brea Tarpits. Nos habían dicho que no era gran cosa, pero a nosotros nos hizo bastante gracia. Es un parque con unos lagos y ves el agua burbujeando y las manchas de brea flotando. Allí encontraron unos huesos de mamut y como recordatorio hay unas figuras de mamuts hundiéndose en la brea… de un agujero en el suelo del camino salía brea, como alquitrán muy espeso, y habían puesto un cono naranja para evitar que la gente lo pisara, pero la brea burbujeaba de vez en cuando y el cono parecía un volcán, escupiendo y todo lleno de churretes negros.
 Lo siguiente la parada del glamour: Rodeo Drive. Aunque era domingo, la mayoría de las tiendas estaban abiertas y nos paseamos por allí esperando encontrarnos con Paris Hilton, pero no, debía tener cosas que hacer. Pasamos frente a los escaparates más lujosos del mundo con la boca abierta. Como nuestro bolsillo no daba para compras de lujo, condujimos hasta Beberly hills, y mapa de las estrellas en mano, fuimos buscando las casas de todos los famosos que nos gustaban. Fue muy divertido, nos moríamos de la risa. Así vimos la casa de los Beckan, de Sharon Stone (tuvimos que despegar a los chicos de la reja, no se querían ir ni a tiros), de Stallone, la super mansión de Aaron Speeling… la anécdota más curiosa ocurrió cuando encontramos la mansión Playboy, vimos salir una super limusina blanca con las lunas tintadas, y nos dio la curiosidad por que la mansión está totalmente vallada y no se ve nada desde fuera, así que paramos el coche y  nos acercamos andando hasta  las rejas de la puerta a ver si se podía echar un vistazo, cuando por algún altavoz una voz de tiarrón de dos metros nos dice que de qué vamos. No es que entendiéramos todo lo que dijo, pero entendimos lo básico: largo. Así que nos metimos al coche de un salto y salimos de allí pitando hasta la siguiente esquina, donde tuvimos que parar por que no podíamos más de la risa. Qué experiencia, nos habían echado de la mansión Playboy!!! Igualito que a Will y Carlton en El Principe de Bel Air!!! Eso no lo vive uno todos los días.
 Recorrimos Beberly Hills y Bel Air y regresamos al hotel sobre las 6 de la tarde con la idea de cambiarnos y volver a Santa Monica. Habían puesto un buffet gratuito de patatas fritas, pescado frito, nachos y tarta, aunque era pronto, nos animamos y nos tomamos algo. Enseguida nos vimos integrados en el ambiente del hotel: tomando margaritas y combinados, haciendo amigos, cantando y riéndonos con el resto de los huéspedes. Los margaritas costaban 3 $, los combinados 4, así que perdimos la cuenta de cuantos nos tomamos y nos dieron las diez y las once (como decía la canción de Sabina) en la barra del bar, tan felices. Nos dimos un par de baños en la piscina (que era de agua caliente), y finalmente nos fuimos a dormir a las tantas, protestando por que nos hubiéramos quedado mucho más. Nos lo pasamos genial, fue una noche inolvidable y muy a lo California dreams.
Lunes 22 de Septiembre
La juerga de la noche anterior nos pasó factura. Pretendíamos levantarnos a las seis y comenzar la ruta, pero al final desayunamos a las nueve, y cuando quisimos salir del hotel, eran casi las diez. Todos nuestros planes por la borda. Tardamos casi dos horas en atravesar Los Ángeles y salir dirección Barstow. Y otra hora y media en llegar al pueblo. Almorzamos en un Wendys algo ligerito (otra vez hamburguesa con patatas, es que tenemos un vicio) y buscamos Calico Ghost Town. Aunque es cierto que no todo es auténtico y que casi todo son tiendas de recuerdos, nos pareció chulísimo, por que realmente te sientes dentro de una peli de John Wayne. Montamos en el ferrocarril pensando que veríamos alguna mina, pero es un timo, solo te da una vueltecita y te explican un par de cosas en inglés, así que si pillas algo bien. Tomamos algo en una de la tabernas, visitamos alguna tienda, alguna de las casas museo, como la casa de Lucy Lane… Queríamos hacer una visita rápida, pero estábamos tan entusiasmados que nos dieron las tres y media casi sin darnos cuenta. Salimos dirección Needles por una autopista recta, rodeados de desierto. Aún seguíamos alucinando con los camiones y los coches que nos adelantaban. Entramos en Arizona!! Pasado Needles paramos a echar gasolina y vimos un bar de la ruta 66 chulísimo, Jedro´s Wagon Wheel (http://www.wagonwheelneedles.com/index.html), así que paramos y picamos unas alitas de pollo, unas patatas fritas, unos nuggets… vendían zarzaparrilla en unas botellas decoradas con el cartel de la ruta 66 muy chulas, habíamos oído el nombre de la bebida en las películas del oeste y decidimos probarla. No nos gustó nada (sabe como a jarabe con mucho azúcar), así que tiramos la bebida y nos llevamos las botellas. Se nos hace tarde y llegamos a Seligman completamente de noche, nos desviamos para hacer algunas fotos de los luminosos y carteles de la carretera que son una chulada. Nos encantó el General Store, las fachadas junto al West Fargo, los moteles… Llegamos tardísimo a Williams, agotados y cansados de coche. En total nos hemos tirado más de ocho horas de coche. Buscamos el Travelodge (50€ imp incl) (http://www.showhotel.com/travelodge/8604601/) y nos arrastramos hasta la recepción. Nos dan una habitación gigante, preciosa, con cama king y un montón de comodidades. Aunque era tarde y hacía frío en la calle, nos ponemos el bañador y bajamos al jacuzzi. El agua está tan caliente que nos quedamos medio dormidos dentro, tan relajados. Luego le echamos valor y a la piscina climatizada (agua caliente pero en la calle, no cubierta). Nos damos un baño genial y tras una ducha rápida en la habitación salimos a buscar un sitio para cenar. El pueblo es una chulada, nos encanta y no paramos de hacer fotos. Las fachadas y los rótulos nos encantan, los coches antiguos, los viejos surtidores de gasolina, las tiendas. Encontramos una terraza con estufas y una gran barbacoa, donde había un cowboy tocando country en directo. Nos comimos un chuletón enorme con verduras salteadas, patatas, nachos, salsa picante y de todo. (No recuerdo el nombre del restaurante, pero está en la esquina de N Grand Canyon Blvd y W Bill Williams Avenue, junto al hotel Red Carter, no tiene pérdida). Volvimos al hotel a dormir, estábamos muertos de cansancio. Fue una noche genial.
Martes 23 de Septiembre
Según nuestra guía, amanecía a las 6:20 en el Gran Cañón, así que nos reunimos en el coche a las cinco menos diez y dejamos el hotel. Tardamos una hora y veinte minutos en llegar a Yavapai Point, justito para ver las primeras luces del día. El amanecer en el cañón es todo un espectáculo, y nos emocionó mucho estar allí viviéndolo. La inmensidad de lo que ves delante de ti es tal, que no puedes creerlo. Y sí, es cierto, te sientes diminuto. Teníamos el vuelo en helicóptero a las 9 en Tusayan, así que salíamos de nuevo del parque cuando nos vimos completamente rodeados de ciervos!!! Era impresionante, habría unos veinte, con algunos machos y muchas crías. Nos pareció tan bonito verlos tan cerca nuestro, en plena naturaleza que no veíamos el momento de arrancar. Finalmente nos pusimos en marcha y tras un desayuno rápido en Tusayan, llegamos al aeropuerto. Lo reservamos con Scenic pero el helicóptero es de Papillon (87 € por persona). Nos tomaron los datos, nos pesaron (sí, te pesan antes de subir y delante de todo el mundo) y a esperar nuestro turno. Leo iba un poco receloso con el tema del helicóptero, pero lo cierto es que te da mucha seguridad. Habíamos tomado por precaución unas biodraminas para el mareo, pero una vez en el aire no se movía nada. Nos encantó la experiencia. Las vistas desde arriba son inmejorables, te sientes como un mosquito volando sobre el cañón y además solo desde el aire te das cuenta de la grandiosidad de esa grieta abierta en la tierra. Volvimos al parque para hacer la ruta de los miradores Maricopa Point, Powell Point, Hopi Point, pero sorpresa, estaba cerrada la carretera. Estaban haciendo obras y no se podía acceder ni siquiera andando. Así que nos asomamos al Bright Angel, nos dimos una vuelta por allí, y tomamos la Desert View Drive. Paramos en casi todos los miradores que encontramos, en las ruinas Tusayan (que no tienen mucho interés), y finalmente subimos a la torre del Desert View. Compramos algunas cosas de artesanía navajo, bisutería y cosas así, por que en el foro me advirtieron que aquí eran más baratas. Salimos del parque y nos dirigimos a Cameron. Entramos en territorio Navajo y vemos los primeros puestos de artesanía frente a la carretera y paramos a echar un vistazo y unas fotos. Las vistas preciosas, los precios muy caros. Hicimos bien en comprar antes, una vez más, gracias foreros. Pretendíamos comer en Cameron, pero ni siquiera es una ciudad, es más bien un puñado de casas desperdigadas por el desierto, una gasolinera… decidimos continuar hasta Tuba city y comer allí. Hacemos el trayecto del tirón, intrigados por la forma de vida de los indios navajos. Por aquí y por allí se veían grupitos de casas prefabricadas, medio caídas, donde viven las familias juntas. No son muy diferentes de los poblados chabolistas de Madrid, solo que están en el desierto. El desierto pintado nos encantó y nos dejó boquiariertos. No dejas de alucinar con los colores de las rocas, de las montañas, de la tierra. Cuando llegamos a Tuba City se nos calló el alma a los pies. Es que a cualquier cosa aquí le llaman City. Un par de urbanizaciones, una gasolinera y poco más. Era tarde y estábamos muertos de hambre. Encontramos un supermercado que vendía comida para llevar y no tenía mala pinta, pero no podías comértela allí, en la calle hacía un calor de muerte y el sol quemaba que no veas, así que seguimos buscando. Volvimos un poco para atrás y junto a la gasolinera había un Taco Bell, donde podías comer en unos bancos con aire acondicionado. No buscamos más. Nos zampamos un taco con ensalada, frijoles y una cocacola, no era ninguna maravilla pero nos supo genial. Del tirón hasta Monument Valley. Cuando aún a mucha distancia comienzas a ver las mesas te emocionas, son grandiosas. Hicimos por lo menos veinte paradas por el camino para hacer fotos del paisaje. La entrada cuesta 5$ por persona. Llegamos allí sobre las 5 p.m., preguntamos precio de las excursiones a caballo y nos pidieron 70 $ por persona media hora. Nos parece un atraco a mano armada e intentamos renegociar, pero los indios dicen que esto son lentejas, así que pasamos de ellos. Bajamos al camino de tierra y hacemos un tramo corto con nuestro coche hasta la base de alguna de las mesas, nos da miedo que se nos haga de noche así que damos la vuelta y vemos el atardecer más bonito que uno pueda imaginar sentados en las rocas rojas. Media hora más tarde aparcamos en el Mexican Hat Lodge(55 € imp incl), (http://www.mexicanhat.net/) nos dan las habitaciones, pasamos revista y todo muy bien. Habitación grande, cómoda y limpia. Bajamos emocionados a ver la barbacoa y nos sentamos a tomar unas cervezas, el sitio es chulísimo, muy pintoresco, nos encanta. Descansamos un par de horas en la habitación, duchita y a cenar. La carne a la parrilla riquísima, la ensalada, el pan tostado… nos dimos un festín. El chasco: esa noche no había música en directo. Pero disfrutamos tanto del ambiente y la comida, que se nos pasó rápido la decepción. Después de cenar, nos sentamos en unos balancines en el jardín y vimos uno de los cielos más estrellados que habíamos visto jamás.
Miércoles 24 de Septiembre
Nos levantamos pronto y muy descansados. Salimos del hotel y paramos junto al puente del río San Juan a hacer unas fotos, el paisaje es de auténtico Western Americano. Mientras hago una foto junto a la carretera, un indio para con una furgoneta a mi lado y me pregunta si necesito ayuda o necesito transporte, le digo que gracias pero no medio alucinada y se marcha. Atravesamos de nuevo la carretera junto a Monument Valley y de nuevo paramos a hacer mil fotos. Es que no puedes evitarlo, es todo tan irreal. Nos fijamos en que es habitual que los indios caminen junto a la carretera haciendo autostop, y que la gente para a recogerlos, lo que explica mi experiencia con el indio de la furgoneta. Paramos en Kayenta a desayunar y entramos de casualidad en un sitio que resultó ser genial. Se llama Golden Sands Restaurant, y está a 500 metros de la gasolinera, junto al cruce de semáforos. El local es de navajos, y estaba lleno de indios desayunando. Además no debe ser un sitio de turistas, por que nos miraron súper extrañados al vernos entrar. El desayuno inmenso y buenísimo: huevos, tortitas, jamón, beicon, café, tostadas… nos lo zampamos la mar de felices, calladitos y con los ojos como platos mirando a nuestro alrededor. Una ancianita tomaba café en una de las mesas, vestida de negro, con una larga trenza y abalorios multicolores en el pelo y las manos. Un hombre de coleta larga y gris, barba y una cinta en la cabeza comía un tazón de avena. Nos habíamos transportado a un mundo distinto, de cine, en un abrir y cerrar de ojos. Nos resistimos a irnos del local, pero debíamos seguir nuestro camino. Condujimos durante dos horas más o menos por el desierto rojizo hasta Page, donde paramos en el Upper Antelope Canyon. Nos pareció bastante caro pero pagamos y bajamos con un indio hasta la abertura de la grieta. Una vez estuvimos abajo, con la luz entrando por las paredes rojizas, no nos arrepentimos en absoluto. Es precioso, casi de lo que más nos impactó en todo el viaje. Vas avanzando entre las estrechas paredes, con el juego de contraluces, los colores, la textura de la arena… es realmente alucinante. No veíamos el momento de irnos. Cuando salimos del cañón, nos planteamos volver a recorrerlo entero en dirección contraria, pero teníamos aún mucho camino por delante y se nos hacía tarde, así que nos fuimos de allí con tristeza. Paramos en Page en una tienda para comprar unas bebidas, unas galletas… nos las tomamos en un banco en el porche, charlando con unos alemanes que chapurreaban español. Condujimos hasta Kanab y paramos a comer en el Wendys de una gasolinera. Kanab nos gustó mucho, nos pareció un pueblo genial para pasar un día tranquilamente de paseo o haciendo excursiones. Aquí dudamos qué ruta seguir hasta Las Vegas: en mapquest nos recomendaban tomar la 389 hasta Hurricane, donde enlazaríamos con la autopista 15, pero en el mapa parecía mucho más recto y corto ir por la 89 hasta Hurricane. Parecía mucho más lógico ir por la más recta y corta. Así que salimos de Kanab por la 89. El paisaje era muy bonito, comenzaba a cambiar y el desierto dio paso a grandes pastos y montañas llenas de pinos. En un gran prado vimos bisontes y paramos el coche para verlos mejor, nos gustó muchísimo verlos allí, junto a los ranchos y los molinos de madera. Media hora después estábamos en la entrada de Zion Nacional Park. Nos piden 20 $ de entrada, le decimos a la Ranger que no queremos ver el parque, que solo vamos de paso a Las Vegas, y ella nos invita amablemente a darnos la vuelta y marcharnos por donde hemos venido. El desvío era enorme así que pagamos la entrada y continuamos. Las vistas desde la carretera son preciosas pero no tenemos tiempo de hacer más paradas, se nos va echando el tiempo encima y parece que no avanzamos. Tardamos una hora en atravesar el parque. Cuando logramos llegar a Hurricane y enlazar con la autopista 15 llevamos dos horas de retraso en nuestros planes. Una vez en la autopista, otras dos horas y media más y empezamos a ver las luces de Las Vegas. Está anocheciendo y las luces de la ciudad son impresionantes, no puedes creerte que exista algo así, en medio de la nada. Salimos de la autopista por Flamingo Road y llegamos en un santiamén al Hotel Imperial (http://www.imperialpalace.com/casinos/imperial-palace/hotel-casino/property-home.shtml). Seguimos las indicaciones de Self Parking, descargamos las maletas y hacemos el check in en diez minutos y subimos a la habitación. El hotel es una pasada, lo reservamos en www.vegas.com (58€ imp inc). No es de los famosos pero nos pareció un acierto total: la habitación era tan grande como toda mi casa, cama king, dos cuartos de baño, mesa con sillones y una gran terraza con vistas del strip, justo en frente del Caesar Palace. La única pega de la habitación es que la escandalera del Strip es considerable y la música se escucha a toda pastilla. Cerramos bien y amortiguamos algo del ruido. Nos duchamos, nos ponemos guapos y a la calle. Esta noche vamos las parejas por separado, es el aniversario de Marta y Leo y ellos van a cenar al Venetian y a montar en góndola. Nosotros vamos a dar una vuelta y ya decidimos sobre la marcha. Nos parece increíble estar allí. Nuestro hotel tiene una situación inmejorable, entre el Flamingo y el Harrah´s, frente al Caesar y el Mirage. En todo el meollo del Strip. Damos una vuelta por los puestos callejeros, hacemos mil fotos por la calle, paramos a ver el volcán del Mirage pero está en obras, caminamos hasta el Treasure Island y entramos. Decidimos cenar en el buffet, 20 $ por cabeza bebidas a parte. No nos pareció nada caro por que la comida está genial, yo pruebo un shushi buenísimo, pasta con marisco y ensalada griega de cuscus. Joaquín prueba las costillas, patatas asadas, ensalada, pizza… todo muy rico. Los postres lo mejor, si lo hubiéramos sabido hubiéramos cenado menos!! Fresas y plátano con chocolate, pasteles y tartas súper elaboradas, tartaletas de frutas, mini donuts, bombones… salimos de allí a reventar. Faltaba una hora para el espectáculo de sirenas y bucaneros, así que hicimos tiempo viendo el Venetian, que para nosotros resultó ser el más impresionante de todos. Una vez dentro parece que estuvieras paseando por Venecia de día, con canales y todo. Realmente espectacular. Volvimos corriendo al Treasure y ya estaba llenísimo de gente, nos costó un montón encontrar hueco. Qué decir del espectáculo? Bailarinas guapísimas y tíos cañón bailando y cantando, barcos en movimiento, olas gigantes, ráfagas de fuego sobre las cabezas del público, fuegos artificiales… definitivamente, estamos en Las Vegas. Aun alucinados damos otra vuelta por allí antes de entrar en nuestro hotel. Nos apetece quedarnos un rato en el casino, aunque nosotros no jugamos nos parece súper divertido. Nuestro hotel tiene el espectáculo Legends in concert, anunciado por todas partes, donde actúan un montón de imitadores de primera calidad. Así que la temática del hotel son los imitadores, los crupieres del casino son imitadores de Elvis, Madonna, Barbara Streisand, George Michael, Michael Jackson, Diana Ross… de tanto en tanto suben a una plataforma y cantan, mientras atienden las mesas de juego. Todo muy entretenido. Vemos un rato a la gente que juega en las ruletas, en el black jack… nos hace gracia el tema de las tragaperras, la peña lleva la visa colgada del cuello y la mete directamente en la máquina para no tener que levantarse a cambiar. Finalmente nos vamos a dormir completamente agotados.
Jueves 25 de septiembre
Nos levantamos un poco más tarde que de costumbre y salimos a la calle a recorrer los hoteles. Primero visitamos el Flamingo, nos encantó el habitat de los flamencos y el jardín. Damos una vuelta por el casino y salimos. Pasamos por el Ballys y entramos en el Paris. También está decorado como las calles de Paris y nos gusta bastante. Pretendíamos desayunar pero todo está muy caro y en el buffet hay una cola tremenda. Salimos para ver la Torre Eiffel y el Arco del Triunfo y entramos en un centro comercial Hawaiano chulísimo, enorme y con una decoración genial. Desayunamos dentro y nos reunimos con Marta y Leo en la entrada mientras echamos un vistazo a algunas tiendas. Nos sigue pareciendo que la ropa está genial de precio. Vemos una exposición de coches deportivos de lujo en la calle, entramos en la botella de coca cola gigante y en el M&M´s World. Al entrar en el MGM nos sorprende la cafetería, que es como una gran selva tropical, son cascadas, figuras en movimiento y grandes acuariums de peces tropicales. Paramos a ver los leones, que juegan en su jaula con grandes pelotas. La efigie del león de la metro dorada es impresionante y las vistas del Excalibur y el New York igual. Cruzamos hasta el Excalibur y lo vemos por dentro, no nos gusta demasiado pero nos hace gracia la capilla Canterbury, entramos y hacemos el tonto un rato por allí los cuatro. Joaquín casó a Marta y a Leo, y yo fui la dama de honor. Todos con nuestros ramos de flores de plástico correspondientes. Nos partíamos. Atravesamos por un pasillo interior hasta el Luxor. Nos parece genial lo de los pasillo interiores entre hoteles, por que en la calle hace un calor espantoso y no se puede ni andar. El Luxor es más bonito y dedicamos un ratillo a dar una vuelta. Salimos para ver desde fuera la pirámide y la esfinge de cartón piedra. Volvemos por los pasillos hasta el New York y nos damos un garbeo por el casino y los decorados. Queríamos subir en la montaña rusa por que nos parecía muy guay y pensamos que tendríamos unas vistas geniales desde allí. Así que buscamos la entrada y sacamos los tikets (14 $ por barba). Mientras esperábamos vimos unos niños esperando la cola y uno de ellos me resultaba familiar. Tras un rato de mirarle y pensar caímos en que era de una serie de magos del Disney Channel. El niño se dio cuenta de que le mirábamos y nos saludo, un poco cortado. Montamos en la montaña rusa y comienza a moverse, salimos a la calle y tiene una primera subida bestial, subes despacio y te da tiempo a ver el desierto rodeando la ciudad, y piensa: verás qué pedazo de vistas vamos a tener desde arriba!! Sigues subiendo y solo escuchas el ruido de la maquinaria despacito: toc, toc, toc, toc y de repente caída libre, giros, loopin, boca arriba, boca abajo… gritas como loco por que te mueres de miedo pero en realidad es tan divertido… y cuando te quieres dar cuenta, estás dentro del hotel, mientras vas frenando. Te bajas y te tiemblan las rodillas. Nos miramos los cuatro muertos de risa. ¿Y las vistas? ¿Qué vistas? Si no había forma de ver nada!! Mereció la pena por que es muy divertido. Cogimos un taxi hasta los Outlets Premium. Comimos allí y nos tiramos dos horas de tiendas. A nosotros no nos impresionó tantísimo como la gente dice, aunque es cierto que encontramos auténticos chollos (como pantalones levis a 30 $, camisetas Calvin klein a 20$, camisetas Timberland a 15 $, zapatos de Gap a 5$) pero esto compensa sobre todo a los compradores de marcas caras, que allí encuentras las mejores marcas a un 60 o 70 % de descuento. Aun así volvimos al hotel cargados de bolsas. Pasamos el resto de la tarde en la piscina, tirados en las tumbonas, tomando cócteles en el jacuzzi… hasta que nos echaron por que cerraban la piscina. Descansamos un poco en la habitación, nos arreglamos y nos reunimos en la entrada del hotel, las chicas teníamos una sorpresa para los chicos. Una limusina hammer nos esperaba en la puerta. La habíamos reservado en vegas.com, 60 € una hora con botella de champán. Fue genial, recorrimos todo el strip hasta la calle Freemon, bebiendo champán y riendo sin parar. Nos bajamos para ver la pantalla gigante pero el espectáculo acababa de terminar. Volvimos a la limu y seguimos flipando hasta que se nos acabó la hora, intentamos racanearle al chofer (que por cierto era majísimo) cinco minutillos más, pero amablemente nos dijo que lo tenía prohibido. Nos dejó en el Bellagio a tiempo de ver uno de los espectáculos de las fuentes. Lo había visto por la tele, pero no tiene comparación cuando lo ves en directo, se te pone la carne de gallina. Es asombroso, precioso. Desde donde estábamos, veíamos las fuentes bailar con la Torre Eiffel iluminada de fondo. Aquí nos separamos, Marta y Leo van a cenar al Treasure y a ver a las sirenas y los bucaneros después. Nosotros nos quedamos en el Bellagio, al entrar nos sorprende lo de las flores de cristal del techo, son muy bonitas. Nos sorprende aún más cuando entramos y vemos la decoración otoñal que han puesto por todas partes: un bosque encantado con duendes, hadas, árboles con cara, calabazas, molinos de agua, decenas de fuentes… simplemente increíble. Nos encanta y nos quedamos un buen rato paseando por el bosque. Entramos al buffet y nos ponemos hasta las cejas de shushi, marisco, pescado, carne, pasteles, tartas, helado… por 25$. Nos gusta aún más que el del Treasure, todo de primera calidad y riquísimo. Damos una vuelta por el casino, esperamos a ver otros tres espectáculos más de las fuentes (cada 15 minutos) y nos vamos al Caesar. Nos decepciona un poco, esperábamos más. Nos gustó más el Bellagio. Vemos el Forum Shops que ya estaba cerrando y nos vamos al casino del Imperial. Remoloneamos por allí un rato, nos encontramos con Marta y Leo y nos tomamos un cóctel en la barra mientras vemos algunas de las actuaciones de los imitadores: Gwen Stefani, Diana Ross, Fredy Mercury. Con mucha tristeza con vamos a dormir, no queremos abandonar Las Vegas.
Viernes 26 septiembre
Joaquín y yo nos dormimos y dejamos a Marta y Leo esperando casi dos horas. Desayunamos en el buffet del Imperial, que como de costumbre está de maravilla, donde conocimos a un granaíno super simpático que viajaba solo. Intercambiamos direcciones y lugares interesantes, y por fin salimos del hotel y ponemos rumbo a Death Valley. Paramos cuarenta minutos después en Pahrump a llenar el depósito y comprar agua. Entramos en Death Valley y vemos una caseta donde se supone que hay que pagar, a diferencia de los otros parques, aquí no hay Rangers, tienen una especie de hucha y paga quien quiere, supuestamente es obligatorio pero vemos que la mayoría de la gente pasa. Nosotros nos sentimos un poquillo culpables y pagamos la entrada. Primera parada en Zabriskie Point, las vistas son preciosas pero el calor es insoportable y la pequeña subida hasta el mirador se nos hace agotadora. Fotos en Devils Golf Course, donde la sal cruje y suena un montón, parada en Badwater para caminar por la costra de sal y flipar con la explanada blanca, los charcos de agua de colores y el cartelito del nivel del mar. Hasta aquí todo genial, nos parece muy original y curioso el tema de la costra de sal y el saber que estás en uno de los puntos más calientes y bajos del planeta. Tomamos la Artist Drive y nos decepciona mogollón, es bonito, sí, pero ni comparación con los miles de colores del desierto pintado de Arizona. En Furnace Creek paramos para ir al servicio y echar un vistazo al centro de visitantes, son las doce y pico y el calor es insoportable, unos 45 grados centígrados pero la sensación térmica es bochornosa, fuera del coche nos falta el aire. Nos resulta sorprendente ver que hay aire acondicionado en los servicios. Paramos en Salt Creek, pero el río está completamente seco y no hay rastro de los pupfish, caminamos por las pasarelas de madera un ratillo pero no hay nada que ver y el calor es horrible, mientras volvíamos al coche vimos unos curiosos lagartos blancos y les hacemos unas fotos. Vemos las Sand Dunes pero no caminamos por la arena, estamos cansados de desierto y de calor y además el paisaje ya no nos gusta demasiado. Nos lamentamos por que después de tanto desierto alucinante como habíamos visto, el Death Valley nos resultaba pobre y repetitivo, lástima, por que si lo hubiéramos visto lo primero seguro que nos hubiera encantado. Es tarde y nos entra el hambre, paramos en Stovepipe Wells y el único restaurante está cerrado, ya no hay nada más hasta salir del parque, así que nuestra única opción es la tienda de recuerdos, que vende frutos secos y bocadillos fríos. La mujer nos ofrece que los calentemos en un microondas y comemos sentados en un banco a la sombra, con un calor insoportable y rodeados de cuervos gigantes. Eso sí, de postre tenían unos helados riquísimos como sorbetes de fruta que costaban 20 centavos. Nos pusimos ciegos a helado y mientras terminábamos, pasó por delante nuestro… un correcaminos!! Sí, de verdad, el mismo pájaro que habíamos visto en un documental que hablaba sobre en qué se había basado la Warner para hacer al correcaminos. Es un pájaro de color pardo, con las patas largas y que corre mogollón. Intentamos hacerle una foto pero fue imposible, tal vez si hubiéramos llevado una cámara de fotos marca Acme… Seguimos por la 190 hacia la salida del parque, el camino se nos hace largísimo y pesado. Atravesamos una especie de cráter enorme y vemos un montón de gente haciendo fotos, debemos reconocer que era un sitio espectacular pero íbamos agobiados de desierto y de coche. Queríamos salir de allí lo antes posible y cambiar de registro. Para colmo los chicos comenzaron a bromear sobre si se veían señales hechas con espejos desde las colinas. ¿Habeis visto Las Colinas Tienen Ojos? Nosotros sí, yo tuve pesadillas durante varios días, y por cierto, está rodada en Death Valley. Así que Marta y yo hicimos el resto del trallecto emparanoiadas perdidas deseando salir de allí. Tardamos unas dos horas más en salir y llegar a Lone Pine. Y a partir de allí el paisaje era completamente distinto. La sierra Nevada se eleva a nuestra izquierda y los montes Inyo a nuestra derecha. El valle está repleto de pastos, ranchos, caballos, vacas, ciervos… Los pueblos son muy pintorescos y el ambiente nos anima el humor. Llegamos a Bishop sobre las 6 pm. Encontramos sin problemas el Elms Motel (43 € imp inc) (http://www.bishopelmsmotel.com/) y la habitación está fenomenal, sencilla pero limpia y cómoda. Este hotel no tiene piscina y nos da rabia por que hace muchísimo calor y nos hubiera apetecido. Es pronto y decidimos ir a buscar una lavandería por que ya llevamos un saco de ropa sucia. Encontramos una cerca de la calle principal donde dos chicas hispanas majísimas que estaban lavando su ropa allí nos explican el funcionamiento de lavadoras, secadoras y máquina del detergente. En un pispas ponemos tres lavadoras y como tardan media hora nos vamos a tomar unas cervezas a un bar mexicano de la calle principal, el Bishop Grill. Volvemos a tiempo para cambiar la ropa a las secadoras y volver a tomar más cervezas. Por unos 15 $ nos llevamos la ropa de los cuatro seca, y dobladita para meterla de nuevo en la maleta. Nos arreglamos y salimos a cenar al Whiskey Creek (http://whiskeycreekbishop.com/), un restaurante de madera precioso. Tiene una gran tienda de decoración donde Marta y yo nos tiramos media hora curioseando por que es preciosa y súper original, cosas tipo la casa de la pradera: edredones de patchwork (preciosos por 40$), cojines cosidos a mano, candelabros, figuras antiguas… hubiéramos renovado la decoración de nuestras casas si hubiéramos llevado más sitio en el coche, pero como no es así nos compramos unos recuerdos y nos sentamos a cenar. Las raciones gigantes y la comida riquísima: costillas, pescado, aros de cebolla, ensalada… Cuando terminamos de cenar nos salimos a la terraza y nos tomamos unos cócteles. Nos fuimos a dormir, no sin antes pasar un rato de risas metiéndonos miedo unos a otros por que… nuestro hotel estaba en la Elm Street. Malditas películas de miedo. Buenas noches, que Fredy Crouguer no os visite en sueños.
Sábado 27 de septiembre
Prontito en camino por la 395. Paramos en Mammoth Lakes a buscar un sitio para desayunar y encontramos uno genial, el The Stove Country Cookin (http://www.yelp.com/biz/the-stove-mammoth-lakes). Por fuera precioso y por dentro mejor aún. Nada de guiris como nosotros, todo gente de allí, familias enteras desayunando con los niños, los abuelos… qué ambientazo de sábado. El desayuno inmenso y riquísimo, de los mejores de todo el viaje. El pueblo nos encanta y Marta y Leo se quieren quedar a vivir allí. A eso de las 11am entramos por el paso Tioga, el paisaje es precioso y vamos muy emocionados, parando cada cinco minutos. Vemos varias cascadas y un valle muy bonito, vamos subiendo por Dana Meadows. Las praderas de Toulomne Meadows están completamente amarillas y secas, pero aún así el paisaje es impresionante, así que aparcamos el coche y atravesamos la pradera paseando hasta el río. Hacemos una parada en el centro de visitantes y el chico nos recomienda cómo organizarnos la visita. Por cierto, hay baños por todo el parque pero son completamente horribles, de lo peor que he visto en mi vida, así que las que tienen incontinencia como Marta y yo lo lleváis claro. Al llegar al Lago Tenaya nos quedamos sin respiración, es impresionantemente bonito, el típico paisaje que esperas encontrar: un lago de aguas azules, verdes, turquesa, con una larga playa de arena blanca bordeada de pinos tras los cuales, se yerguen altas paredes de granito. Vamos un poco justos de tiempo, pero es tan bonito que paseamos descalzos por la arena, nos metemos un poco en el agua, nos tumbamos un rato al sol… mientras echamos mil fotos, claro. Seguimos a regañadientes y paramos en Olmsted Point, caminamos sobre alguno de los púlpitos de granito con el increíble paisaje frente a nosotros y seguimos la carretera parando cada dos por tres a admirar las preciosas vistas. El camino es largo, con curvas, límites de velocidad bajos, así que tardamos un siglo en llegar a la entrada del valle. Por indicación del chico del centro de visitantes, dejamos el valle a un lado y cogemos la Wawona Road en dirección Mariposa Grove. Paramos primero en la Bridalveil Fall, que se supone que es la única cascada con agua en esta época (el parque tiene unas doce cascadas impresionantes, pero se secan entre agosto y septiembre), pero que en realidad tiene solo un chorrito que se lleva el aire de vez en cuando y desaparece. Paseamos hasta la base de la cascada, pero apenas se ve el agua, así que seguimos el camino. Llegamos al hotel Wawona a las cuatro de la tarde, muertos de hambre, y alucinamos con el bonito hotel. Estaban haciendo una barbacoa y fuimos siguiendo el rastro del olor para preguntar si podíamos comer. Era Buffet libre y 20 $ por persona, lo que nos pareció genial pues no podía ser más bonito ni tener mejor pinta. Pero comenzamos a calcular y no nos quedaba tanto tiempo de luz para ver las Secuoyas, así que casi contra nuestra voluntad, dejamos el hotel y continuamos hasta Mariposa Grove. Desmayados de hambre, a las 5 comimos unas ensaladas y patatas fritas en la tienda de Mariposa Grove, mientras nos acosaban las ardillas… que eso sí que es un acoso, daban hasta miedo, intentaban quitarnos la comida de las manos. Alucinamos con las Secuoyas. Por mucho que te lo esperes, hasta que no las ves no te haces una idea del tamaño y la altura. Hicimos el sendero durante una hora, hasta el árbol que tiene el túnel, rodeados en todo momento de ardillas y ciervos a un lado y otro del camino. Salimos de Mariposa Grove casi de noche. Con el mapa en la mano, parecía mucho más lógico bajar hasta Oakhurst, tomar la 49 hasta Groveland, donde teníamos el hotel, que atravesar de nuevo todo el parque. Y así lo hicimos, pensando que habíamos acertado de pleno mientras atravesábamos pueblos preciosos y ranchos. Pero a partir de Bear Valley, nos metimos en carretera de montaña, con límite de velocidad de 10 millas por hora, curvas imposibles y completamente de noche. Al final, tardamos dos horas y media, mientras que atravesando el parque hubiéramos tardado menos de dos horas. Fíate de lo que parece en los mapas. Agotados, con un poco de mal humor y después del miedo que habíamos pasado en la carretera, encontramos el hotel Charlotte, (75 € imp inc)(www.hotelcharlotte.com/). Se nos pasaron todos los males, tanto el hotel como la habitación eran preciosos, el personal muy amable y el restaurante genial. Tras una ducha cenamos de maravilla, pasta, carne, vino, postres caseros… Justo frente al hotel, entramos en el Iron Door (www.iron-door-saloon.com/), donde tocaba la banda Crazy Ivan. Rock americano en directo en un lugar típico donde los lugareños bailaban y bebían cerveza. Nos sentimos muy integrados pues varios se acercaron a conversar y reír con nosotros. Después de cantar a grito pelado Sweet Home Alabama y aplaudir como locos, cruzamos la calle para ir a dormir.
Domingo 28 de septiembre.
Teníamos el desayuno incluido y nos prepararon un pequeño buffet con huevos, cereales, fruta, tostadas… Dejamos el Charlotte para entrar de nuevo en Yosemite. Nos pareció ver un oso y sin pensárnoslo dos veces nos bajamos del coche y echamos un vistazo. Pero no. Recorrimos el valle viendo más paisajes de ensueño, parando al borde del río Merced, en las praderas, en los puentes. Con tristeza descubrimos que todas las cascadas estaban secas, debe ser impresionante visitar el parque en primavera. Paramos en el Ahwahnee a dar un paseo por sus jardines y sus salones, el hotel es alucinante. Tenían café gratis en la primera planta. Visitamos los establos en Upper Pines y paseamos por allí viendo los caballos y las mulas. Nos planteamos hacer la caminata hasta Mirror Lake, pero estábamos ansiosos por subir a Glacier Point, así que nos pusimos en camino. Hicimos una parada en Tunnel View, donde el valle se abre ante tus ojos como el escenario de una película. ¡Y qué decir de las vistas desde el Glacier! Nos tiramos una hora arriba, asomándonos desde los miradores. Localizando las cascadas secas y el Mirror Lake que… sorpresa, estaba seco. Menos mal que no nos pegamos la caminata para nada. Cuando bajábamos de nuevo, vimos un coyote junto a la carretera, tan tranquilo, caminando junto a nosotros. Salimos del parque por la 120 y paramos a comer en Groveland en una pizzería. Partimos dirección San Francisco atravesando bonitos pueblos, ranchos y granjas de película. Estábamos tan tristes por que nuestra aventura en coche terminaba, que parábamos cada dos por tres a hacer fotos, comprar chicles… queríamos alargarlo más, pero San Francisco nos esperaba. Dijimos adiós a la zona rural y tomamos la autopista con mucho tráfico y algún tramo de caravana. Era domingo por la tarde y la gente regresaba a la ciudad. Se nos pasó la depresión en cuanto atravesamos el San Francisco – Oakland Bay Bridge, con la ciudad frente a nosotros, la bahía al lado y la isla de alcatraz al fondo. La primera impresión de la ciudad fue buenísima, las calles eran muy bonitas, nos cruzamos con algún tranvía, bajamos cuestas, subimos cuestas… Llegamos al hotel al anochecer, y no podíamos creernos el frío que hacía en la ciudad. El hotel San Remo ( 53€ imp inc) ( www.sanremohotel.com/) es de sobra conocido por los foreros, como está tan recomendado lo elegimos aunque no nos hacía demasiada gracia lo de los baños compartidos. Totalmente acertada la elección. El hotel es muy bonito, con pasillos llenos de plantas y ambiente casero. Nuestra habitación era pequeña, pero cómoda y bonita, con muebles antiguos, una cama de hierro y grandes ventanas. Desde la habitación se veía la Coit Tower. Comprobamos los baños y estaban impecables aunque era por la noche. Dejamos el coche en un parking cercano y paseamos por el Fisherman. Por supuesto que nos compramos unos típicos abrigos de 16 $, son impermeables por un lado y con forro polar por el otro, con el Golden Gate bordado. Una compra genial, por que son súper prácticos allí, con el frío que hace por la noche. Recorrimos varias tiendas de recuerdos y entramos a comer en Eat at Joe´s. El personal era muy simpático y los camareros charlaban amigablemente con nosotros mientras nos atendían. Tomamos un cubo lleno de trozos de cangrejo, mazorcas de maíz, patatas asadas y salchichas picantes. Todo riquísimo y a buen precio. De vuelta en el hotel hicimos inspección y descubrimos una sala con lavadoras y maquinas de refrescos donde conocimos a un chico americano muy simpático que viajaba solo y que nos propuso llevarnos de copas a un montón de sitios que conocía. Rechazamos la propuesta por que estábamos agotados. En cada planta del hotel, hay unos sillones de masaje gratuitos a disposición de los clientes. Nos dimos un masaje y a dormir.
Lunes 29 de septiembre
Desayunamos frente al hotel en el Caffé Capriccio y nos dirigimos a Taylor St a sacar el Muni pass de un día para el tranvía. Vimos cómo le daban la vuelta manualmente al tranvía y nos montamos. Íbamos emocionados asomándonos, con medio cuerpo fuera, haciendo fotos a las cuestas y a los tranvías con los que nos cruzábamos. Nos bajamos en Union Square y Marta y yo nos emocionamos con las tiendas. Subimos a la terraza del Cheese Cake Factory, en Macy, desde la que hay buenas vistas. Luego recorrimos Chinatown, entrando en todas las tiendas, haciendo compras, regateando. Nos encanta el ambiente del barrio y al final echamos la mañana. Hacía un calor bochornoso y nos compramos camisetas, por que pensando en el frío de la noche anterior nos habíamos abrigado bastante. No hay quien se aclare con el clima. Comimos en el Empress of China (http://empressofchinasf.com/) aunque hay muchos restaurantes más baratos. Nos encantó, el restaurante es muy elegante, con una decoración muy cuidada, buenas vistas de la ciudad, grandes lámparas de colores… y la comida riquísima. También tiene un bar, así que se puede subir y echar un vistazo sin comer. Aunque merece la pena comer, desde luego. Los chicos se aventuraron a cortarse el pelo en una peluquería china por 4 $ y las chicas nos fuimos a Union de tiendas. Volvimos en tranvía al hotel para soltar las bolsas y cogimos varios autobuses hasta Alamo Square. El autobús fue toda una aventura por que era la hora de salida de los colegios y estaban llenos de niños con sus mochilas y carpetas, armando escándalo y riendo. Conocimos a un gaditano del Puerto de Santa Maria que trabajaba allí de director de un colegio. En Alamo Sq fotografiamos las típicas casas victorianas con los rascacielos de fondo. Nos gustó mucho la zona. Otro autobús y nos bajamos en Golden Gate Park, donde nos compramos unos helados y unas bebidas y nos tiramos en la hierva al solecito a mirar el espectáculo. Una de las cosas que más me gusta de los americanos es que no tienen ni pizca de sentido del ridículo, y me parece genial. Allí sentados vimos gente haciendo tai chi a su bola, bailando con los cascos puestos, tirando palos a sus perros o jugando a la pelota, al disco, patinando haciendo piruetas… como si nadie les mirara, y es que nadie mira a nadie, son libres de pasárselo bien haciendo lo que les da la gana. Me encantaría que fuéramos así. Recorrimos el parque, que es realmente muy bonito, el conservatorio de las flores, el Music Concourse, el Jardín Japonés, y cogimos otro autobús más para acercarnos a la playa. Desde donde vimos un precioso atardecer mientras paseábamos por la arena. La gente disfrutaba de los últimos minutos de luz, con sus perros por la playa, con cometas, paseando como nosotros. En San Francisco, en el mismo instante en que se pone el sol, llega la hora fría. Vamos, que en cuestión de minutos empieza a hacer un frío que pela, así que nos anudamos las bufandas y tiritando, nos cogemos otro autobús de vuelta al hotel. Aprovechamos para darnos una ducha calentita, ya que por la mañana había cola para las duchas, y salimos a pasear por el Fisherman. Repetimos la cena en el Eat at Joe´s, que nos había encantado la noche anterior y nuevamente, cenamos de maravilla.
Martes 30 de Septiembre
Nos levantamos tempranito y fuimos al muelle 33, donde sale el ferry a Alcatraz. Las entradas las habíamos sacado por Internet (25 € por persona). Desayunamos un bollo y un café allí mismo y atravesamos la bahía en ferry hasta la isla. Las vistas desde el barco son preciosas, ves toda la ciudad, la Coit Tower, los puentes… vimos alguna foca nadando en el agua y nos comentaron que es fácil ver tiburones. Al llegar a la isla te explican las normas, te dan un folleto informativo en español y comienzas la cuesta arriba que te lleva a la entrada de la cárcel. Una vez dentro te dan unos cascos en tu idioma que te guían durante toda la visita y que está fenomenal, por que no solo te explica lo que es cada cosa, si no que además cuentan anécdotas como los intentos de fuga. Es la voz de un preso de la cárcel quien te da las indicaciones y a nosotros la visita nos encantó, nos pareció muy entretenida e instructiva. De vuelta en la ciudad, paseamos por los muelles, los restaurantes y las tiendas del Pier 39. Nos entretuvimos un buen rato viendo los leones marinos, por que nos parecía increíble que estuvieran ahí, tan cerca de la gente; en España eso es impensable. En el Fishermans buscamos donde comer, y entramos a un restaurante que está en la calle principal, el Nick´s Light House, donde cuecen los cangrejos en la misma calle. Nos ofrecieron un menú en el que te comías un cangrejo entero y dos clamchowder en su correspondiente pan, por muy poca pasta, así que Marta y yo nos pusimos las botas con el crab y la sopa, mientras los chicos disfrutaban de Fish and chips. Todo riquísimo. Mientras Leo y Joaquín iban al parking a recoger el coche, Marta y yo nos dimos una vuelta por algunas zapaterías chulísimas de la calle Embarcadero. Qué vicio. Salimos cargadas. Fuimos en coche a la calle Lombard, la vimos desde abajo y luego dimos una vuelta con el coche para bajarla, es impresionante por que con las ventanillas bajadas oyes las ruedas chirriar en cada curva. Nos encantó. De ahí fuimos a Ghirardelli, creyendo que aún había algo de la antigua fábrica de chocolate, pero solo hay un hotel de lujo y algunas tiendas de chocolate. Ya puestos nos compramos en la chocolatería un súper helado de vainilla cubierto de chocolate caliente que estaba riquísimo. Condujimos hasta el Golden Gate, aparcamos en el primer mirador y alucinamos con las vistas. Atravesamos el puente en coche, despacio, disfrutando el momento mítico que estábamos viviendo y paramos en el mirador al otro lado del puente. Continuamos hasta Sausalito y paseamos por los muelles, viendo las preciosas casas y las espectaculares vistas de la bahía. El pueblo es muy bonito, pero habíamos visto pueblos más bonitos durante el viaje, así que íbamos de vuelta en coche a San Francisco, cuando vimos algo que nos llamó la atención. A la derecha, justo antes de coger de nuevo el puente para regresar a la ciudad, vimos un cartel donde ponía: comunidad de casas flotantes. Y aunque por todas partes anunciaba que era una comunidad privada y que estaba prohibido el paso, nos aventuramos a aparcar el coche… con hacernos los guiris tontos en caso de que nos pillaran… Y qué sorpresa nos llevamos, calles enteras de muelles de madera, flotando sobre el agua, con casas-barcos preciosas, de madera, con sus terrazas sobre plataformas flotantes, barbacoas y tumbonas incluidas… realmente sorprendente. De vuelta en San Francisco y tras atravesar otra vez el Golden Gate muy despaaaacio, aparcamos en Mason Street, junto a la playa, y fuimos a ver el Palace of Fine Arts, lugar que nos dejó con la boca abierta. El parque es precioso, el lago lleno de cisnes y patos, el palacio tan bonito… nos sentamos en la hierva, bajo los sauces llorones, y nos pareció un sitio realmente mágico. Rodeamos el parque y nos fijamos en lo preciosas que son las casas de San Francisco, y decidimos que sin duda, es uno de esos lugares a los que te irías a vivir con los ojos cerrados. Imaginamos vivir en una de aquellas preciosas casitas, cerca del precioso parque, a pocos metros de la playa, con las vistas del Golden, Alcatraz y la bahía… los cuatro estuvimos completamente de acuerdo en que era la ciudad perfecta para vivir. Caminamos hasta la playa y nos sentamos en el muro del paseo, el sol se ponía y la luz hacía que la bahía que se extendía frente a nosotros pareciera mágica. Con ganas de llorar vimos nuestra última puesta de sol en la costa oeste, mientras la luz dorada nos ofrecía un espectáculo que nunca olvidaremos. Nos dio el bajón. No sin protestar, nos alejamos de allí y antes de aparcar, decidimos quitarnos la pena bajando de nuevo la calle Lombard, esta vez con las farolas encendidas, las ventanillas bajas y las manos levantadas por fuera como si fuera una montaña rusa. Aparcamos el coche en la calle frente al hotel, nos dimos una ducha y cenamos en un restaurante con mucho encanto en la calle Embarcadero, el Pompeis Grotto, con velas y manteles de cuadros. De vuelta en el hotel hicimos las maletas, recogimos todo y nos relajamos en los sillones de masaje gratuitos del hotel. Qué acierto. Remoloneamos un poco por el hotel, haciendo fotos y charlando, no queríamos que se acabara, pero finalmente nos fuimos a dormir. Al día siguiente había que madrugar por que nos esperaba el vuelo que nos llevaría a La Gran Manzana.

Continua el diario de Nueva York aquí:

1 comentario:

David dijo...

La de veces que lo habré leído... y aún no lo había comentado...

Es sin duda una experiencia vital !!!