lunes, 16 de agosto de 2010

IRLANDA, la isla esmeralda

18 - 28 de Mayo de 2007
Joaquin y Miriam

Viernes 18
Llegamos al aeropuerto de Dublín a las 6:00, recogimos el coche de alquiler en las oficinas de Atlas (230 € con seguro a todo riesgo sin franquicia) y comenzamos la gran aventura. Entramos directamente en Dublín, y tras la tensión del principio, nos adaptamos bastante bien al lado izquierdo, además no nos costó nada encontrar el hotel. Llegamos al Lyndon House a las 8, en Gardiner Place (www.lyndonhouse.net). La habitación era pequeña, pero completa y muy acogedora, igual que el baño, y nos dejaron preparada una mesita con todo lo necesario para preparar te o café. En el mismo hotel, el personal, que eran personas muy agradables, nos recomendaron cenar en O, Sheas, en Gardiner St esquina con Talbot St (http://www.osheashotel.com/osheas_hotel/restaurants.asp), y fue todo un descubrimiento, cenamos genial, con velitas y música irlandesa en directo, entrecot con guarnición y magret de pato con puré de patatas, cervezas y tartas, 22 € p/p. Dimos un paseo nocturno por el centro y tuvimos nuestro primer contacto con Temple Bar, y alucinamos. En Temple Bar St, cerca de la plaza, Pub Quays (http://www.dublinpubscene.com/thepubs/thequays.html) fue de los que más nos gustó, escuchamos música en directo y bailamos y cantamos con la gente del bar.
Sábado 19
Primer desayuno irlandés!!! Nos organizamos para hacer un recorrido lo más completo posible: empezamos por Moore St y Henry St, donde está el mercado con sus puestos callejeros, O´Connel St y the Spire. El Trinity College nos encantó, nos escabullimos para ver las clases por dentro y las salas de lectura, de descanso, de debates, etc. Fuimos derechos a ver el Book of Kells pero había más de una hora de cola, así que seguimos con nuestro tour. Atravesamos el campus hasta Westland Row y bajamos a Merrion Square, un parque muy bonito donde está la estatua de Oscar Wilde. Bajamos Merrion St Uppr viendo edificios históricos y entramos en St Stephens green, dedicamos un buen rato a pasear y estar sentados en la hierva, viendo el lago. Salimos por Fusiliers Arch y visitamos el centro comercial Stephen´s shopping, que es alucinante por dentro. En Stephen St paramos en el Pub Hairy Lemon (http://www.thehairylemon.ie/) a tomar unas pintas, y nos gustó tanto el sitio y el ambiente que finalmente nos quedamos a comer, arroz tahilandes con pollo braseado y guiso de cordero, todo riquísimo, 15 € p/p. Nos echamos la siesta frente a la catedral de St Patrick, pero nos gustó mucho más St Christ church. Entramos en Dublinia, una exposición sobre la historia de la ciudad que nos gustó bastante. Está todo montado un poco para niños, pero aún así es muy interesante por que además te ayuda a entender más la ciudad. Paseamos junto a las murallas y la puerta de St Audoens, echamos un vistazo por fuera al castillo y al city hall, y de vuelta al hotel a descansar y darnos una duchita. Les habíamos comentado por la mañana que era nuestro aniversario y que habíamos ido a Dublín a celebrarlo, y cuando volvimos a la habitación por la tarde nos encontramos con champan, una tarjeta de felicitación y una maceta con tulipanes. Todo un detallazo. Desde la calle O´Connel al hotel teníamos solo quince minutos andando. Joaquín quería repetir en O´Sheas, pero al final decidimos probar otro sitio. De regreso al Temple bar, cenamos en The Shack, en Essex St east (http://www.shackrestaurant.ie) y luego volvimos a bailar a Quays, donde otro grupo animaba al publico a dar palmas y cantar. Nos encanta el ambiente nocturno de Temple Bar.
Domingo 20
Llegamos a Powerscourt tras perdernos por primera vez ( y no la última, claro), a las 11 de la mañana. Sacamos las entradas (7.50 p/p) y nos quedamos embobados al ver los jardines: son preciosos. Te sientes como una reina mientras bajas la escalinata hasta los caballos alados que custodian el lago del tritón, casi puedes oír el siseo de los vestidos de época bajando lo escalones. La gran sorpresa: el jardín japonés, y la gran curiosidad: el cementerio de mascotas. Dedicamos dos horas más o menos a recorrer los distintos jardines y paseos y de vuelta en el coche, tomamos la R755 en dirección a Glendalough, parando en el camino a comer en un deli de comida para llevar en la misma carretera, el The Cottage food. En la oficina de atención al visitante de Glendalough, un irlandes encantador que habla español y adora Galicia y las gambas a la plancha, nos dio un montón de indicaciones para el resto del día. Hicimos la ruta indicada para ver las ruinas, los dos lagos y la cascada, en medio de un paisaje de ensueño. Hacía un día estupendo, así que las explanadas junto al lago grande estaban repletas de familias de picnic. Continuamos carretera por la R756 hasta Hollywood, donde enlazamos con la N81, paramos en Baltinglass para ver la Abadía y un poco más adelante el Dolmen de Browneshill, ya en la R726 una milla antes de Carlow. Llegamos a Kilkenny a tiempo de pasear de día por los jardines del castillo. Nos alojamos en Avila House, en kilkenny, 65 € habitación doble (http://homepage.eircom.net/~avilakilkenny/). Aunque está a un paseito de 20 minutos del centro, la habitación estaba genial, también teníamos bandejita para preparar té, cosa que debe ser muy típico por que nos la pusieron en casi todas las casas. Además la dueña, Breda, nos atendió maravillosamente. Nos recomendó cenar en Marble City, en Kieran St, donde cenamos muy bien después de pasear por el pueblo al atardecer. Justo en frente, en el Kyteler´s Inn había música en directo y ambiente típico.
Lunes 21
Desayunamos genial acompañados de Breda, que se sentó con nosotros a charlar un buen rato. Luego cogimos R693 hasta N8, en Kilrush paramos a fotografiar una preciosa granja con un molino de madera rodeado de vacas. Fuimos hasta Cashel, donde a parte del impresionante castillo, el pueblo tiene mucho encanto. Dedicamos un ratito de relax tirados al sol en la hierba, en el castillo, junto al cementerio, donde las vistas son indescriptibles y tomamos un refresco en la casita rosa frente al parking, Granny´s Kitchen, en el jardín. Continuamos por la N8 hasta Cork. Aparcamos en un garaje junto a la oficina de información, en Grand Parade y en la oficina de información nos indicaron un gran recorrido que nos llevó demasiado tiempo y no mereció la pena. Lo más bonito de Cork: St Finbarre´s Catedral y el University College, que son preciosos. No está mal el Fitzgerald Park y su paseo por el río Lee. Olvidaos de la zona antigua del norte, no es antigua, si no vieja, y no tiene nada destacable. La zona comercial cerca de la oficina de información también es bastante típica, llena de fachadas de colores y de pubs. Salimos de Cork por la N22 hasta killarney, parando a hacer unas fotos en Macroon, donde el castillo y la zona del río nos sorprendieron. Ya en killarney probamos suerte en varias casas, pero todas estaban ocupadas, tras varias vueltas encontramos una preciosa, Sunny Bank, justo frente al Outlet Centre (http://www.stayatsunnybank.com), 65 €. Por recomendación del señor de la casa, muy amable y simpático, cenamos de maravilla en Murphys, un pub muy típico, donde probé la Seafood Chowder, una especie de sopa de pescado y marisco con nata, que me encantó. Después de la cena cambiamos de zona en el pub y empezó la música en directo y terminamos la noche con unas pintas y unos cafés irlandeses aplaudiendo al grupo encantados de la vida.
Martes 22
Empezamos el Ring of Kerry por el parque nacional de Killarney. Todo el parque es en sí una maravilla y aunque la mañana comenzó algo brumosa, disfrutamos de las mágicas vistas. Primera parada Ross Castle y Ross Bay, no podíamos parar de hacer fotos: del castillo, del lago, de las islas de enfrente, del riachuelo sembrado de barquitas de colores, de los patos y cisnes… nos ofrecieron un paseo en barca y regatearon al vernos reacios, pero lloviznaba y no nos pareció lo más aconsejable. Siguiendo las sabias recomendaciones de ese forero consejero particular de irlanda (Alfredo), no entramos en el castillo para aprovechar mejor el tiempo. Continuamos hasta Mukross Abbey, donde vimos boquiabiertos ciervos rojos a muy poca distancia, queríamos seguir caminando el sendero hasta la mansión, pero nos interceptaron por el camino para ofrecernos un paseo en carro de caballos. Nos pidieron 50 €, y nos dio la risa, claro. Varios hombres nos persiguieron regateando: 45€, 40, 35… pasamos de ellos y mientras empezábamos el camino y llovía de nuevo, uno de los hombres continuó detrás nuestro explicándonos que no tenía nada que hacer por que mientras llovía nadie iba a visitar el parque… acordamos que nos llevara a la mansión por 20 € y regresaríamos caminando. Ni que decir que nos alegramos inmensamente por que el camino era largísimo y además el hombre, con la amabilidad irlandesa característica, fue todo el camino explicándonos cosas sobre el parque, la flora y la fauna, enseñándonos rincones donde parar a hacer unas fotos. Al llegar a la casa se ofreció a esperarnos veinte minutos mientras dábamos un paseo por los alrededores y luego nos llevó de regreso al coche. Sin duda, fue uno de los momentos más bonitos del día. Ya de vuelta en la carretera, hicimos varias paradas más sin dejar de sorprendernos de encontrar ciervos cerca de la carretera, paramos para ver la Torc Waterfall, y continuamos por la N71 parando en los miradores para disfrutar las vistas de los lagos. En Ladies Wiew y Moll´s Gap las vistas son espectaculares. Ya cerca de la costa, Sneem nos pareció muy típico, aunque pequeño, y mientras se cerraba la niebla, nos acercamos hasta Waterville, donde comimos en una panadería-cafetería de la calle principal. Toda la comida nos pasamos protestando por el cambio de tiempo. La niebla nos dio una tregua y vimos la bella bahía de Ballinskellings, pero la tregua duró poco, así que descartamos la idea de desviarnos a ver las skelling… total, para ver niebla. Antes de llegar a Cahersiveen nos desviamos por un caminucho hasta el ferry de Isla Valentia para ver el paisaje y hacer unas fotos. Siguiente parada pasado Glenbeigh, en Kerry Bog Village, un curioso museo que muestra la vida en este pueblo a principios de siglo 19. No es que sea gran cosa, pero nos gustó integrarnos con la historia. Al llegar a Tralee teníamos dos opciones: ir a Dingle a First Cottage, una casa recomendada y aprovechar el día siguiente recorriendo la península, o continuar un poco al norte, a una casa que nos había gustado mucho por internet y que nos facilitaba seguir con la ruta marcada. Optamos por la segunda opción, llegamos a Ballylongford por la N69 sobre las siete y media, compramos unas cervezas en un pub y nos desplazamos hasta Carrig islad, un islote al que se accede por un estrecho puente y donde lo único que hay es la Castleview House, 56€. (http://www.castleviewhouse.com/ ) Nuestra habitación tenía preciosas vistas de la marisma y del Carrigafoyle Castle. En la misma casa nos ofrecieron una cena completa y riquísima (20€ p/p). Esperamos a la cena viendo atardecer en el jardín, con las maravillosas vistas frente a nosotros, mientras nos tomábamos las cervezas. Cenamos pronto con los otros dos huéspedes de la casa, un padre y un hijo franceses que iban a jugar al golf y nos dieron las doce de charla, en una amena conversación en un improvisado francospanglish que demostró una vez más, la increíble capacidad de comunicación del ser humano.
Miércoles 23
Tras otro gran desayuno irlandés nos desplazamos a Tarbert para coger el ferry, nos encantó la experiencia. Aunque el viaje solo dura 30 minutos (y es increíblemente barato), subimos a la primera planta del ferry y vimos como se alejaba de una costa y se acercaba a la otra con el melancólico paisaje frente a nosotros. Seguimos una ruta preciosa por la N67 haciendo parada en Kilkee para ver la playa y los acantilados y en Lahinch, con un inolvidable olor a pueblo de pescadores. Llegamos a los Cliffs a la una, con una niebla tan espesa que no veíamos ni la carretera. No se nos ocurrió otra cosa que hacer tiempo en Doolin, tomando unas pintas en un pub, finalmente como la niebla seguía tan persistente decidimos comer allí. A las 2:30 la niebla había subido y fuimos corriendo de vuelta, felices de que en la costa se veían las islas Aran, pero por mucha prisa que nos dimos, al aparcar el coche la niebla había vuelto a cerrarse. Dos horas enteras esperamos en los Cliffs of Moher, ansiosos de que el clima nos diera un respiro, pero no. Tomamos café, dimos un paseo, nos quedamos medio dormidos en un banco… pero nada, aquello era como lo de unir los puntos: por allí parece que se ve el principio, por allí parece que se ve un poco más, deben de ser mas o menos… en fin, que terminamos por hacernos una foto frente al mural del centro de atención al visitante, como hacía el resto de guiris. Totalmente decepcionados continuamos a Kilfenora, donde nos indicaron la mejor ruta para ver el paisaje de The Burren. Cogimos la R480 para ver el Leamaneh Castle, el Ring Fort y el Poulnabrone dolmen, donde aprovechamos para pasear entre las calizas. Nos encantó la zona, a pesar de lo árido que parece, por que es tan diferente de todo lo que has visto. Por la N67 llegamos directamente a Galway, viendo desde la carretera el Dunguaire Castle, en una bonita bahía. Llegamos a Galway a las 6 y pillamos la oficina de turismo cerrada. Localizamos la Collage Road, justo frente a la OT, donde hay una docena de B&B, y elegimos el peor de todos: el Lynfield house (55€). Para empezar, la dueña era una chica joven muy estúpida y antipática (que no debía ser irlandesa por que no le encontramos otra explicación), la habitación no estaba mal, pero la tía rácana no nos dejó ni papel higiénico ni una triste pastilla de jabón para las manos (cosas básicas que no faltaban en ninguna de las otras casas). Y ni que decir de la bandejita para preparar té. No se lo recomiendo a nadie. Por lo menos estaba cerca del centro y en cinco minutos estábamos disfrutando de Galway, que nos pareció preciosa, sobre todo las calles peatonales y la zona del Arco Español. Vimos emocionados la final de la copa de Europa rodeados de hinchas del Liverpool, ojala hubiera ganado, la celebración hubiera sido tremenda.
Jueves 24
El desayuno más triste del mundo: nada de desayuno irlandés, una tostada tiesa partida por la mitad y un café… la chica seguía sumando puntos. Ni nos dijo adiós cuando nos fuimos, solo miró de soslayo a ver si habíamos dejado la llave de la habitación. Se nos olvidó enseguida por que la ruta por la N59 (que Esther, una encantadora sevillana que trabaja en la oficina de turismo de Galway nos recomendó) era preciosa. Lagos y campos de pasto se extendían a izquierda y derecha de la carretera, a cada cual más bonito. Hacía muy mal tiempo, y la bruma no nos dejó sacar buenas fotos, así que nos esforzamos para gravar aquella maravilla en nuestra memoria. Paramos a ver el Aughnanure Castle y en Oughterard nos desviamos a ver el lago Corrib. Nos sentamos un rato en un embarcadero privado para disfrutar de las vistas y cuando la dueña se acercó muy amable a saludarnos, disimulamos un poco preguntándole por una dirección. Nos desviamos por la R341 y disfrutamos tanto como la niebla nos lo permitió un paisaje de lagos a derecha y mar a izquierda. Hicimos una parada en Roundstone, las fotos de los pescadores faenando en sus barcas son geniales, tomamos unas pintas en un pub de la calle principal, que nos gustó muchísimo y nos pareció muy pintoresco. Nos planteamos comer allí pero era pronto y teníamos mucho camino por delante. En Letterfrack comimos cordero con puré de patatas, para chuparse los dedos y para bajar la comilona entramos en el parque nacional de Connemara, aunque como hacía mal tiempo y parecía a punto de caer el diluvio universal, hicimos la ruta corta. Bonitas vistas, caballos y cabras montesas. Kylemore Abbey nos dejó boquiabiertos desde que apareció frente a nuestros ojos. Aparcamos el coche y corrimos como niños hacia la entrada, donde nos quedamos embobados durante un buen rato, saliendo de nuestro embelesamiento solo para quejarnos del precio de las entradas: 12 € por persona!!! Menudo robo, por muy bonita que sea por dentro… ¿será más impresionante que por fuera? No entramos, decidimos quedarnos un rato más haciendo fotos desde fuera. Recorrimos el fiordo de Killary en coche y paramos en Westport a dar un paseo y tomar un café y un trozo de tarta de limón en Curry´s Cottage. Y a Sligo del tirón. Encontramos alojamiento en Tree Tops (http://www.sligobandb.com/ ), una casa preciosa con una habitación de película y una señora encantadora y cariñosa que nos quitó el mal sabor de boca de la tonta de Galway. Nos pidió 70 € por la habitación, pero cuando nos vio titubear nos explicó amablemente que no le importaba dejárnoslo en 60€ si nos gustaba la casa. Nos faltó dar palmas con las orejas. Paseamos por Sligo y cenamos unas hamburguesas gigantes en un pub de la calle Thomas, casi en frente del Court House.
Viernes 25
Desayunamos como campeones en un saloncito con vistas al jardín, un tazón de macedonia de fruta y frutos secos, tostadas, huevos, bacon, salchichas, café, zumo… y con las pilas bien puestas visitamos por la R286 el lago Gill y Parke´s Castle, que nos gustaron mucho a pesar de que los maniquíes que figuraban como la familia del castillo eran un poco cutres. Sin contar con que yo me di un susto de muerte al abrir la puerta y encontrarme en la penumbra todos esos muñecos mirándome. Seguimos la N15 hasta Donegal, donde paseamos por el centro y visitamos el castillo, que es espectacular. Es que nosotros no nos cansamos de ver castillos. Queríamos ver los acantilados de Donegal, ya que ese día por fin teníamos suerte con el tiempo, así que tomamos la N56, enlazamos con la R263 hasta Carric y desde allí a Teelin, donde vimos las indicaciones a los Cliffs. La anécdota del día: al llegar al camino vimos una valla blanca cerrada con un cartel de metal donde habían escrito con rotulador algo así como “pulse el botón para entrar y luego cierre la puerta, por favor”, me bajé del coche para pulsar el botón toda decidida y me encontré con una cuerda de esparto atada a un palo, que es lo único que mantenía la puerta cerrada. Tras el ataque de risa y la foto para inmortalizar el cartel, entramos. Se puede subir el coche hasta el final, pero vas medio camino sin respirar por que la carretera es de doble sentido, solo cabe un coche, en muchos tramos no ves si viene alguien de frente o no y para colmo, casi todo el camino tienes un acantilado de la leche a medio metro de tu coche. A mi casi me da un ataque de ansiedad. Pero lo cierto es que para hacerlo andando es una paliza. El paisaje precioso y los acantilados impresionantes, además hacía mucho sol así que conseguimos resarcirnos del chasco de Moher. Comimos en Carric en un pub, donde se hablaba gaélico, genial como siempre. Visitamos Ardara y Glenties y de nuevo nos encontramos con una encrucijada: ¿interior o costa? Podíamos ver la costa con sol ya que los días anteriores había mucha niebla, pero por otro lado sabíamos que en Dunfanaghy empezaba ese mismo día el festival del marisco, y nos apetecía muchísimo. Finalmente fuimos por el interior para ahorrar tiempo, y por la R250 atravesamos un precioso valle lleno de ganado, pastores y cortadores de turba en plena acción, que nos saludaban con la mano al pasar el coche, mientras unas nubes salpicadas por la montaña nos ofrecían a la vuelta de cada curva un impresionante arco iris. Nos preguntamos si seríamos capaces de encontrar la olla de oro que guardan los duendes irlandeses al final del arco iris. Tan embelesados íbamos que nos perdimos. Intentando tomar un atajo que se veía clarísimo en el mapa nos encontramos en medio de una carretera jurásica, desierta y en medio de la nada, donde aprendimos una gran verdad: en Irlanda no hay que tomar atajos, no, gran error, por ahorrarte tres kilómetros te encuentras media hora dando vueltas por caminuchos sin sentido. Casi aplaudimos cuando aparecimos en la N56, y felizmente llegamos a Dunfahaghy, donde un gran cartel a la entrada del pueblo nos invitaba al Seafood Festival 2007. Atravesamos en un abrir y cerrar de ojos el pueblo, que solo tiene una calle principal, y nos alojamos en The Willows, 65€ ( http://www.pervan.de/reiseberichte/Bild*B_B_in_Donegal*27007), en esa misma calle principal. La habitación era preciosa pero el cuarto de baño nos pillo desprevenidos…era tan grande como la habitación y además nunca habíamos visto una mecedora de lectura con su mesita incluida frente a la taza del inodoro. ¿? Bueno, supongo que alguien le encontrará utilidad. El pueblo nos encantó e ilusionados como niños preguntamos por el festival. “Sí, empieza hoy, pero hoy es solo para niños, mañana es la gran fiesta”. Y mientras empezábamos a hacer pucheros, a punto de llorar, nos explicaron que el sábado organizaban concursos de castillos de arena, carreras de sacos, carreras de canoas hechas a mano, venta de artesanía, música tradicional por la calle y una gran barbacoa en la plaza donde se repartían toneladas de marisco y sopa de pescado gratis para todo el mundo. Tras tirarnos de los pelos un rato, entramos a cenar al hotel Arnold´s, ún ico restaurante en todo el pueblo, donde cenamos de maravilla la típica seafood Chowder, mejillones con nata, pescado con patatas… hummm, todo riquísimo. Al lado, en el pub McCoggan´s, tocaba un grupo en directo y disfrutamos el ambiente típico del pueblo mezclándonos con la maravillosa gente de allí. Antes de que comenzaran a tocar los músicos, dos abueletes encantadores se acercaron a charlar con nosotros un buen rato, preguntándonos de donde éramos y qué hacíamos por allí. Cuando se despidieron, nos dijeron que en irlanda todo el mundo es bien venido y que nos apreciaban como si fuéramos de allí. Sinceramente fue una experiencia inolvidable.
Sabado 26
Aunque me levanté intentando hacer chantaje emocional a Joaquin para quedarnos al festival, finalmente no pudimos renunciar al punto culminante del día: la calzada del gigante. Desandamos la N56 hasta Letterkenny, y en la n13 paramos a ver Grianan Aileah, un curioso fuerte de piedra con unas vistas alucinantes del lough Swilly y del Foyle. Entramos en Irlanda del norte y por la A2 rodeamos Londonderry, enlazamos con la A37 hasta Coleraine y por la A29 hasta Portrush. La A2 nos llevó por la costa a la Giant´s Causeway. Nada más llegar no nos arrepentimos del largo camino. La bajada por el caminito ya es bonita, pero cuando llegas a los escalones te quedas totalmente impresionado, no te cansas de subir y bajar escalones mirando todos los ángulos posibles desde los que fotografiar la maravillosa formación geológica. Una pareja se acercó demasiado a las zonas mojadas y todos nos llevamos un buen susto cuando una inesperada sucesión de olas casi se los lleva al agua. Finalmente todo quedó en un susto, un buen remojón y una cámara estropeada. Ya de vuelta paramos en Dunluce Castle, un impresionante castillo sobre la masa rocosa, asomando al mar. Había una boda, y los novios y todos los invitados estaban en el castillo haciendo el reportaje de bodas… no sé ni cómo, pero en unos minutos estábamos completamente integrados, haciéndonos fotos con ellos y compartiendo bromas. Alguno de los invitados (varones) llevaba el traje ceremonial con el kilt y el plaid. Si nos hubiéramos quedado un rato más, seguro que nos hubieran invitado al banquete, pero teníamos mucho camino por delante, así que desandamos hasta Coleraine y cogimos la A29, parando antes a comer en una pizzería, que fue lo único que encontramos de camino. Bajamos hasta Armagh, luego por la A3 hasta Monagham, de nuevo en Republica de Irlanda, y la N2 hasta Carrickmacross. Queríamos dormir allí por que el pueblo nos pareció muy bonito y tenía buen ambiente, así que comenzamos a buscar casa. Pensábamos que nos costaría por ser sábado, pero no, nos costó muchísimo pero por otras razones: la primera casa tenía los baños compartidos, la segunda casa era preciosa y estaba junto a un lago pero todos los pasillos estaban llenos de tétricas y oscuras imágenes de cristos y vírgenes por todas partes, y la mujer daba miedo, las otras cuatro o cinco casas estaban vacías, nadie nos atendió. Tras dar vueltas durante dos horas por los pueblos cercanos nos dieron las 10 y regresamos con el rabo entre las piernas a la primera casa, donde la mujer, con una cínica risita nos dijo que la habitación costaba 70€, si lo queríamos bien, y si no podíamos seguir buscando. Reprimimos el impulso de borrarle la risita y accedimos. Tras el berrinche, paseamos por el bonito pueblo y cenamos de maravilla en un restaurante muy grande y bien decorado de la calle principal.
Domingo 27
La idea era hacer una ruta por los lagos del interior (Cavan, Killashandra, Longford) pero nos apetecía tanto pasar la última noche en Dublín que cambiamos los planes. Dedicamos toda la mañana a visitar el centro Brú Na Boinne y las tumbas megalíticas de Knowth y Newgrange. Nos llevó 3 horas y 10,30€, y nos encantaron. Comimos en un Steak House en la N2, donde nuevamente nos sentimos completamente integrados con la gente mientras hacíamos fotos a unas preciosas niñas pelirrojas que comían enormes trozos de tarta de chocolate con las manos, mientras los padres se morían de la risa. Llegamos a Dublín a media tarde, llamamos al Lyndon House pero estaba completo. Sabíamos que en la calle Gardiner hay docenas de B&B, así que decidimos probar suerte. En el segundo sitio que preguntamos, el Maple, tenían habitaciones con baño por 90 €, más 6€ de parking. Cenamos de nuevo en O´Sheas y pasamos nuestra última noche irlandesa de pub en pub, escuchando música en directo y viviendo el ambiente de esta maravillosa ciudad.
Lunes 28
Aprovechamos para repetir algunas de las cosas que más nos habían gustado, como el Trinity o St Stephens green, y dedicamos el resto de la mañana a comprar regalos y recuerdos en la cadena Carroll´s, donde después de comparar varias, vimos que a penas había diferencia ni de precios ni de productos. Ultima comida en O´Sheas, donde las camareras ya nos trataban como clientes habituales. Cargamos el coche y fuimos despidiéndonos de Dublín lentamente, a medida que nos alejábamos del centro. Devolvimos el coche en la agencia y ya en el aeropuerto dimos por concluido nuestro precioso viaje por esta isla que no podemos dejar de alabar. Despegamos con un cielo soleado y despejado, irlanda se despedía de nosotros con una sonrisa.

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